Mientras muchas mujeres de Katia y Boquerón asumían que la universidad no era para ellas. Cilia Flores entró a estudiar derecho en la Universidad de Santa María, una institución privada fundada en 1953. Tardó más que el promedio. Se graduó a los 32 años, pero salió con algo que casi nadie en su barrio tenía.
La capacidad de leer un expediente judicial de igual a igual con quienes años después serían sus enemigos. Después se especializó en derecho penal y laboral. Esa especialización no era casualidad, era preparación para algo que todavía no tenía nombre. Hasta 1992, Cilia Flores era una abogada con cierta militancia en causas laborales y de derechos humanos.
Fundó el Círculo Bolivariano de los Derechos Humanos en 1993. Conocía los pasillos de juzgados, sabía leer expedientes, entendía cómo funciona la presión procesal. Y entonces llegó la fecha que cambiaría todo, el 4 de febrero de 1992. Ese día el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías intentó derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez. El golpe fracasó en pocas horas.
Chávez fue detenido y trasladado a la cárcel de Yare en el estado Miranda. Los militares implicados necesitaban defensa legal. Flores fue una de las abogadas que se presentó. Visitar Yare en aquel entonces requería disposición para el contraste. La cárcel de Yare era y sigue siendo una instalación donde los reclusos viven bajo una tensión permanente con episodios de violencia entre presos que las autoridades no siempre podían contener.
Pero Flores entró, conversó con Chávez, entendió el proyecto. Según la agencia F, en ese clima, cárceles, visitas como abogada, militancia política, fue donde conoció también a Nicolás Maduro, entonces un joven dirigente sindical del metro de Caracas, 10 años menor que ella. La relación personal avanzó en paralelo a la consolidación del movimiento chavista.
Una vida compartida durante años con familias de relaciones previas. Una carrera que en el caso de Flores iba adoptando un perfil cada vez más institucional. En 1997, Flores fue una de las fundadoras del movimiento Quinta República, el primer partido político formal de Hugo Chávez, el partido que llevaría al poder al hombre que ella había visitado en Yare 5 años antes.
Hay algo casi circular en eso. El movimiento que nació de la derrota de un golpe de estado terminó ganando una elección democrática y Silia Flores había estado en el origen de ambos momentos. En el año 2000 con Chávez ya instalado en Miraflores, Flores fue elegida diputada a la Asamblea Nacional por el estado Cojedes, el mismo estado donde había nacido, pero en el que ya no vivía, volvió como representante.
En 2005 fue reelegida y en agosto de 2006, cuando Nicolás Maduro dejó su curul para asumir la cancillería de Venezuela, fue Cilia Flores quien ocupó la presidencia de la Asamblea Nacional, primera mujer en la historia venezolana en ocupar ese cargo. Lo mantuvo hasta 2011, pero la gestión al frente de la Asamblea no fue sin roces.
Organizaciones sindicales la acusaron de nepotismo, señalando que habría influido en en la contratación de hasta 40 personas. varios de ellos familiares directos para ocupar cargos en el Parlamento. También se le atribuyó la decisión de prohibir el acceso de la prensa independiente al hemiciclo en determinados momentos de tensión política.
La Cámara, que supuestamente debía fiscalizar al Ejecutivo, terminó siendo operada, según sus críticos, con la lógica opuesta proteger al ejecutivo de la fiscalización. Para entonces, la relación pública de Flores con Maduro ya era notoria dentro del chavismo, aunque la formalización vendría después. Lo que empezó en los pasillos de Yare se consolidó en los pasillos del poder y lo que venía después era la Procuraduría General, la Procuradora, los sobrinos y el sistema que nadie podía tocar.
En febrero de 2012, el presidente Hugo Chávez nombró a Cilia Flores, procuradora general de la República. El cargo que en el sistema legal venezolano representa al Estado como litigante, defiende al gobierno en juicio, asesora en asuntos legales del Ejecutivo, supervisa contratos en manos de alguien con acceso simultáneo al poder político y a la maquinaria judicial.
El cargo podía ser mucho más que eso. Investigadores de Transparencia Venezuela y del International Crisis Group documentaron en sus reportes de esos años que bajo la influencia de Flores, el sistema judicial venezolano perdió cualquier apariencia de independencia formal. El Tribunal Supremo de Justicia no emitió un fallo contrario al Estado durante más de dos décadas, según la organización Acceso a la Justicia.
