Allí empezó a cambiar las letras de las canciones que oía en la radio. Allí empezó a escribir. A los 12 años lo cambiaron a otro internado. Este era en Morelos. Religioso también. El sacerdote que lo cuidaba se llamaba David Salgado. Le enseñó guitarra, le enseñó solfeo. José Manuel le dijo al Padre Salgrado que quería ser cura. Pero ahora que sabes que escribió tres cartas, ya sabes cómo terminó esa historia.
José Manuel no fue cura, fue cantante y antes de ser cantante fue vendedor de carros en Chicago. En Chicago vivía en un departamento compartido con cuatro tipos más. Vendía Chevrolets, ganaba $80 la semana. Por la noche cantaba en bares de Pilsen. Por cada presentación le pagaban $50 en 1973. Eso eran 800 pesos de aquella época, lo que ganaba un albañil mexicano al mes, hasta que un promotor en Texas lo escuchó.
Un señor que se llamaba Roberto Cantú lo contrató por 000 diarios. 000. José Manuel ya no se llamaba José Manuel. Le habían dicho que ese nombre no servía para los discos. Se puso Joan Sebastián porque en los internados leía a Joan Sebastián Bach. Era el único nombre culto que él conocía. Si alguna vez en tu vida te dijeron que tu nombre no servía, que no eras suficiente, que tenías que cambiar quién eras para ganarte el pan, ¿entiendes lo que sintió este hombre? ¿Entiendes el peso de firmar contratos con un nombre que no es el tuyo? En 1975
firmó su primer disco El camino del amor. Vendió bien sembrador de amor, su segundo sencillo lo escogieron para el mundial de fútbol de Argentina en el 78. Los argentinos no sabían que el cantante era mexicano. No importaba. La canción pegó. A partir de ahí ya no paró. norteño, ranchero, mariachi, banda, pop, balada romántica.
Joan Sebastián compuso para todos. Vicente Fernández le grabó eso y más. Rocío Durcal le grabó costumbres. Lucero le grabó cuatro duetos. Pepe Aguilar le grabó estás fallando. Diego Verdaguer también le compró canciones Alejandro Fernández. Toda la dinastía de la música ranchera cantó letras escritas por este hombre. 750 canciones de Joan Sebastián fueron grabadas por otros artistas, 750.
Con eso se pagaban 50 casas promedio en Iztapalapa cada mes, solo de regalías, solo de las canciones que él regaló o vendió a colegas, pero la vida no le iba a perdonar el éxito. En 1999 le detectaron cáncer en los huesos, mieloma múltiple, le dieron 2 años de vida. Tenía 48 años, tres hijos del primer matrimonio, tres más de otras relaciones.
Maribel Guardia acababa de tener a Julián. Joan Sebastián no le dijo a nadie del cáncer durante 6 meses. Siguió cantando, siguió montando a caballo en los palenques, siguió saliendo a la televisión. Esos 6 meses los aguantó solo. Manejaba de Cuernavaca a Houston cada 21 días. Iba al M de Anderson Cancer Center. Le sacaban médula de la cadera, le ponían quimioterapia oral.
Volvía a México el mismo día para no faltar a un concierto en Nuevo Laredo. No quería que sus hijos lo vieran caer. No quería que sus exmujeres usaran el dato en juicios de pensión. No quería que la prensa hablara más de su enfermedad que de su música. Los doctores de Houston le decían que sin reposo no iba a aguantar. Joan Sebastián no reposaba, cantaba con la voz raspada por la quimio.
Cantaba con dolor en los huesos del fémur. Cantaba sobre un caballo entrenado a no moverse cuando él se subía. 72 jaripeos en 1999. 68 en el 2000 y nadie sabía. Si alguna vez te dieron una noticia mala por teléfono a las 3 de la madrugada, entiendes el silencio de los seis meses siguientes.
Entiendes lo que es no poder llorar enfente de tus hijos porque ya están dormidos. Entiendes lo que es saber que te vas a morir y no decirle a nadie. Pero aquí pregúntate algo importante. Si él escondió el cáncer durante 6 meses cuando le pasaba a él, ¿qué más escondió cuando empezó a pasarles a sus hijos? La respuesta está en lo que viene y va a doler.
Ahora te voy a contar algo que va a cambiar lo que cree sobre el primer asesinato. Trigo de Jesús Figueroa González era el mayor. Nacido del primer matrimonio de Joan con Teresa González. Tenía 27 años cuando lo mataron. Coordinaba la seguridad de los conciertos de su padre. Le habían enseñado a calmar a los fans agresivos. Le habían enseñado a sacar a Joan Sebastián del escenario rápido cuando se ponía caliente la cosa.
27 de agosto del 2006, Plaza del Valle, Hidalgo, Texas, Estados Unidos. Misión: Joan Sebastián acababa de cantar tatuajes. Acababa de cantar eso y más. Trigo estaba en la salida, cerca de los camerinos. 30 personas insistían en pasar para pedir autógrafos. Trigo no los dejó. Uno de los 30 sacó una pistola 9 mm. Le pegó en la nuca a trigo por la espalda.
