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La AMENAZA más DIRECTA de MENCHO a HARFUCH: su mensaje deja a MÉXICO sin palabras

El teléfono satelital de máxima seguridad, que jamás debería haber sonado en el búnker privado de Omar García Harfuch, emitió ese tono distintivo que solo cinco personas en todo México conocían. Eran las 3:17 de la madrugada del miércoles cuando el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana despertó con esa alerta instintiva que había desarrollado desde el 26 de junio de 2020, el día que 400 disparos del CJ casi terminaron con su vida en las calles más exclusivas de la Ciudad de México, García Harfuch se
incorporó inmediatamente en la cama blindada. de su refugio en Polanco, esa fortaleza personal que había construido después de sobrevivir al atentado más feroz que cualquier funcionario mexicano había enfrentado en décadas. Las paredes de acero reforzado, los sistemas de detección de explosivos, las múltiples rutas de escape, todo había sido diseñado para garantizar que nunca más estaría vulnerable como lo estuvo aquella madrugada en Paseo de la Reforma.
Secretario García Harfuch. La voz que emergió del teléfono encriptado era inconfundible. Ese acento michoacano grave y pausado que había ordenado miles de ejecuciones. Esa cadencia calculada que coordinaba el cártel más poderoso de México desde las montañas de Jalisco, era Nemesio Cervantes.