Flores, primero como presidenta de la Asamblea y luego como procuradora, fue parte estructural del mecanismo que convirtió al Poder Judicial en una extensión del Ejecutivo. Los nombres de los magistrados pasaban por filtros políticos. Los expedientes incómodos se archivaban. Los que debían perseguir terminaban siendo perseguidos.
Hubo un caso que concentró todo lo que se murmuraba sobre ella y lo puso en los titulares de Todo el mundo. Noviembre de 2015. Una operación de la Drug Enforcement Administration, la DEA, en Haití, terminó con la detención de dos hombres que intentaban coordinar un cargamento de cocaína. 800 kg, no un alijo pequeño para probar una ruta nueva.
800 kg en un solo cargamento con destino a territorio estadounidense. Los detenidos Efraín Antonio Campo Flores y Francisco Flores de Freitas, sobrinos de Silia Flores, uno de ellos, además su ahijado. El caso fue conocido desde entonces como el de los narcosobrinos. Los dos hombres fueron trasladados a Nueva York y juzgados en el tribunal del distrito sur de Manhattan.
El mismo tribunal que hoy procesa su tía. En 2016, ambos fueron declarados culpables de conspiración para importar cocaína a Estados Unidos. La condena. 18 años de prisión para cada uno. 36 años de cárcel federal repartidos entre dos sobrinos y un ahijado de la entonces primera dama de Venezuela. Flores, en ese momento ya primera dama de Venezuela, calificó el operativo de la DEA como un secuestro.
Maduro lo denunció como una agresión imperialista. Los abogados de los sobrinos alegaron que el operativo fue una trampa tendida por agentes federales. El jurado no lo vio así. Las grabaciones de conversaciones en las que los sobrinos coordinaban el cargamento fueron determinantes. En una de las sesiones del juicio, según los reportes de Telemundo, los fiscales presentaron evidencia de que uno de los acusados había mencionado explícitamente a la señora como respaldo político para el movimiento de drogas, aunque los
fiscales en ese momento no acusaron a Flores directamente. En 2022, el presidente Joe Biden incluyó a Campo Flores y a Flores de Freitas en un intercambio de prisioneros con Venezuela que liberó a varios presos políticos venezolanos. Salieron de las cárceles estadounidenses. El caso, sin embargo, no desapareció de los registros del Departamento de Justicia.
Quedó como un expediente que la acusación en el proceso actual puede invocar para demostrar patrón de conducta. En 2020, la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Nueva York presentó formalmente cargos contra Nicolás Maduro por conspiración para narcoterrorismo. La acusación incluía a varios colaboradores cercanos. Cilia Flores no fue incluida en ese indictment inicial, pero el margen entre colaboradora cercana y coacusada era en ese momento casi invisible.
5 años después, el margen desapareció. El 3 de enero de 2026, ambos nombres estaban en el mismo expediente, pero para llegar a ese momento, la historia tuvo que pasar por el matrimonio, por Chávez, por los años en que Flores de Ses de Hol procuró para convertirse en algo que no tiene nombre exacto en los organigramas, la mujer que controlaba el control. Silita.
El matrimonio que el régimen redefinió. Cuando Nicolás Maduro ganó las elecciones presidenciales del 14 de abril de 2013, 3 días después de la muerte de Hugo Chávez, su primera decisión pública sobre Cilia Flores fue cambiarle el título. Silia no será la primera dama porque ese es un concepto de la alta alcurnia, declaró Maduro ante una multitud el día que inscribió su candidatura.
según medios venezolanos, anunció que ella sería llamada primera combatiente de la República Bolivariana de Venezuela. El gesto fue leído como un guiño ideológico al proyecto bolivariano, una forma de distanciar al régimen de las connotaciones monárquicas del término primera dama. En privado, sin embargo, Maduro la llamaba Silita. Un apodo que condensa más de 30 años de historia compartida, de visitas carcelarias, de militancia, de poder construido en paralelo.
El matrimonio formal se celebró 3 meses después de las elecciones, en julio de 2013. Flores tenía 56 años, maduro o 50. La boda fue discreta para los estándares de una pareja gobernante, sin fotografías oficiales ampliamente difundidas, sin la pompa que caracterizó otros rituales del chavismo.
Lo que sí fue visible fue lo que ocurrió después. Flores comenzó a ejercer una influencia que iba mucho, mucho más allá de los protocolos diplomáticos asociados a las primeras damas convencionales. En las elecciones legislativas de 2015 regresó como candidata y fue electa diputada a la Asamblea Nacional, en la que el chavismo obtuvo minoría por primera vez en 15 años.