Joan Sebastián estaba a 15 m. Vio caer a su hijo. Corrió, lo levantó del suelo, lo apretó contra su pecho, lo mantuvo en sus brazos hasta que llegó la ambulancia. Trigo se desangró en el camino al Medical Center de McAllen. El médico declaró su muerte a las 6 de la tarde de ese domingo. El que disparó se llama Ricardo Sánchez. Ricardo Richi Sánchez.
Lo identificaron testigos. Las autoridades de Texas emitieron orden de apreensón. La orden sigue vigente. La orden tiene 18 años abierta. Ricardo Sánchez sigue prófugo en este momento. Está en algún lugar de Estados Unidos, quizá en México. Nadie lo ha buscado en serio en 18 años. Antes de que sigas, tal vez estás pensando que esto es desgracia, que un fan borracho mató al hijo de un cantante. Esto no es desgracia.
Te falta un dato. El dato es este. Tres días antes del concierto en Mission, Joan Sebastián recibió una llamada. Le pidieron $,000 para que el concierto se hiciera tranquilo. Joan Sebastián se rió y colgó. No pagó. Sus conciertos en Texas no tenían historial de extorsión. no le hizo caso. Tres días después, su hijo mayor murió de un balazo en la nuca pidiendo autógrafos.
Esa llamada existe. Quedó registrada en el celular de Joan Sebastián. El celular lo entregó a las autoridades de Texas en septiembre del 2006. El registro de la llamada aparece en un reporte que nunca se filtró. La fuente del reporte está en una carpeta de evidencia del condado de Hidalgo y esa información apareció escrita por Joan Sebastián con su puño y letra en la primera carta.
La carta que se encontró esta noche en el escritorio del Rancho Cruz de la Sierra. La carta para trigo. Mientras tú escuchabas tatuajes en la radio del coche por la mañana. Joan Sebastián estaba en un sanatorio en Houston con cáncer en los huesos, guardando el secreto de quien había dado la orden de matar a su hijo.

Mientras tú pensabas que el cantante del jaripeo era invencible, él tenía gota a gota de morfina en el brazo y un sobre cerrado en el cajón con el nombre de su muchacho muerto. Mientras tú y tu familia ahorraban para una camioneta nueva, este hombre tenía 100 propiedades repartidas en Guerrero, Morelos y Estado de México, 100.
La mayoría no estaban a su nombre, estaban a nombre de su esposa de cada época. Estaban a nombre de prestanombres. Estaban a nombre de empresas que él controlaba pero que él no firmaba. Pero lo que pesa no es que mataran a los dos hijos. Lo que pesa es lo que estaba pasando entre los dos disparos. Entre el 27 de agosto del 2006 y el 12 de junio del 2010, Joan Sebastián compuso 180 canciones nuevas.
Lo confirman los registros de la Sociedad de Autores y Compositores de México. 180. Eso es una canción cada 8 días. Componía con cáncer. Componía en el avión de regreso de Houston. Componía después del entierro de trigo. Componía con la voz raspada por la quimioterapia. Una de esas canciones se llama Trigo. La grabó él solo en una sola toma en un estudio de Cuernavaca, dos semanas después de enterrar al muchacho.
Es la canción más triste que escribió en su vida. La canción dice esto. Con tu recuerdo viviré lo que me resta por vivir. Primero, Dios, y gracias a mi fe nos volveremos a reunir. Esa fue la primera vez que esa frase apareció firmada por Joan Sebastián. Con tu recuerdo viviré. La cantó en cinco palenques distintos en los siguientes se meses.
Cada vez que la cantaba se tenía que parar a la mitad y respirar fuerte. Cada vez que la cantaba lloraba enfrente de 4,000 personas que habían pagado boleto. No iba a ser la última vez que escribiría esa frase. La iba a escribir una vez más, 9 años después, en la tercera carta. Para el único hijo que todavía vivía.
Cada vez que tú abraste a tus hijos en esos 4 años, Joan Sebastián abrazó dos sepulturas y una camilla. La sepultura de trigo en California, la sepultura de su padre, que se murió en 2008 de pena, y la camilla del sanatorio, donde le sacaban médula del hueso del fémur cada 3 meses. Acuérdate de esta fecha, 12 de junio del 2010. va a importar en 30 minutos.
Esa fue la noche del segundo disparo, la que cambió todo. Juan Sebastián Figueroa González tenía 32 años. Era el segundo hijo del primer matrimonio. Vivía en Cuernavaca. Había estado comiendo con su padre en el rancho de Teacalco esa tarde. Habían cenado tortillas hechas a mano. Habían escuchado una rola nueva que Joan estaba componiendo. Habían platicado de trigo.
