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Infanta Pilar de Borbón: La Hermana de Juan Carlos Que Nunca Quiso Obedecer

Hay un detalle del nacimiento de Pilar que pocas biografías destacan. Su abuelo, el rey Alfonso XI, el último monarca que había reinado en España antes de la proclamación de la República en 1931, todavía estaba vivo cuando Pilar nació. Vivía exiliado en Roma, amargado por la pérdida de su trono y según los testimonios familiares, recibió la noticia del nacimiento de su nieta Pilar con una mezcla de alegría y de melancolía.

Alegría por la nueva vida que llegaba a la familia. Melancolía por el hecho de que esa nieta nacía como princesa de un trono que él mismo había perdido. Esa melancolía, esa sensación de pertenecer a una grandeza perdida iba a impregnar toda la infancia de Pilar. Creció escuchando las historias de la España que su familia había tenido que abandonar. S.

las historias de los palacios, de las ceremonias, del esplendor real. Pero esas historias eran para la pequeña Pilar como cuentos de un mundo que ella nunca había conocido, un mundo que existía solo en los recuerdos de los adultos y en las fotografías antiguas. Durante los primeros años de su vida, la pequeña Pilar creció en ese ambiente particular de la realeza española exiliada, una familia que mantenía las formas, los protocolos y las tradiciones de la realeza, pero que vivía en una situación de incertidumbre permanente. Su padre, don Juan, estaba

obsesionado con recuperar el trono español. Su madre, María de las Mercedes, dedicaba toda su energía a mantener unida a la familia en medio de la incertidumbre. Y los hijos crecían entre dos mundos. El mundo de la realeza con sus expectativas y sus deberes, y el mundo del exilio con su precariedad y su nostalgia. Pilar tuvo tres hermanos.

Juan Carlos, nacido en 1938, el futuro rey de España, Margarita, nacida en 1939, que nació ciega y Alfonso el menor, nacido en 1941. Los cuatro hermanos crecieron extraordinariamente unidos en parte porque el exilio los había aislado del resto del mundo. Y en parte porque su madre, María de las Mercedes, había insistido en que la familia debía permanecer unida, pasara lo que pasara.

Hay una escena de la infancia de Pilar que ilustra perfectamente el ambiente en el que creció. Según los testimonios familiares, durante los años de la Segunda Guerra Mundial, mientras Europa se desgarraba en el conflicto más sangriento de su historia, la familia real española vivía en una incertidumbre constante.

Tuvieron que mudarse varias veces de Francia a Italia, de Italia a Suiza, buscando lugares seguros lejos de los frentes de guerra. Y la pequeña Pilar junto a sus hermanos vivió esa infancia errante, sin un hogar fijo, sin la estabilidad que cualquier niño necesita. Pero a pesar de toda esa incertidumbre, según los biógrafos, la infancia de Pilar no fue infeliz.

Su madre, María de las Mercedes, se aseguró de que los cuatro hermanos crecieran rodeados de amor, de cultura y de un fuerte sentido de unidad familiar. Les enseñó idiomas, les enseñó historia y, sobre todo, les enseñó que pasara lo que pasara, ellos siempre se tendrían los unos a los otros.

Hay un detalle de la infancia de Pilar que pocas biografías destacan. Desde muy pequeña, Pilar mostró una personalidad fuerte, independiente y a veces rebelde, que la diferenciaba claramente de las expectativas que la realeza tenía sobre las princesas de la época. Mientras se esperaba que las infantas fueran dóciles, calladas y decorativas, Pilar tenía opiniones propias, las expresaba sin miedo y se negaba a aceptar las normas simplemente porque venían de arriba.

Esa personalidad, según los biógrafos, iba a definir toda su vida adulta. Según una anécdota familiar que se conoció décadas después, cuando Pilar era niña, una institutriz le habría reprochado que se comportara de manera demasiado independiente para una princesa. Y la pequeña Pilar, según la anécdota, le habría contestado con una frase que anticipaba toda su personalidad adulta.

le habría dicho que prefería ser ella misma a ser una princesa perfecta. Esa frase, dicha por una niña en el exilio capturaba ya la esencia de la mujer en la que Pilar se iba a convertir, una mujer que valoraba su libertad por encima de las expectativas. En 1946, cuando Pilar tenía 10 años, la familia se estableció finalmente en Estoril, Portugal, que se convirtió en el centro del exilio de la familia real española.

Y fue en Estoril, donde la familia vivió tanto sus años más unidos como su tragedia más oscura. Estoril en esos años era un lugar particular, una localidad costera cerca de Lisboa que se había convertido en refugio de la realeza europea destronada. Allí vivían en el exilio reyes y príncipes de media Europa que habían perdido sus tronos por las guerras, las revoluciones y los cambios políticos del siglo XX.

Y la familia real española instalada en una vía de Estoril formaba parte de esa comunidad particular de aristócratas sin reino que soñaban con regresar algún día a sus países. Para la joven Pilar, los años de Storil fueron, a pesar del exilio, años de relativa estabilidad después de la infancia errante de la guerra.

Por primera vez la familia tenía un hogar fijo. Los cuatro hermanos podían crecer juntos, estudiar, hacer amistades. Y según los testimonios de la época, la vía de Estoril se llenaba con frecuencia de la energía de los cuatro hermanos Borbón, que a pesar de ser herederos de un trono perdido, vivían también la vida normal de cualquier familia con hijos jóvenes.

Hay un detalle de esos años en Estoril que pocas biografías destacan. A pesar de las apariencias reales, la familia vivía con recursos limitados comparados con el esplendor que la realeza española había conocido antes del exilio. No había los lujos desmesurados que muchos imaginan cuando piensan en la realeza.

Había, en cambio, una vida digna, pero austera, marcada por la incertidumbre sobre el futuro. Y según los biógrafos, esa experiencia de crecer en una realeza sin los recursos de la realeza marcó profundamente el carácter de Pilar, dándole una perspectiva sobre la vida que muchas princesas criadas en el lujo nunca tuvieron. Una pausa rápida.

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Y Pilar como hermana mayor fue una de las personas que vivió esa tragedia más de cerca. El 29 de marzo de 1956, el hermano menor de Pilar, Alfonso, de apenas 14 años, murió por un disparo de pistola en la casa familiar de Storil. Y la persona que sostenía el arma en el momento del disparo era su otro hermano, Juan Carlos, que entonces tenía 18 años.

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