Dos años después, en agosto de 2017, Maduro creó la Asamblea Nacional Constituyente, un cuerpo paralelo que operaba con plena mayoría oficialista y que desplazó en la práctica a la asamblea legítimamente elegida. Flores se incorporó a ese nuevo órgano. El patrón se repetía. Cuando las instituciones existentes resistían, el régimen creaba nuevas instituciones que no resistían.
A finales de 2025, según la agencia F, ante el recrudecimiento de las tensiones entre Washington y Caracas provocadas por el despliegue militar estadounidense en el Caribe, Maduro integró Asilia Flores al nuevo buró político del Partido Socialista Unido de Venezuela. Era el círculo más cerrado del poder formal del régimen.
Menos de un mes después, ese círculo fue desmantelado en una operación nocturna con granadas aturdidoras. Hay algo que los bocetos judiciales de Jane Rosenberg, la artista que dibujó a Maduro y a Flores, en sus audiencias, porque las cámaras no tienen permitido el ingreso, capturan de manera involuntaria.
La diferencia de expresión entre los dos. Rosenberg lleva décadas dibujando a los acusados más conocidos del sistema judicial de Estados Unidos. Ha dibujado a financieros, a líderes de cárteles, a figuras políticas de todo el espectro. Su trabajo no es interpretar, es registrar lo que ve rápido con un par de lápices mientras el juez habla y el reloj de la sala sigue corriendo.
Y lo que vio en estos dos casos fue muy distinto. Madur en los bocetos del 5 de enero, sonreía al saludar al FBI con un feliz año nuevo. Una sonrisa dos días después de un asalto militar a su residencia, dos días después de haber sido trasladado en avión a otro país esposado. Es difícil no preguntarse qué estaba pasando por su cabeza en ese momento.
Flores, en los bocetos del 26 de marzo entraba con un semblante completamente distinto, más serio, más cansado, sin la sonrisa, sin el gesto hacia la cámara que no estaba ahí, como quien ya entendió que el juego cambió y que ya no hay forma de actuar para una audiencia que la siga viendo como la mujer que fue. Operation Absolute Resolve. Lo que pasó a la 100 AM.
La información sobre lo que ocurrió exactamente en Fuerte Tiuna en la madrugada del 3 de enero de 2026 fue fragmentada y en varios casos contradictoria en las primeras horas. Lo que sí quedó documentado por fuentes oficiales estadounidenses, declaraciones del general Dan Kan, jefe del Estado Mayor Conjunto y reportes de NBC News, CNN y el New York Times permite reconstruir la secuencia principal.
Las fuerzas estadounidenses llegaron al complejo en Caracas alrededor de la 1 am, hora de la costa este. El operativo fue una combinación de ataques aéreos, un apagón provocado en sectores de Caracas, bombardeos selectivos y una incursión de fuerzas especiales. Según múltiples fuentes, los soldados de las fuerzas Delta irrumpieron en la residencia tomando a la pareja por sorpresa.
Maduro y Flores intentaron refugiarse en una habitación de seguridad con puertas de acero y marcos bajos. Al correr hacia ella en la oscuridad y el caos del operativo, ambos chocaron contra las paredes y los marcos de la puerta. Sangre, hematomas, lesiones que que ocurrieron según las fuentes que consultó NBC News, antes de que los soldados estadounidenses entraran en contacto físico directo con Nel Record ellos.
Luego intentaron usar granadas aturdidoras para demoler las puertas de acero. Los dispositivos son explosivos no letales que generan destellos de luz intensísimos y sonido desorientador. En espacios cerrados el efecto es brutal. Pérdida momentánea de orientación zumbido en los oídos que puede durar horas desequilibrio.
El impacto en personas mayores de 60 años sin entrenamiento militar no es difícil de imaginar. El saldo del operativo en Venezuela fue significativo. Fuentes oficiales venezolanas y cubanas reportaron 55 militares muertos durante enfrentamientos. El New York Times publicó cifras de hasta 80 víctimas fatales entre las fuerzas de seguridad venezolanas y cubanas.
CBS reportó al menos siete militares estadounidenses heridos, dos de ellos en recuperación. Días después, el gobierno venezolano declaró duelo nacional. Maduro y Flores fueron trasladados por vía aérea desde Caracas. Antes de ingresar al sistema de custodia federal, recibieron una evaluación médica a bordo del avión que los transportaba.
Según una fuente familiarizada con el asunto que habló con NBC News, aterrizaron en la base aérea Stewart de la Guardia Nacional, al norte de Nueva York, de ahí al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, MDC Brooklyn, Sunset Park, una instalación federal inaugurada en los años 90, ubicada en el mismo barrio donde conviven restaurants, chinos, talleres mecánicos y almacenes industriales.