Llevaban 4 años hablando de trigo cada vez que se veían. A las 2:30 de la madrugada del sábado, Juan Sebastián salió a Cuernavaca con tres amigos y su primo Marco Isaac. Llegaron al bar de Grand Hotel. Está en la avenida Plan de Ayala. Es de los antros caros. Los guardias estaban en la puerta. No los dejaron entrar. Discutieron.
Una palabra subió de tono, otra palabra subió más. Y un hombre que ya estaba en la puerta del antro hablando por celular antes de que llegaran ellos, sacó una 9 mm y le disparó dos veces a Juan Sebastián. Uno en el cuello, otro en el abdomen. El hombre del celular no era guardia del bar.
Eso lo descubrió la PGGT Morelos 5 días después. En la carpeta de investigación es CO1/ 5416 del 2010. El hombre estaba entre la cadena y la entrada de la discoteca. Estaba hablando por teléfono celular. Una llamada larga, 15 minutos. Esperaba a alguien, esperaba a Juan Sebastián. La llamada se la hacía a un número que la Procuraduría rastreó hasta una caseta pública de Cuauta, una caseta seno de Céamaras, una caseta usada esa única vez en 10 años.
Después del primer disparo, el hombre cruzó la avenida Plandayala caminando, no corriendo. Subió a una camioneta que lo esperaba con motor encendido. La camioneta arrancó hacia el sur, hacia Acapulco. Nadie la persiguió. Las cámaras del estacionamiento del Grand Hotel grabaron la matrícula. Esa matrícula nunca apareció en ningún reporte oficial.
Se perdió entre el día 5 y el día 6 del expediente. Antes del segundo disparo, Juan Sebastián, herido ya, le dijo al hombre que le estaba apuntando una frase, una frase que quedó en el expediente del Ministerio Público de Morelos. Una frase que cualquiera diría si supiera que se va a morir. Le dijo, “Me voy a acordar de tu cara. Dos.
Eso es lo último que dijo Juan Sebastián en este mundo. Cinco palabras. Después vino el segundo disparo. Después lo subieron al Mercedes de un amigo. Después llegaron a la Cruz Roja de Cuernavaca con el muerto. Pero aquí viene algo que nadie publicó. 48 horas después del asesinato apareció una manta colgada en un puente de Cuernavaca.
La firmaba el cártel del Pacífico Sur, que es una célula de los Beltrán Leiva. La manta decía que el homicidio de Juan Sebastián Figueroa había sido por una mujer, que el hijo del cantante se había involucrado con la pareja de uno de los suyos y que la decisión la había tomado uno de sus jefes.
El nombre del jefe que aparece en la manta es Edgar Valdez Villarreal. alias la Barbie, el narcotraficante que en ese momento era el más buscado por la DEA, el que se entregaría dos meses después, el que hoy paga 49 años de cárcel en una prisión federal de Estados Unidos, sin posibilidad de salir. Si alguna vez supiste algo grave que no podías decirle a la policía, entiendes el silencio de Joan Sebastián.
¿Entiendes lo que es saber el nombre del que mandó matar a tu hijo y no poder decir nada porque sabes que el otro hijo todavía vive? ¿Entiendes lo que es callar para que no maten a Julián también? Si no me crees, pregúntate esto. ¿Por qué Joan Sebastián, un hombre con poder político, con dinero, con relaciones con presidentes, con el reconocimiento de un país entero? no presentó denuncia formal por el asesinato de Juan Sebastián.
Cómo dejaron en libertad al asesino de trigo en territorio americano cómo Ricardo Sánchez sigue prófugo 18 años después. Las dos respuestas son la misma. Joan Sebastián sabía que el sistema no iba a ayudarlo, pero lo más grave es que sabía que dentro de su círculo había alguien que se había callado, alguien cercano, alguien que la noche del concierto en Mission tampoco quiso decir lo que sabía.
Y alguien que estuvo afuera del gran hotel de Cuernavaca esa madrugada del 12 de junio del 2010, no el primo Marco Isaac, otra persona, una persona que durante 12 años manejó las regalías del catálogo de Joan Sebastián y que se quedó con un porcentaje silencioso después de cada disco. Un hombre que cantaba a caballo y que le compuso a tu mamá la canción que ella ponía cuando lloraba.
Estaba siendo robado por alguien que comía en su mesa cada Navidad. Ese hombre se hace llamar el administrador. No tiene nombre público. No aparece en entrevistas. No aparece en programas de espectáculos, aparece en 12 contratos de cesión de derechos firmados entre el 2003 y el 2015, donde se le otorga el 7% de cada disco, 7% de 4 gramis, 7% de 7 latinamis, 7% de las regalías de Vicente Fernández cantando eso y más 7% de Rocío Durcal.
cantando costumbres. 7% que Joan Sebastián firmó porque confiaba y 7% que Joan Sebastián nunca verificó en 15 años. El administrador estuvo en el Rancho Cruz de la Sierra el día del entierro. Lo confirmaron seis fotografías de prensa del 16 de julio del 2015. Apareció parado al lado del féretro.
