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HARFUCH ENTRA al Rancho de JOAN SEBASTIAN… Los NOMBRES que Se Llevó a la Tumba

 El rancho tiene la fachada blanca. La pintura está descascarillada en las esquinas. Hay un letrero de madera que dice Julianla arriba del portón. Joan Sebastián le compuso una canción al pueblo. La canción se llama igual. El letrero todavía cuelga. Los caballos no están. Hace 10 años que no hay caballos en este rancho.

El ruedo donde Joan practicaba para sus jaripeos está vacío. Se ve desde la entrada. La arena todavía tiene la forma de los pasos de los animales. El cerrajero abre la puerta principal. Lleva 9 minutos haciéndolo. La cerradura es vieja. La cerradura tiene polvo. Cuando la puerta cede, lo primero que sale no es luz, es olor.

 Olor a encierro, olor a madera vieja y un olor más bajo, más profundo que la notaria reconoce inmediatamente. Es olor a medicamento, a los medicamentos que se guardan 10 años en un cajón y que nunca se tiraron. Arf entra primero. La linterna recorre la sala. Hay un sofá grande de cuero color hueso.

 Hay una mesa de centro con un cenicero de cristal. El cenicero tiene tres puros consumidos hasta la mitad. Los puros llevan 10 años apagados. Hay una vitrina con cinco premios grami y siete latin grami. 11 estatuillas. La vitrina tiene las puertas cerradas con un candado pequeño. Es un candado cubano. Eso lo anota la notaria.

 A la derecha hay un piano, un piano vertical. Marca Stainway. Encima del piano hay una fotografía enmarcada. Es Joan Sebastiana Caballo en un ruedo con sombrero blanco. Atrás del piano en la pared hay otra fotografía más grande. Son los tres hijos varones que nacieron de su primer matrimonio. Está José Manuel en medio. A la izquierda Trigo, a la derecha Juan Sebastián.

 La fotografía tiene una banda negra de luto que cruza la esquina superior. Alguien le puso esa banda después de los asesinatos. La banda lleva tinta de impresora, no es tela. Harfook pasa la linterna por el pasillo. Hay tres habitaciones. La primera es de huéspedes. La segunda es la habitación principal. La tercera está cerrada con llave.

 Arfuch pide que el cerrajero abra esa primero. Tarda 12 minutos. La puerta cede es un cuarto pequeño. No hay cama. Hay un escritorio de madera oscura pegado a la ventana. Sobre el escritorio hay un cuaderno abierto, un bolígrafo bic azul al lado y una carpeta de cuero del tamaño de un misal de iglesia. La carpeta está cerrada con dos broches metálicos.

Harf se acerca, pone guantes blancos, abre la carpeta sobre el escritorio. Adentro hay dos sobres manila. Uno tiene escrito a mano trigo, el otro tiene escrito Juan. Las dos palabras están en la misma letra, letra firme, tinta azul. Y debajo de los dos sobres la marca de un tercer sobre, un rectángulo de polvo más limpio, un molde sin papel adentro, un espacio donde estuvo algo durante años y donde ya no hay nada. Harf levanta la mirada.

 La notaria le acerca el cuaderno. El cuaderno tiene una lista de tres nombres: trigo, Juan, Julian. Los tres nombres están escritos uno debajo del otro. Los tres tienen una pequeña cruz al lado. La cruz de trigo tiene tinta seca del 2006. La cruz de Juan tiene tinta del 2010. La cruz de Julián tiene tinta más reciente, tinta nueva.

 Pero Joan Sebastián murió en el 2015 y Julián murió en abril del 2023. Alguien estuvo en este cuarto después. Alguien que tenía las llaves. Arfuch fotografía la carpeta, fotografía el cuaderno, fotografía el cajón donde estuvo el tercer sobre. Le pide al grafoscopista que evalúe la tinta de la cruz de Julián. El especialista mira la cruz 3 minutos.

 Después dice que la tinta tiene menos de 3 años. 2023 máximo. Eso quiere decir que después de que Joan Sebastián murió, después de que la familia entregó el rancho a una albacea, después de que el rancho quedó cerrado con candado, alguien volvió a abrir esta carpeta y alguien tachó la cruz de Julián cuando Julián se murió.

 ¿Cuánto crees que valen las regalías del catálogo entero de Joan Sebastián por mes hoy? Piensa un número, un te lo cuento en unos minutos. La cifra que apareció en la última declaración judicial presentada en el tribunal de McAL en Texas es de 200,000 mensuales. 200,000 solo de Spotify, Apple Music y plataformas digitales. No incluye regalías de radio, no incluye sincronizaciones, no incluye lo que pagan las telenovelas que siguen usando tatuajes y secreto de amor para sus escenas más vistas.

Solo Tatuajes tiene 500 millones de reproducciones en Spotify. 500 millones. Si tú reprodujeras tatuajes una vez por segundo sin parar, sin dormir, sin comer, tardarías 15 años en escucharla todas las veces que México y Latinoamérica la han escuchado en los últimos 10. Y la lista oficial de bienes que laa presentó al juez de McAlen tiene 51 propiedades.

Esa es la lista oficial. La extraoficial, según los abogados que han llevado el caso, tiene 150 haciendas, ranchos, terrenos y casas, pero las 51 oficiales son las únicas que cuentan en el proceso. Esa es la primera prueba de algo. Esa es la primera de cuatro cosas que vas a saber esta noche sobre Joan Sebastián, que ningún programa ha contado.

 La segunda es el nombre que apareció escrito en una manta colgada en un puente de Cuernavaca 48 horas después de que mataran a Juan Sebastián. El nombre que el cártel del Pacífico Sur firmó. ¿Y por qué Joan Sebastián supo desde el primer día quién dio la orden? La tercera es lo que dice la primera carta, la carta para trigo.

 Cuatro páginas escritas con tinta azul en septiembre del 2006. 12 días después del entierro, lo que Joan Sebastián sabía sobre la muerte de su hijo en Texas y que nadie le creyó. Y la cuarta, la más difícil, lo que estaba escrito en la tercera carta, la que era para Julián, la que nunca llegó a sus manos, la que estuvo 8 años guardada en otra casa, en otra ciudad, en manos de otra mujer.

 Y la persona que la entregó hace tres semanas a una notaría de Guerrero antes de que Harfara la orden de Cateo. En este video te vas a enterar de las cuatro. Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero aquí hay algo que ningún noticiero contó. Joan Sebastián no se llamaba Joan Sebastián, se llamaba José Manuel Figueroa Figueroa. Nació un 8 de abril de 1951 en Juliantla, Guerrero.

 Su madre fue doña Celia Figueroa, una mujer que lavaba ropa ajena para mantener a los hijos. Su padre quería que él fuera ganadero. José Manuel quería ser sacerdote. A los 8 años lo metieron en un internado en Guanajuato, un internado católico donde los niños se levantaban a las 5 de la mañana, donde se comía dos veces al día, donde nadie iba a verlos hasta diciembre.

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