Un edificio que desde afuera parece un bloque de cemento más entre los bloques de cemento de Brooklyn, pero que por dentro, según quienes lo conocen, es otra cosa. El periodista y analista legal de CNN, Eli Honig, que ha estado dentro del MDC en numerosas ocasiones, dijo en entrevista con CNN en marzo de 2026 que aunque todas las prisiones son lugares miserables, el MDC es quizá el más miserable de todos los que ha visitado.
La abogada de derechos civiles, Katie Rosenfeld, describió el entorno como realmente horrible y difícil, añadiendo que la calidad de los servicios médicos y de salud mental en el centro sigue siendo profundamente deficiente. Flores llegó a ese lugar con hematomas en la cara y posibles fracturas en las costillas. 2 meses y 22 días después, su corazón también se convirtió en un expediente.
MDC Brooklyn, el edificio que Shan Comsó el infierno en la tierra. El corazón de Flores no empezó a fallar en el vacío, empezó a fallar ahí dentro, en un edificio que un hombre, que también durmió en esas celdas, describió con dos palabras. El infierno en la tierra. El Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, Mesi en sus siglas en inglés, fue inaugurado a comienzos de la década de los 90 con el objetivo de aliviar el asinamiento en otras instalaciones federales de Nueva York.
El cierre posterior de la instalación federal equivalente en Manhattan lo convirtió en la principal cárcel federal operativa de la ciudad. En enero de 2026, según el Buró Federal de Prisiones, albergaba entre 1301, 336 reclusos de distintos niveles de seguridad, hombres y mujeres que aguardan juicio o sentencia en los tribunales federales de Manhattan y Brooklyn.
Más de 13 personas, no en una prisión remota de máxima seguridad en medio del país. A una hora, en metro de Times Square, el edificio está en el barrio de Sunset Park, al sur de Brooklyn. Desde la calle lo rodean muros, barricadas de acero y un sistema de vigilancia con cámaras de largo alcance. Por dentro, módulos de alojamiento con celdas diseñadas para dos internos pequeñas con letrina integrada, en muchos casos sin ventanas grandes, oscuras durante el día, ruidosas durante la noche.
Las celdas del MDC Brooklyn no tienen dimensiones publicadas oficialmente, pero testimonios de execlusos describen espacios donde es imposible dar más de tres pasos en línea recta. El historial del MDC no es cómodo para las autoridades federales. En 2019, un corte de electricidad dejó a los internos sin calefacción durante semanas en pleno invierno neoyorquino.
La demanda colectiva que siguió terminó con una indemnización cercana a los 10 millones dólar para 1600 presos. El Departamento de Justicia investigó si el Buró Federal de Prisiones tenía planes de contingencia médica adecuados. La conclusión fue que no los tenía. Eso fue 2019. En 2025, dos reclusos murieron en peleas dentro del recinto y al menos cuatro personas se han suicidado en el centro en los últimos 3 años.
El rapero Sean Didy Comes, que esperó ahí su juicio, no fue el único nombre célebre que pasó por esas celdas. Antes estuvieron Rafael Caro Quintero, Ismael el Mayo Zambada y Gisleine Maxwell, pero sí el que mejor resumió el lugar. El infierno en la tierra. El juez federal Jessie Furman escribió en una resolución anterior que los propios fiscales ya ni siquiera oponen resistencia ante las denuncias sobre las condiciones del MDC.
es, en otras palabras, un hecho que ni el gobierno discute. Reportes de The Marshall Project documentan que ante la escasez de atención médica y de salud mental, el ejercicio físico es una de las pocas herramientas disponibles para los reclusos, no por elección, sino por necesidad.
Para quienes tienen problemas de salud preexistentes o para quienes los desarrollan dentro del centro, esa opción no siempre está disponible. Desde enero de 2026, las denuncias sobre el centro continúan. Problemas prolongados con la calefacción durante el invierno neoyorquino de ese año. Temperaturas bajo cero afuera, temperaturas inconsistentes adentro.
Dificultades para garantizar atención médica oportuna, limitaciones en el acceso a visitas y comunicación con abogados. El Buró Federal de Prisiones anunció en 2024 un equipo de acción urgente para atender condiciones preocupantes con aumentos de personal correccional y médico. Abogados y organizaciones de derechos civiles sostienen que esas reformas no cambiaron la realidad de fondo.