Era el Mencho, el hombre más buscado de América Latina, llamando directamente al funcionario que más daño había causado a su imperio criminal. No ceguera, respondió García Harfuch sin mostrar sorpresa, aunque su mente ya estaba calculando las implicaciones de que el líder del CJNG hubiera obtenido acceso a un número que se cambiaba cada 72 horas, siguiendo protocolos de seguridad que rivalizaban con los de agencias de inteligencia internacionales.
Yo me da mucho gusto escucharlo con vida, secretario”, continuó Mencho con esa cortesía peligrosa que había perfeccionado durante décadas de negociar con políticos, empresarios y generales que eventualmente terminaban trabajando para él. Después de lo que pasó en Reforma, muchos pensábamos que igual ya no íbamos a tener oportunidad de platicar directamente.
La mención del atentado del 26 de junio de 2020 activó inmediatamente en la mente de García Harfuch las imágenes que lo habían perseguido durante 4 años. Las granadas MC67 explotando a 3 m de su camioneta blindada Suburban. Los fusiles Barret calibre50 disparando más de 400 proyectiles que perforaron el blindaje artesanal como si fuera papel.
Los cuerpos de Rafael Osnaya y Edgar Morales, sus dos escoltas y amigos desde hacía años tendidos en el asfalto de una de las avenidas más transitadas de México. Pero era la imagen de Gabriela Gómez Cervantes la que más lo atormentaba. la vendedora de quesadillas de 26 años que se dirigía a establecer su puesto en el Auditorio Nacional a las 6:30 de la mañana, muerta por el simple hecho de estar en el lugar equivocado cuando 30 sicarios del CJNG decidieron convertir las lomas de Chapultepec.
“¿Cómo conseguiste este número?”, preguntó García Harfuch, activando discretamente el sistema de grabación. y rastreo que había instalado en todos sus dispositivos de comunicación después del atentado. Sabía que esta conversación podría ser la más importante de su carrera y que cada palabra podría proporcionar inteligencia valiosa sobre las capacidades reales del CJNG.
“Secretario, usted sabe que tengo amigos en muchos lugares”, respondió Mencho con evidente satisfacción. Algunos de esos amigos están más cerca de usted de lo que imagina, mucho más cerca. Pero esa no es la razón de mi llamada. Necesitamos hablar sobre el futuro, sobre lo que va a pasar en México durante las próximas semanas.
García Harfuch sintió el escalofrío que siempre experimentaba cuando se confirmaban sus peores sospechas sobre el nivel de infiltración que había logrado el CJNG en las instituciones mexicanas. Si Mencho tenía acceso a comunicaciones de máxima seguridad, significaba que había logrado comprometer funcionarios o sistemas que se suponían absolutamente confiables.
¿Desde cuándo el CJNG se dedica a planificar el futuro de México? Preguntó García Harf, manteniendo un tono profesional que ocultaba la tensión que sentía al escuchar directamente al hombre que había ordenado su ejecución. Y desde que nos dimos cuenta de que tenemos más control real sobre territorio mexicano que el gobierno federal, respondió Mencho sin excitación.
Jalisco, Michoacán, Colima, partes de Nayarit, Guanajuato, incluso zonas de Tamaulipas y Veracruz. Son regiones donde la gente nos obedece, nos respeta, recurre a nosotros para resolver problemas que el Estado no puede resolver. La afirmación era parcialmente cierta y eso la hacía más peligrosa. García Harfuch conocía informes de inteligencia que confirmaban que en ciertas áreas controladas por el CJNG efectivamente existía una forma brutal efectiva, de orden social.
No había robos callejeros, extorsiones a pequeños comerciantes o secuestros expresos. Porque el cártel castigaba esas actividades que consideraba descoordinadas y dañinas para su imagen pública. “Mire, García Harfuch”, continuó Mencho utilizando un tono más personal. Usted y yo somos hombres inteligentes, profesionales, que entendemos perfectamente cómo funciona el poder real en este país.
Los dos sabemos que esta guerra no tiene fin mientras sigamos jugando con las reglas actuales. La observación era astuta y tocaba una realidad que García Harfuch enfrentaba diariamente como secretario de seguridad. Por cada operador del CJNG que capturaban o eliminaban, parecían surgir dos nuevos dispuestos a tomar su lugar.
Por cada laboratorio que desmantelaban aparecían tres más en ubicaciones diferentes. Era una guerra de desgaste que el gobierno mexicano no estaba ganando convincentemente. ¿Y cuáles serían las nuevas reglas que propones?, preguntó García Arfuch, consciente de que necesitaba información específica sobre las intenciones de Mencho, pero también preocupado por la dirección que estaba tomando la conversación.
Un entendimiento profesional entre dos fuerzas que controlan territorio mexicano”, respondió Mencho con esa fluidez que sugería que había pensado cuidadosamente en esta propuesta. “Usted maneja lo que puede manejar del país. Nosotros manejamos lo nuestro. y dejamos de gastar recursos en matarnos mutuamente cuando hay enemigos más grandes que combatir.
La propuesta era fundamentalmente una oferta de cogobierno disfrazada como estrategia de seguridad. Mencho estaba proponiendo que el gobierno mexicano reconociera implícitamente al CJ como autoridad territorial legítima en ciertas regiones, a cambio de que el cártel suspendiera ataques contra fuerzas gubernamentales. Enemigos más grandes como ¿quién?, preguntó García Harfuch, intrigado por la referencia, pero también alarmado por las implicaciones de lo que estaba escuchando.
El cártel de Sinaloa, los zetas, grupos que operan sin disciplina, sin visión a largo plazo, sin respeto por reglas básicas de convivencia, respondió Mencho. organizaciones que le conviene al gobierno mexicano ver eliminadas, pero que sus recursos limitados no les permiten combatir efectivamente. Era una propuesta de alianza táctica que demostraba la sofisticación del pensamiento estratégico de Mencho.
No solo quería que el gobierno reconociera su territorio, sino que quería convertir al CNG en socio junior del Estado mexicano para eliminar competidores criminales. Necesito que entienda algo importante, secretario. La voz de Mencho adquirió un tono más serio, casi confidencial. Esta llamada no es una amenaza, es una oportunidad.
La última oportunidad que voy a ofrecer para evitar que México entre en una fase de violencia que va a superar todo lo que hemos visto durante los últimos 20 años. García Harfuch había escuchado amenazas similares durante su carrera, pero viniendo de Mencho después del atentado de 2020 tenían un peso específico que era imposible ignorar.
El líder del CJNG había demostrado capacidad para ejecutar operaciones que rivalizaban con ataques terroristas internacionales. ¿Qué es exactamente lo que estás amenazando hacer si rechazo tu propuesta?, preguntó García Harfch, decidiendo que necesitaba información específica sobre las capacidades reales que Mencho tenía para respaldar sus amenazas.
“No estoy amenazando nada, secretario”, respondió Mencho con esa paciencia. que utilizaba cuando explicaba consecuencias a funcionarios que habían decidido desafiarlo. Estoy explicándole las realidades operativas que van a desarrollarse naturalmente si usted decide continuar con la estrategia actual de confrontación total.
El silencio que siguió fue cargado y calculado. García Harfuch podía sentir que Mencho estaba preparando información que había reservado específicamente para este momento. Revelaciones que transformarían completamente su comprensión sobre las capacidades reales del CJNG. Tengo células operativas posicionadas en 17 ciudades del país”, comenzó Mencho proporcionando información que confirmó los peores temores de García Arfuch.
Es de Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Tijuana, Puebla, León, Querétaro, Mérida, Cancún, Veracruz, Tampico, Culiacán, Hermosillo, Chihuahua, Torreón, Morelia, Acapulco. La lista era específica y geográficamente estratégica, cubriendo las ciudades más importantes económicamente y las rutas de tráfico más críticas del país.
era evidencia de una planificación que había requerido años desarrollar y recursos que superaban presupuestos gubernamentales de seguridad. “Cada célula tiene recursos y órdenes específicas”, continuó Mencho, objetivos identificados, cronogramas establecidos, métodos de comunicac

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