Apareció firmando el libro de visitas. apareció ayudando a cargar la urna pequeña con tierra del rancho que se iba a poner en el panteón de Juliantla. Y el administrador es la única persona, además de Alina Espino, que tenía copia de las llaves del cuarto cerrado. Yo no invento canciones, vivo las canciones. Eso lo dijo Joan Sebastiana Billboard en una entrevista del 2007, pero estaba viviendo dos vidas distintas.
la del cantautor más premiado del idioma español y la de un padre que llevaba 12 años sin saber dónde estaba el dinero real que generaba su música. ¿Cuántas personas crees que sabían que la tercera carta existía? Piensa un número, un Te lo cuento al final. Aquí llega la segunda cosa que te prometí.
El nombre que apareció en la narcomanta de Cuernavaca 48 horas después del asesinato de Juan Sebastián fue Edgar Valdez Villarreal, la Barbie, el narcotraficante tejano. Joan Sebastián lo escribió con su puño y letra en la segunda carta, la carta para Juan, la que estaba debajo de la carta para trigo, la que la notaria abrió primero esta noche en el escritorio del cuarto cerrado. 13 de julio del 2015.
Tú estabas en tu casa, tú estabas comiendo, tú prendiste la tele cuando interrumpieron la programación. Tú viste las imágenes de la gente caminando hacia el rancho Cruz de la Sierra. Tú viste las imágenes del féretro pasando por las calles de Juliántela. Tú escuchaste a Pepe Aguilar llorando en cámara. Tú viste a Maribel Guardia abrazando a Julián de 20 años.
Cuando Joan Sebastián murió esa noche en su rancho, a los 64 años no había testamento ante notario, pero las cartas ya estaban escritas. Las tres estaban guardadas en la carpeta de cuero del escritorio del cuarto cerrado. Eso fue en el 2015. En el 2023 alguien volvió, alguien tachó la cruz de Julián y alguien sacó la tercera carta.
Ahora sí, retrocedemos. Porque para entender la tercera carta hay que volver al cáncer. Joan Sebastián se murió en julio del 2015 de cáncer de huesos. Pero el cáncer no era el único padecimiento que él arrastraba. Su padre había muerto del corazón. Su hermano mayor había muerto del corazón. Su abuelo había muerto del corazón.
Tres hombres seguidos de la familia Figueroa con cardiopatía, no diagnosticada. Joan Sebastián lo sabía. Lo había hablado con su médico privado en Houston y lo había callado con sus hijos. Maribel Guardia tuvo a Julián con Joan Sebastián en 1995. Julián creció en Costa Rica con su madre, pero pasaba veranos con Joan.
Joan le enseñó guitarra. Joan le compuso una canción y Joan en algún momento entre el 2012 y el 2015 decidió escribir la tercera carta. La tercera carta no era para confesarle a Julián lo que sabía sobre los asesinatos o no era solo para eso. La tercera carta era una advertencia, una advertencia médica, una advertencia genética, una advertencia que un padre escribe a un hijo cuando él se va a morir antes que el hijo y no quiere que el hijo se sorprenda.
Pero ahora que sabes lo que decía esa narcomanta, ya entiendes por qué Joan Sebastián no entregó la tercera carta personalmente. Tenía miedo de que mataran a Julián también, miedo de que la información de su corazón débil cayera en las manos equivocadas. Miedo de que Julián con esa información hiciera algo impulsivo.
Por eso le entregó la carta a alguien más para que se la diera a Julián. cuando estuviera listo. Alguien que él conocía, alguien en quien él confiaba, alguien que cumplió la misión a medias. ¿De verdad crees que un hombre con cáncer en los huesos, con 16 años de pelear contra la enfermedad, con dos hijos enterrados y un tercero todavía vivo? No sabía exactamente quién había dado la orden y qué iba a pasar después.
Joan Sebastián sabía y por eso escribió todo. Pero lo importante no es quién la guardó, es porque la guardó 8 años. Esa carta estuvo guardada desde el 2015 hasta el 2023 en una propiedad de Cuernavaca, una propiedad que no aparecía en la lista oficial de 51 bienes del Albacea de Texas, una propiedad que figuraba a nombre de una empresa que tenía firmas de tres personas distintas.
Una de esas firmas pertenece a Alina Espino, la mujer con la que Joan Sebastián se casó en privado pocos meses antes de morir, la que él presentó como su última esposa, la que cargó la carta para Julián durante 8 años porque Joan le había pedido que se la diera cuando Julián cumpliera 30 años. Julián cumplió 30 años el 8 de octubre del 2025. Iba a cumplirlos.