Maduro y Flores no comparten módulo. Las normas del centro indican que dentro del mismo edificio es muy probable que no puedan verse ni comunicarse directamente más allá de encuentros controlados en presencia de sus abogados. Madur, según fuentes cercanas al gobierno venezolano citadas por el tiempo de Colombia, está en aislamiento relativo, sin acceso a internet ni periódicos y con un límite de 15 minutos por llamada telefónica para hablar con familiares y abogados.
En su celda lee la Biblia. Algunos de sus compañeros de reclusión, según la misma fuente, lo llaman presidente. Para Silia Flores, en las semanas que siguieron a enero, los problemas de salud empezaron a acumularse y el primero de ellos quedó registrado sin que nadie lo dijera en voz alta en un boceto a lápiz.
Las lesiones que el juez vivió en enero el 5 de enero de 2026, dos días después de la captura, Cilia Flores apareció por primera vez ante el juez federal del distrito sur de Nueva York. Las cámaras no entran a las salas federales. Lo que el mundo vio fueron los bocetos a lápiz de Jane Rosenberg, la artista que cubre los procesos judiciales más importantes del país, dibujando al al hacer mano los rostros de los acusados.

Lo que los bocetos mostraron, un hematoma visible bajo el ojo izquierdo de flores y una venda blanca en la frente. Su abogado Mark Donell tomó la palabra para informar al juez que su representada podría haber sufrido posibles fracturas de costillas. durante el framework operativo de captura y que requería una evaluación médica adicional con radiografías.
Donnally también pidió más exámenes. Nuestro cliente se encuentra de buen ánimo dijo ante los periodistas. Esperamos revisar y refutar las pruebas que tiene el gobierno. Según cronista nacional, reporteros que presenciaron ese primera comparecencia indicaron que Flores mostró dificultades para mantenerse erguida en Rut algunos momentos.
Maduro, por su parte, tuvo problemas para sentarse y levantarse. También cojeaba algo que se repetiría en la segunda audiencia en marzo. Ese 5 de enero, Maduro y Flores se declararon no culpables de todos los cargos. Maduro añadió mirando al juez que había sido secuestrado y que era un prisionero de guerra. El juez tomó nota.
El proceso avanzó, pero las lesiones físicas de la primera audiencia no eran el único problema de salud que Flores arrastraba. Había algo más. Algo que su cuerpo llevaba tiempo cargando y que el estrés del operativo, el vuelo transatlántico, la celda del MDC Brooklyn y el frío de enero en Nueva York terminarían de detonar el corazón que falla.
El prolapso de la válvula mitral el 26 de marzo de 2026, durante la segunda audiencia del proceso, el abogado Mark Donnell pidió la palabra hacia el final de la comparecencia. Según la periodista de efecto cocuyo Laura Weefer, quien estuvo presente en la sala, Flores había entrado a las 11:42 de la mañana con esposas en los pies, paso lento y semblante serio, más delgada que antes.
La gente que la había visto en otras épocas, en fotos oficiales, en actos públicos, en la tarima de la asamblea, probablemente no la habría reconocido de inmediato. En algún momento durante la audiencia necesitó el apoyo de un alguacil federal para mantenerse en pie mientras se dirigía al estrado. Según el reporte de noticias Cuadratín, Chihuahua. 10 m.
Esa es aproximadamente la distancia entre la silla de la defensa y el estrado en una sala de Tribunal Federal estándar. 10 m que cualquier persona camina sin pensarlo, decenas de veces al día, sin que nadie lo note. La mujer que en 2006 dirigió la Asamblea Nacional de Venezuela, que presidía sesiones, que caminaba por los pasillos del poder legislativo, rodeada de asesores, escoltas, cámaras, necesitaba que alguien la sostuviera para caminar esos 10 met. No es una metáfora.
Es lo que ocurrió frente a un juez, frente a la prensa, en una sala de tribunal en Manhattan. Donell explicó al juez Alvin Hellerstein la situación. Flores padecía un prolapso de la válvula mitral, una condición cardíaca preexistente, según precisó el abogado. Ella padece una afección de salud relacionada con la válvula mitral que ya ha sido identificada.
Necesita urgentemente un electrocardiograma y lo requiere a la mayor brevedad posible. La clínica Mayo describe el prolapso de la válvula mitral como una enfermedad de las válvulas cardíacas que afecta la válvula situada entre las dos cavidades izquierdas del corazón, la aurícula y el ventrículo izquierdos.
