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La Canción Que Tres Estrellas Rechazaron… Y Convirtió A Nino Bravo En Leyenda

La Canción Que Tres Estrellas Rechazaron… Y Convirtió A Nino Bravo En Leyenda

Su discográfica se lo dijo claro. No grabes esa canción. Ya fracasó con Lola Flores, ya fracasó con Rafael, ya fracasó con Carmen Sevilla, está quemada, búscate otra. Pero Nino Bravo no escuchó, insistió, peleó, convenció y la grabó. Durante meses nadie la compró, nadie la pidió en la radio, nadie. Hasta que una noche de diciembre millones de españoles lo vieron cantar en un programa de televisión y en 24 horas todo cambió.

Sem en el número uno, su primer disco de oro y el nacimiento de una leyenda. Esta es la historia de cómo Nino Bravo convirtió el fracaso de otros en su mayor triunfo. Para entender esta historia, tenemos que hablar primero de un hombre que creía en una canción cuando nadie más lo hacía. Augusto Alguero Dasca, compositor, arreglista, director de orquesta, un genio de la música española que había creado algunos de los éxitos más grandes de la época.

Tómbola para Marisol, la chica Yye, para Concha Velasco, Penélope para Cerrat. Pero había una canción, una canción que Alguero había compuesto y que lo perseguía. Una melodía que creía que podía ser algo grande, algo inmortal. El problema era que esa canción llevaba años fracasando. ¿Alguna vez has creído en algo que nadie más ve? ¿Has tenido esa sensación de saber, simplemente saber que algo va a funcionar? Aunque el mundo entero te diga que te equivocas.

Eso le pasaba a Augusto Algueró con esa canción. Y todo empezó en 1969 con una película argentina que nadie recuerda. La película se llamaba Kumaching, una coproducción argentina española. Comedia de espías ambientada en Hong Kong. Director Daniel Tinaire. Protagonistas Luis Sandrini, Narciso Iváñez Menta y Lola Flores.

 Lola Flores, la faraona, una de las artistas más grandes de España, bailadora, cantante, actriz, una fuerza de la naturaleza sobre el escenario. Augusto Algueró compuso la música para la película y entre todas las canciones había una que le gustaba especialmente, una balada romántica, apasionada, intensa.

 La escribió pensando en Lola, en su voz, en su manera de cantar. Lola la grabó, la cantó en la película, pero entonces ocurrió algo que Alguero nunca esperó. Los productores de Kumaching decidieron cambiar la letra original. Le pusieron otro título, la niña ahogada. Modificaron la melodía, la convirtieron en algo completamente diferente a lo que Algueró había imaginado.

 Y Augusto Algueró se enfureció. Hubo discusiones, peleas, desacuerdos creativos que se volvieron personales. Alguero sentía que habían destrozado su canción, que habían tomado algo hermoso y lo habían arruinado. La película se estrenó el 19 de junio de 1969. La canción apareció en la banda sonora, pero nadie la recordó.

Pasó sin pena ni gloria. Un tema más en una película que tampoco fue un éxito. Primer intento, primer fracaso. Pero Alguero no se rindió porque él sabía algo que los productores de Kumaing no sabían. Esa canción tenía potencial, solo necesitaba la voz correcta. Alguero decidió darle una segunda oportunidad a la canción,  pero esta vez lo haría bien.

 Letra nueva, arreglos nuevos y el mejor cantante masculino de España, Rafael. Miguel Rafael Marto Sánchez, el cantante con la voz más potente del país, el que había representado a España en Eurovisión dos veces, el que llenaba el Olimpia de París y el Madison Square Garden de Nueva York. Si alguien podía hacer que esa canción funcionara era Rafael.

Alguero llamó a Rafael de León, uno de los letristas más grandes de la historia de España. El poeta que había escrito Tatuaje, Ojos Verdes, Lazar Zamora, el maestro de la copla española. Necesito una letra nueva para esta melodía, le dijo Algueró. Algo romántico, intenso, apasionado. Rafael de León escribió los versos y eran perfectos.

¿De por qué te estoy queriendo? No me pidas la razón, pues yo mismo no me entiendo con mi propio corazón. Música de Augusto Algueró. Letra de Rafael de León. Voz de Rafael. En papel era una combinación imbatible. Rafael grabó la canción, la grabó en París con toda su pasión, con toda su técnica, con esa voz que hacía temblar los teatros y la grabación era magnífica.

Pero entonces llegó el problema. Ispa Vox, la discográfica de Rafael, escuchó el tema y dijeron que no. No es suficientemente comercial, argumentaron. no va a funcionar en el mercado español. Por esa época, además, Rafael tuvo un disgusto con su discográfica: tensiones, desacuerdos, el tipo de conflictos que ocurren cuando un artista está en la cima y todos quieren controlar su carrera.

La grabación se archivó, se guardó en un cajón. Solo se publicó años después en América Latina como canción de relleno en un EP y un LP. Nunca se editó en España como single. Nunca tuvo la oportunidad de ser un éxito. Segundo intento. Segundo fracaso. ¿Te imaginas tener una grabación de Rafael en su mejor momento y guardarla en un cajón? ¿Dejarla ahí olvidada mientras el mundo seguía girando? Así de frustrante era la situación para Augusto Algueró.

Pero él seguía creyendo. Y entonces llegó el tercer intento, este, el más personal de todos, porque Augusto Algueró estaba casado con Carmen Sevilla, Carmen, la novia de España, actriz, cantante, bailahora, una de las estrellas más queridas del país. mujer que había rechazado un contrato millonario de Hollywood para quedarse cerca de su familia, la que había trabajado con Charlton Heston, con Jul Briner, con las grandes producciones americanas.

Se habían casado el 23 de febrero de 1961 en la Basílica del Pilar de Zaragoza, una boda multitudinaria. La prensa cubrió cada detalle. El vestido de Carmen, diseñado por Manuel Pertegas, apareció en todas las revistas y ahora, casi una década después, Alguero le dio a su esposa esa canción que tanto amaba. Carmen la grabó, la incluyó en un disco, la cantó en una película, puso toda su dulzura, toda su gracia, toda esa simpatía que la había convertido en un icono, pero no funcionó.

La canción pasó desapercibida. No fue un single destacado, no sonó en las radios. La gente no la pidió, no la recordó. Tercer intento, tercer fracaso. Imagina ser compositor y ver cómo tu propia esposa graba tu canción favorita y nadie le presta atención. La frustración de Algueró debió ser monumental.

 Tres artistas, tres voces increíbles, Lola Flores, Rafael, Carmen Sevilla, tres de las estrellas más grandes de España. Y la canción había fracasado con los tres. Cualquier persona normal habría tirado la toalla, habría aceptado que esa canción simplemente no estaba destinada a ser un éxito, que a veces las cosas no funcionan. por más que creamos en ellas.

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