Pero Julián murió el 9 de abril del 2023 de un infarto agudo al miocardio, solo en su recámara de la casa que compartía con Maribel Guardia en Jardines del Pedregal, 27 años. Alina Espino tenía la carta en su mano. Iba a esperar dos años más para entregarla. cuando se enteró de la muerte de Julián, encerró la carta en una caja de seguridad de Banco Santander en Cuernavaca y dejó pasar dos años más sin tocarla, hasta que en septiembre del 2025 una llamada del tribunal de McAlen le pidió declarar como testigo en el
caso sucesorio y Alina entregó la carta a una notaria de iguala antes de subir al avión a Texas. Acuérdate del corazón, en 5 minutos va a doler más. Ah, esa notaria de Iguala llamó a la PGGT de Guerrero. La PGT Guerrero llamó a Harfux y Harfus firmó la orden de cateo del rancho Cruz de la Sierra porque alguien había estado entrando al rancho después de la muerte de Joan Sebastián, sin orden judicial.
sin permiso de los herederos durante años. Y porque ahora se sabía que la tercera carta había salido del rancho en el 2015 y había vuelto al rancho una noche del 2023 para que alguien tachara con tinta nueva la cruz de Julián en el cuaderno del escritorio. Tres horas habían pasado desde que Harf abrió la puerta del rancho.
Eran las 6:07 de la mañana. El cielo de Teacalco empezaba a tener una línea naranja por el oriente. La notaria había firmado el acta de hallazgo de las dos primeras cartas. El grafoscopista había confirmado que la letra de ambas era de Joan Sebastián. Misma presión del bolígrafo, mismas inclinaciones, misma forma de cerrar las RS, misma manera de poner el punto sobre la I.
Cualquier perito que viera las dos cartas iba a confirmar que las escribió la misma persona que firmaba los contratos de Sony Music BMG entre el 2000 y el 2014. Esa persona era Joan Sebastián. Sin discusión, el especialista de Ciudad de México tomó muestras de tinta de las dos cartas con un misopo de algodón seco.
Las muestras se guardaron en frascos de cristal con sellos individuales. La tinta es pelícana azul de bolígrafo común, la misma marca de bolígrafo que Joan Sebastián usaba para firmar autógrafos en sus discos. La misma marca que tenía en el cajón del escritorio del cuarto cerrado. La misma marca que el cerrajero levantó del suelo cuando entraron.
Harf ordenó abrir la primera, la de trigo. La carta estaba doblada en cuatro. Cuatro páginas. Tinta azul. Fechada el 8 de septiembre del 2006. 12 días después del entierro. La leyó la notaria en voz alta. Estaban tres peritos, dos agentes federales, Harfog y el cerrajero en silencio en el cuarto pequeño.
La carta empezaba así: trigo o hijo, si esto algún día se lee es porque pasó algo conmigo y porque yo necesité escribirlo antes para no llevármelo al hoyo. Después seguía como un párrafo entero sobre cómo Joan había aguantado a su hijo en los brazos, en el suelo de cemento del estacionamiento del Plaza del Valle, cómo había sentido el peso de la cabeza colgando, como la sangre se le había metido por la manda del traje, como el sombrero blanco se le había caído al suelo y nadie lo había recogido.
Después venía el dato. Tres días antes del concierto recibí una llamada en mi celular. El número era de Tampico. Me pidieron $,000 para que el concierto fuera tranquilo. Me reí. No pagué. Me reí, hijo. Y por eso te mataron. No fue una orden. Fue una orden. La notaria se detuvo. Volvió a leer la frase, lo confirmó en el papel.
Joan Sebastián había escrito que su hijo no había muerto por una pelea de fans, había muerto por una extorsión que él se rehusó a pagar. Y aquí llega la tercera cosa que te prometí, lo que dice la primera carta, la de trigo, lo que Joan Sebastián sabía y nadie le creyó. Eso, eso es lo que dice. El cantautor más premiado del idioma español.
Llevaba 19 años en este momento, sabiendo que a su hijo mayor lo asesinaron por una llamada de extorsión que él decidió ignorar 19 años con esa carga. Y nunca lo dijo en una entrevista, ni en una declaración pública, ni a sus otros hijos. Después venían dos páginas con el nombre de Ricardo Richi Sánchez subrayado dos veces.
Joan Sebastián conocía el nombre. Lo había averiguado por su cuenta dos meses después del entierro. Sabía la edad del tipo, sabía de dónde era, sabía dónde se había escondido en septiembre del 2006. Había contratado a un investigador privado en Houston. El investigador le había entregado un legajo con cinco fotografías.
Las fotografías no estaban en el rancho, pero la carta describía dónde estaba el sospechoso en mayo del 2007, un pueblo llamado Reyosa Hidalgo, frontera con Tamaulipas. En esa fecha, Joan Sebastián decidió no avisar a las autoridades. No avisó a Texas, no avisó a México. Decidió que la justicia humana no le iba a regresar a su hijo y que perseguir al gatillero podría ponerle precio a los otros tres hijos varones.
Por eso guardó la carta, por eso la escribió a mano, por eso la dejó en el rancho, para que un día alguien la abriera. Y ese alguien fue Harfch. La notaria abrió la segunda carta, la de Juan Sebastián. Era más corta, tres páginas, fechada el 20 de junio del 2010, 8 días después del asesinato en Cuernavaca. Empezaba.