En una válvula mitral con prolapso, las válvas que abren y cierran el paso de la sangre no cierran correctamente, lo que permite que la sangre se filtre en sentido contrario hacia la aurícula izquierda en lugar de continuar su camino hacia la ahorta. El resultado puede ser latidos irregulares o acelerados, mareo, aturdimiento y fatiga.
En la mayoría de los casos, la condición no es inmediatamente fatal, pero en algunos pacientes puede requerir medicamentos de por vida o cirugía correctiva. Y en un ambiente de estrés crónico, privación de sueño, frío intermitente y escasa atención médica, las complicaciones se aceleran. Encilia Flores, de 69 años, con posibles fracturas de costillas sin tratar correctamente desde enero, en el MDC Brooklyn, la condición reunía todos los factores de agravamiento simultáneamente.
Donelli pidió el ecocardiograma. La fiscalía, según reportó CNN, manifestó que se llevaría a cabo el procedimiento. El juez Heller Stein le pidió al abogado iniciar el proceso correspondiente para que Flores fuera atendida en el centro de detención y le solicitó que informara si había problemas con el procedimiento o con el estado de salud de la acusada.
El corresponsal del canal NTN24 presente en la sala, Roberto Macedonio, reportó ese día otro detalle sobre Maduro. Durante la hora que duró la audiencia, el exjefe del chavismo no paraba de mover las piernas, bebía agua continuamente, se ponía y quitaba los anteojos con regularidad y mostraba tics nerviosos visibles.
Su abogado, Barry Polak, descartó públicamente las versiones que habían circulado en medios, incluido el diario ABC de España, de que Maduro gritaba cada noche en su celda afirmando que era el presidente de Venezuela y que había sido secuestrado. “Yo no estoy allí por las noches”, dijo el abogado, pero no le daría mucha credibilidad a eso.
Para entonces, la imagen que el 3 de enero había proyectado Trump al anunciar la captura. Ambos expuestos, esposos juntos, caídos. Comenzaba a chocar con algo más complicado. Dos personas mayores de 60 años en una prisión federal catalogada como la más dura de Nueva York, una con problema cardíaco documentado, el otro con marcha coja y comportamiento ansioso en audiencia.
El proceso penal en paralelo seguía su curso con una complicación adicional que nadie había previsto del todo. El dinero que no puede moverse, sanciones, licencias y la defensa que casi no existe. La pregunta que el juez Alvin Hellerstein se hizo en voz alta el 26 de marzo de 2026 fue, en términos procesales, casi inusual, ¿puede el gobierno de Estados Unidos acusar a alguien de un delito grave y al mismo tiempo impedirle pagar propia defensa? La situación era así.
Maduro y Flores enfrentaban cargos federales gravísimos. Sus abogados Barry Polac para Maduro y McDonell para Flores, querían cobrar por su trabajo, pero sobre los activos venezolanos en el exterior pesaban sanciones de la oficina de control de activos extranjeros del Departamento del Tesoro de NEP, Estados Unidos, la OFAC.
Las licencias que habrían permitido usar fondos del Estado venezolano para financiar la defensa legal habían sido revocadas. La Procuraduría de Venezuela, que era el ente que quería pagar, no podía mover el dinero legalmente. La defensa argumentó ante el juez que esto violaba la sexta enmienda de la Constitución de Estados Unidos que garantiza el derecho a una defensa adecuada.
Si el gobierno impide que el acusado use sus propios recursos para contratar abogados, ese derecho queda en papel. El juez Hellerstein, 92 años, fue tajante en la audiencia del 26 de marzo. Rechazó la petición de desestimación de los casgos, como pedía la fiscalía, pero calificó la situación como un caso único y expresó críticas directas hacia la postura de la fiscalía que sostenía que el ejecutivo debe mantener la facultad de usar las sanciones como herramienta de política exterior sin restricciones.
Hellerstein señaló que la situación política había cambiado. Washington mantenía para entonces contactos con el gobierno interino de Del Rodríguez en Caracas y que el acusado está aquí, Flores está aquí. Ya no representa ninguna amenaza para la seguridad nacional. El 5 de marzo de 2026, la OFAC modificó las licencias para permitir que el gobierno digno venezolano financiara la defensa legal de Maduro y Flores con fondos generados.