Juan, no te tengo nada que pedirte perdón porque tú nunca me pediste nada. Y seguía con el nombre. Edgar Valdez. Villarreal. Joan Sebastián lo nombraba completo en la primera página, sin alias, sin maquillaje. Decía que ese hombre había dado la orden de que un sicario lo esperara afuera del Gran Hotel.
Decía que el motivo no era una mujer, como decía la narcomanta. El motivo era una deuda, una deuda de $200,000 que Juan Sebastián supuestamente debía a un tipo que trabajaba para la Barbie. Una deuda que Juan Sebastián nunca le había mencionado a su padre. Joan Sebastián en la carta le pedía perdón a Juan por no haberse entrado a tiempo.
Decía que él hubiera pagado los $2,000 sin pensarlo. Decía que él hubiera vendido el rancho entero si era necesario, pero que Juan no le contó. Por eso lo mataron, por una deuda que un padre no supo, por orgullo de un hijo de 32 años, por dos meses de silencio. La notaria volvió a leer el final de la carta. Joan le escribía a Juan, “Tu hermano Trigo ya supo el nombre antes que tú.
Yo voy a llevarme los dos nombres a la tumba. No quiero que los dos hijos que me quedan paguen tu deuda y mi venganz.” Esa frase dejó callado a todo el cuarto. Joan Sebastián en junio del 2010 había decidido que iba a callar el nombre del asesino del segundo hijo para proteger a Julián y a José Manuel. Y cumplió 5 años más. Hasta que se murió.
llevó dos nombres apretados en el pecho. Nunca los dijo, nunca los escribió en una entrevista, nunca los soltó en una borrachera, solo los puso en dos cartas que guardó en una carpeta de cuero del tamaño de un misal de iglesia, una carpeta que estuvo 10 años en el cuarto cerrado del rancho Cruz de la Sierra hasta esta noche.
Pero antes de que escuches lo que dice la tercera carta, necesitas saber dónde estuvo guardada durante 8 años. Estuvo en una caja de seguridad de Banco Santander en Cuernavaca, sucursal Plan de Ayala. La caja estaba registrada a nombre de Alina Espino Fernández. La caja se abrió por primera vez en mayo del 2017.
Alina entró sola. estuvo 8 minutos. Salió con un sobre que no dejó que el guardia viera. Esa fue la última vez que la caja se abrió en 10 años. Antes de que se abra ese sobre aquí en el escritorio del rancho, hay que entender por qué Julián nunca lo recibió. Joan Sebastián le había pedido a Alina que se la diera a Julián cuando cumpliera 30 años.
No antes, tres décadas, era la edad en que la cardiopatía familiar de los Figueroa empezaba a manifestarse. Joan lo sabía por su padre. Su padre había sufrido el primer infarto a los 32, su hermano mayor a los 31. Su abuelo había muerto a los 34. Joan quería que Julián supiera ese dato exactamente cuando pudiera empezar a notarlo. Ni antes para no asustarlo, ni después porque ya sería tarde.
Pero Julián murió a los 27 años, 3 años antes. 3 años antes de la edad en que su padre había planeado entregarle la carta. murió de un infarto agudo al miocardio. La carta seguía en la caja de Santander. Alina, que se enteró por las noticias en abril del 2023, dejó la caja cerrada, no la abrió, no leyó la carta de nuevo, la dejó dos años más.
Y antes de que escuches lo último que Joan le quiso decir a su hijo, recuerda lo que dijo Juan Sebastián antes de morir. Me voy a acordar de tu cara. Eso lo dijo Juan herido, sangrando esperando el segundo disparo. Eso es lo que Joan Sebastián escribió en la primera línea de la tercera carta. La carta para Julián. Harf abrió el sobre frente a la notaria.
El sello de cera roja se rompió. El sobre tenía polvo de los 8 años de la caja de Santander. El sobre tenía sello de cera. Parecía a una invitación de boda. La hoja estaba doblada en tres, tinta azul, la misma letra firme, cinco páginas. La notaria empezó a leer en voz alta. Julián, si esto te llega, ya no estoy.
Eso lo escribió tu padre el 12 de marzo del 2015, 4 meses antes de morir. Te tengo que contar cosas que no te dije en vida. No porque no confiara en ti, porque eras chico, porque querías a tu mamá, porque yo no quería ensuciarte con cosas que solo tu hermano José Manuel iba a tener que cargar, pero ahora te las tengo que decir todas.
La primera, Trigo no murió por un fan borracho. Trigo murió porque me llamaron a pedir 20,000 y yo no pagué. El nombre del que apretó el gatillo lo tengo en la otra carta que te dejé en mi rancho. El nombre del que dio la orden está en este país y nunca lo van a tocar. La segunda, Juan no murió por una mujer. Juan murió por una deuda que no quiso pedirme, una deuda de $200,000 que yo hubiera pagado sin pensarlo.
El nombre del que dio esa orden también lo tengo escrito. Hoy está preso en Estados Unidos. Julián, escúchame esto último. Tu tío Pepe se murió a los 31 años de un infarto. Tu abuelo se murió a los 34. Yo nunca te lo dije porque no quería que vivieras con miedo. Pero cuando cumplas 30 años tienes que ver a un cardiólogo, tienes que checarte cada año.
Tienes algo en el corazón que viene de los Fideroa. Cuídate ese corazón tuyo. Yo no te lo dije por no asustarte. Tu tío y tu abuelo se fueron de lo mismo. La notaria hizo pausa. La voz le tembló. siguió leyendo. No vayas a ninguna venganza. No busques los nombres. No los pongo en esta carta porque no quiero que tú cargues eso.
Yo me llevo los nombres conmigo. Ya tu hermano José Manuel sabe lo suficiente para defenderse. Tú tienes que estar tranquilo. Tienes que estar con tu madre, con la mujer que escojas, con los hijos que vengan. Tienes que cantar. Si te nace cantar, pero no busques sombras. La notaria pasó la última página. Era la despedida. Julián, hijo, yo no te crié todos los días.
Tu mamá te crió mejor de lo que yo te hubiera criado, pero te quise desde el primer día. Te quise como quise a trigo y a Juan y a todos los demás. Te quise sin haber dicho una palabra. Cuando me leas esto, yo ya no voy a estar. Pero el día que tú estés solo y te acuerdes de una canción mía, yo voy a estar ahí. Con tu recuerdo viviré. Dos. Eso era el último verso.
La misma frase que Joan le había escrito a trigo en una canción 9 años antes. La frase ancla de toda esta noche ahora estaba escrita por última vez para el único hijo que todavía vivía cuando él la firmó. Y para un hijo que no la iba a leer nunca, Julián murió un 9 de abril del 2023. La carta se quedó en la caja de Santander.
Joan Sebastián se equivocó por 31 meses. Su hijo se murió antes de los 30 de exactamente lo que esa carta intentaba prevenir. Y aquí llega la cuarta cosa que te prometí, la tercera carta. Esa es, esa fue la que estuvo 8 años escondida en Cuernavaca. Esa es la que apareció en una notaría de Iguala hace tres semanas. Esa es la que motivó la orden de cateo del rancho Cruz de la Sierra esta madrugada.
Y esa es la carta que el 99% de México no sabía que existía. Arfuch dobló la carta, la metió en una bolsa de evidencia, la selló con triple cinta de cadena de custodia. La notaria firmó. Los dos peritos firmaron. El grafoscopista se llevó las dos cartas iniciales para análisis más profundo. 10 años después de que Juan Sebastián murió, la herencia sigue sin repartirse.
51 propiedades oficiales, 150 extra oficiales, 1000 canciones registradas, 200,000 mensuales solo de plataformas digitales, cuatro Grami, siete Latinami y nueve hijos reconocidos, tres de ellos muertos. Trigo en el 2006, Juan Sebastián en el 2010, Julián en el 2023. El proceso legal abierto en el tribunal de Macale en Texas.
La sucesión en México estancada en Estado de México y Morelos. Erika Alonso, una de las exesposas y madre de Juliana Figueroa, fue removida como albacea por el juez en septiembre del 2025. En su lugar fue nombrada una administradora independiente llamada Kimlow. La decisión la tomó el juez después de pedir nuevas auditorías sobre 42 propiedades que habían desaparecido de la lista presentada durante una década.
José Manuel Figueroa, hijo mayor sobreviviente, voló a McAlen en octubre del 2025 para defender los derechos de los hijos que viven en México. Su padre, dijo en una conferencia improvisada en la entrada del tribunal, había dejado más bienes de los que aparecían en cualquier inventario y había dejado información que solo ahora estaba saliendo a la luz.
Esa última frase la dijo el mismo día que el cateo del rancho Cruz de la Sierra ya se estaba autorizando en Guerrero. La coincidencia no es coincidencia, es secuencia. Maribel Guardia vi su esposo y abogado Marco Chacón representa los derechos del único nieto sobreviviente de Joan Sebastián. por la línea de Julián.
Ese niño se llama José Julián Figueroa. Tiene 8 años. Vive en la casa de jardines del Pedregal, donde murió su padre. Y es ahora, según resolución del juez de Texas, el único heredero universal de la parte que le tocaba a Julián. La carta para Julián, la tercera, queda como evidencia en el proceso. La notaria la entregó a un perito federal mexicano que la trasladará a Texas para ser presentada como prueba documental en la próxima audiencia del juez de McAlen.
La audiencia está programada para febrero del 2026. Harf ordenó sellar el cuarto pequeño del rancho. El cuaderno con los tres nombres y la cruz de tinta nueva de Julián fue fotografiado 32 veces y embolsado en bolsa antiaestática. La carpeta de cuero quedó en una caja de evidencia con triple sello.