Después de esa fecha, el problema no desapareció por completo. La defensa siguió argumentando limitaciones, pero dejó de ser el obstáculo absoluto que había sido en las primeras semanas. El juez también tuvo que resolver otro asunto delicado ese día. La fiscalía había pedido prohibir a los acusados compartir material probatorio con coacusados que se encontraban prófugos, entre ellos Cabello, quien seguía ejerciendo como ministro del Interior de Venezuela en el gobierno interino, y Nicolás Maduro Guerra, el hijo del expresidente. Hellerstein no dio una
decisión final. Anotó que no es lo mismo hablar que compartir y dejó el asunto abierto para siguiente audiencia. La tercera audiencia quedó programada para el 30 de junio de 2026. Para entonces, el equipo de defensa ya era diferente. Ana Estebao, la demoledora de testigos. En algún momento entre marzo y mayo de 2026, el equipo de Defensa de Maduro y Flores sumó un nombre que cambió el perfil estratégico del proceso, Anna Estebao.
Estebao es una abogada penalista conocida en los círculos del distrito sur de Nueva York por una habilidad específica. No es la latigante más visible, ni quien hace los discursos de apertura más dramáticos, es quien destruye testigos. Formó parte del equipo legal que defendió al productor musical Sean Didicoms, el mismo que estuvo detenido en el MDC Brooklyn y lo llamó el infierno en la tierra y en ese proceso se destacó por sus contrainterrogatorios.
La periodista de investigación Mybard Petit con amplia cobertura del caso, lo explicó a Martín Noticias de esta forma. es una de las defensoras que acá en Nueva York ha dejado claro su experticia en relación a cómo hacer que los testigos cooperantes de la fiscalía se desequilibren y añadió, “Es muy buena deando.
Así se habla en el lenguaje interno de la fiscalía. Se desan a los testigos y los dejan que prácticamente se contradigan y terminen mintiendo. La incorporación de Estebao no es casual en el contexto del caso. El proceso contra Maduro y Flores descansa en gran medida sobre testimonios de colaboradores, exfuncionarios venezolanos, exmilitares, operadores de narcotráfico que se acogieron a acuerdos con el Departamento de Justicia a cambio de reducción de penas.
En los juicios de este tipo, el peso de la fiscalía suele recaer sobre lo que los cooperantes dicen en el estrado. Si esos testimonios se derrumban bajo el peso del contrainterrogatorio, la acusación se debilita. Petit, sin embargo, no fue optimista sobre el resultado final. Sin duda alguna, la fiscalía tiene todos los elementos para demostrar que es culpable.
La defensa tiene varias estrategias para tumbar a la fiscalía, pero esas estrategias muy difícilmente vayan a tener éxito. El financiamiento de Estebao quedó cubierto bajo la misma licencia de la OFAC que permitió al gobierno venezolano pagar los honorarios del equipo ya existente. El juez Alvin Hellerstein supervisará la audiencia del 30 de junio de 2026 a las 12 en hora de Nueva York.
El magistrado que tiene 92 años y que lleva décadas en el sistema judicial federal ha sido una figura típica en el proceso. Cuestionó a la fiscalía en voz alta, rechazó las peticiones de desestimación, autorizó los procedimientos médicos para flores y prometió resolver la cuestión del financiamiento de la defensa, independientemente de si el proceso judicial continúa o no.
Lo que ocurra el 30 de junio, en menos de 3 semanas desde hoy, determinará si el proceso avanza hacia un juicio oral o si nuevas mociones previas prolongan la etapa preparatoria. Lo que hoy queda, la celda, el corazón y el 30 de junio. Hay una distancia que es difícil de cuantificar entre lo que Silvia Flores era y lo que es hoy.
En 2006 presidió la Asamblea Nacional de Venezuela desde el estrado más alto del hemiciclo de Caracas. En 2012 fue procuradora general con despacho en la avenida Los Ilustres de Caracas con acceso al aparato legal del estado más grande del país. En 2013 se convirtió en primera combatiente y su nombre viajaba en los protocolos diplomáticos de Venezuela por todo el mundo.
En 2025, Maduro la integró al Buró Político del SUV, el círculo más cerrado del poder formal del régimen. Hoy, Silvia de la Flores de Maduro, de 69 años, está en una celda del Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, un edificio en Sunset Park que tiene más denuncias judiciales por sus condiciones que algunos países enteros.
Piensa en eso un segundo. Más denuncias judiciales que países enteros. Un solo edificio en un solo barrio de Brooklyn. ha generado más litigios por sus condiciones que naciones completas con millones de habitantes. Es un edificio donde la calefacción falla en invierno, el mismo invierno neoyorquino que para alguien acostumbrado al calor de Caracas ya es difícil de tolerar incluso con calefacción funcionando.