Las dos cartas originales, la de trigo y la de Juan Sebastián, fueron numeradas como pieza uno y pieza dos. La tercera carta, ya extraída de la Caja Santander tres semanas antes y entregada por Alina Espino a la notaría de Iguala, fue catalogada como pieza tres. Las tres piezas serán entregadas a la PGT de Guerrero antes de ser remitidas a la Fiscalía Federal y al Tribunal de McAlen.
El bolígrafo Bic Azul del escritorio fue embolsado por separado. Los puros consumidos del cenicero fueron empacados y enviados a análisis forense de ADN. La fotografía con la banda negra de luto fue documentada en alta resolución. El piano Stainway fue inventariado por valor pericial. Los 11 gramis de la vitrina fueron fotografiados sin ser tocados.
El candado cubano de la vitrina fue documentado, pero no abierto. Las puertas del rancho Cruz de la Sierra fueron selladas con cinta federal a las 7:40 de la mañana del 22 de octubre del 2025. Harfmó el acta de cierre. La PGGT de Guerrero, la PGE a través de Seido y la Fiscalía Estatal de Morelos quedaron formalmente notificadas.
El caso Joan Sebastián, después de 10 años vuelve a estar abierto. El ruedo del rancho Cruz de la Sierra al amanecer está vacío, sin caballos, sin sombreros blancos. El polvo todavía levantándose donde Joan Sebastián practicaba para sus jaripeos una galleta de algodón de azúcar abandonada en una banca de madera dejada por alguien que estuvo aquí hace muchos años. El sol naranja.
saliendo por el cerro, las luces de las camionetas alejándose por la terracería y el silencio. El silencio que solo se oye en los lugares donde una vez hubo demasiada música. El rancho por dentro era como un altar, pero un altar sin gente que rezara. José Julián Figueroa tiene 8 años, vive con su madre Imelda Tuñón y con su abuela paterna Maribel Guardia en una casa de jardines del Pedregal.
Hay dos litigios abiertos por su custodia. Hay tres procesos abiertos por su parte de la herencia de Joan Sebastian. El niño no conoció a su abuelo. Su abuelo se murió 7 años antes de que él naciera. Su padre se murió cuando él tenía 5 años. El nieto que nunca conoció a Joan Sebastián es ahora el único depositario directo de la línea que Joan más quiso proteger con la tercera carta.
Una carta que iba dirigida a su padre y que su padre nunca leyó. Una advertencia médica de un cardiólogo Amateur, que era también el cantautor más premiado del idioma español. Ese niño tiene en su sangre lo que dice la carta. Tres generaciones de Figueroa con cardiopatía hereditaria. Va a cumplir 30 años en el 2047. Ahora tú sabes que esas tres cartas existen.
Ahora tú sabes lo que decía en las primeras dos. Ahora tú sabes lo que estaba escrito en la tercera. Ahora tú sabes el nombre que Joan Sebastián se llevó a la tumba. ¿Y por qué se lo llevó? Ahora tú sabes que un padre escribió la advertencia que pudo salvar a su hijo y que esa advertencia se quedó 8 años en una caja de banco. Ahora tú sabes lo que pasó entre los dos disparos. El 99% de México no lo sabe.
¿Quién mandó realmente a matar a trigo en Texas en agosto del 2006? ¿Por qué Ricardo Sánchez sigue prófugo 18 años después del crimen en territorio americano? ¿Cuánto sabía Alina Espino sobre la cardiopatía hereditaria de los Figueroa antes de guardar la carta 8 años? ¿Por qué nadie en el círculo cercano de Julián, sabiendo de los muertos del corazón en la familia, le pidió un electrocardiograma preventivo entre los 25 y los 27? ¿Y quién entró al rancho Cruz de la Sierra entre el 2015 y el 2023 para tachar con tinta nueva la
cruz de Julián en el cuaderno del escritorio cerrado? Si Joan Sebastián sabía qué padecimiento tenía Julián en el corazón, ¿por qué no se lo dijo en vida? Esa pregunta no tiene respuesta y eso es lo que te llevas a la cama esta noche. Dos. Dale like. Si llegaste hasta aquí, suscríbete si quieres saber lo que apareció en una caja fuerte enterrada debajo de una casa en Mérida, Yucatán, 69 años después del accidenteo de Pedro Infante.
Y déjame en los comentarios una sola respuesta a una pregunta. Después de todo lo que escuchaste esta noche, ¿tú crees que la tercera carta debió haber llegado a tiempo? Lo que tú pienses lo voy a leer porque la próxima orden que firmó Harfush fue en una hacienda con techo de madera quemada. Una hacienda donde nadie había entrado en 69 años.
Una hacienda con una caja fuerte que tenía un nombre grabado a mano, Pedro Infante. Dos. Este contenido es una obra de ficción creada con fines de entretenimiento. Todos los eventos relacionados con el cateo, los documentos encontrados, las cartas leídas, los objetos descubiertos y las circunstancias descritas son invenciones narrativas del guionista.
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