Donde los presos murieron apuñaladas en 2025, donde el acceso a internet no existe y donde el máximo de tiempo en una llamada telefónica es de 15 minutos. 15 minutos para hablar con quien sea sobre lo que sea antes de que la línea se corte. Y donde las mujeres y los hombres están separados, lo que significa que Maduro y Flores, que llevan más de tres décadas compartiendo todo, desde una visita a una cárcel en 1992 hasta el buró político del SUV en 2025, probablemente no se ven más allá de los encuentros controlados con sus abogados.
30 años de vida compartida y ahora ni siquiera comparten edificio en el sentido que importa. En enero llegó con hematomas y una venda en la frente y su defensa reportó posibles fracturas de costillas. En marzo, su abogado pidió en audiencia que le hicieran un ecocardiograma urgente. La condición, un prolapso de la válvula mitral, la válvula que regula el paso de la sangre en el lado izquierdo del corazón fallando. Latidos irregulares.
Mareo, fatiga. Una condición que en condiciones normales se maneja con medicamentos y seguimiento cardiológico periódico. en el MDC Brooklyn, con los servicios médicos que Katie Rosenfeld describió como profundamente deficientes. El seguimiento no está garantizado. El juez Hellerstein autorizó el procedimiento. Lo que ocurrió después, si el ecocardiograma se realizó, ¿cuáles fueron los resultados? ¿Qué tratamiento fue indicado? No ha sido reportado públicamente al momento de este video.
Los cargos que enfrenta son concretos. Dos cargos de conspiración para la importación de cocaína a Estados Unidos, un cargo de conspiración para la posesión de armas y un cargo de posesión efectiva de armas, todos relacionados con el entramado de narcoterrorismo que la acusación atribuye al régimen venezolano en coordinación con grupos armados como las FARC disidentes y el cártel de los soles.
El mismo entramado que, según la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York involucró el movimiento de toneladas de cocaína hacia Estados Unidos y Europa con la complicidad o el conocimiento directo de las más altas esferas del poder venezolano. La acusación formal de 2020 contra Maduro ya establecía ese esquema.
La inclusión de Flores en 2026 extendió la responsabilidad al núcleo más cercano del presidente, donde Flores fue durante tres décadas a su lado en sus despachos, en sus decisiones, en su cama. Trump dijo el 26 de marzo en la Casa Blanca que Maduro enfrentará otros cargos judiciales más adelante. Ha sido demandado por solo una fracción de las cosas que ha hecho declaró.
Si eso alcanza también a Flores, el proceso que hoy parece largo podría volverse más largo todavía. Y aquí está el dato que cierra el círculo de esta historia. La primera audiencia ocurrió el 5 de enero de 2026, 3 días después de que unidades del Delta Force irrumpieran en el complejo donde Cilia Flores dormía.
Para ese 5 de enero ya tenía una venda en la frente. Para el 26 de marzo necesitaba que alguien la sostuviera para caminar. Para el 30 de junio, en días volverá a la sala A26. Tres fechas, tres versiones de la misma mujer. El 5 de enero, una venda en la frente. El 26 de marzo, un alguacil sosteniéndola para caminar 10 m. El 30 de junio, en días la sala a 26 otra vez con la misma puerta de madera por la que entró aquella vez en marzo, con el mismo paso lento que hizo que el tiempo, según quien estaba ahí, se detuviera por una fracción de segundo. Y
en el centro de todo esto, una idea que es difícil de sacudirse. La mujer que durante dos décadas formó parte de un sistema judicial que nunca falló contra el Estado, que archivó los expedientes incómodos, que convirtió a los que debían perseguir en los perseguidos, hoy depende de que otro sistema judicial, uno que ella no controla, que no responde a ella, que nunca respondió a ella, decida qué hacer con su corazón.
No hay ironía más completa que esa. Esto fue la caída de una arquitectura de poder construida durante 30 años. ladrillo a ladrillo en las salas del Poder Judicial Venezolano. La próxima pieza de esa caída se juzga el 30 de junio en el piso 26 de la Corte del Distrito Sur de Nueva York ante un juez de 92 años que no parece intimidado por nada.
La audiencia del 30 de junio está a días de producirse. Si hay nuevas revelaciones sobre el estado de salud de Flores, sobre las pruebas que la fiscalía prepara o sobre lo que Ana Estebao hará con los testigos cooperantes, lo estaremos cubriendo aquí. Dale like si llegaste hasta el final, suscríbete si quieres estar cuando salga el siguiente y cuéntame en los comentarios, ¿crees que Silvia Flores llegará a un juicio oral o el proceso se resolverá de otra Forum.