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ALITO quiso atacar a Morena y terminó EXHIBIDO

Alejandro Alito Moreno, dirigente nacional del PRI y una de las figuras más polémicas de la oposición mexicana,  acaba de hacer algo que tiene a todos hablando. Salió a denunciar que Morena estaría amenazando a ciudadanos en Coahuila con quitarles programas sociales, si no retiran propaganda priista.

Pero no solo  eso, lo más delicado es que esta acusación aparece justo cuando el PRI siente que uno de sus últimos bastiones históricos podría empezar  a tambalearse. Y ahí nace la gran contradicción. Alito acusa a Morena de usar el miedo y los apoyos sociales como chantaje electoral, mientras sus críticos le recuerdan que el PRI ha sido señalado durante décadas por exactamente las mismas prácticas que hoy denuncia.

¿Qué revela realmente esta acusación de alito en Coahuila? Lo vamos a descubrir al  final. Suscríbete si quieres que esto siga saliendo a la luz, porque al final vamos a conectar todas las piezas y vas Porque esta historia no habla solamente de una elección local, sino de una guerra por el control político, por la narrativa pública y por el último refugio de un partido que durante  años se acostumbró a mandar sin que nadie le disputara el territorio.

Para entender lo que está pasando en  Coahuila, primero tienes que mirar el mapa político con calma. No estamos hablando de un estado cualquiera, no estamos hablando de una elección más, estamos hablando de uno de esos territorios donde el PRI no solo ha gobernado, sino que ha construido una forma de poder que se volvió paisaje, una estructura, una costumbre, una red que atraviesa  campañas, gobiernos municipales, congreso local, medios dependencias, programas sociales y liderazgos territoriales

Y cuando una estructura así empieza a sentir presión, no reacciona como un partido normal, reacciona como alguien que siente que le están moviendo el suelo bajo los pies. Coahuila importa hoy porque el PRI no está viviendo su mejor momento nacional. Tú lo sabes, hace algunos años el PRI era una maquinaria enorme.

Gobernaba estados, controlaba congresos, negociaba con todos, aparecía en todos lados y parecía imposible imaginar una política mexicana sin su sombra detrás de cada decisión importante. Pero el mapa cambió, Morena creció, el sistema de partidos se reordenó. Muchas gubernaturas que antes parecían intocables cambiaron de color y el PRI quedó reducido a menos espacios de poder. Eso Coahuila no es solo Coahuila.

Coahuila es símbolo, es refugio,  es vitrina, es prueba de supervivencia y ahí entra Alito Moreno, porque Alito no es un dirigente cualquiera.  Alito carga con una marca política pesada. Para unos representa la resistencia  del free frente a Morena. Para otros, representa la decadencia de un partido que ya no conecta con buena parte de la ciudadanía.

cada vez que habla no habla solo como dirigente, habla como alguien que intenta demostrar que el PRI todavía tiene fuerza, que todavía puede acusar, todavía puede levantar la  voz, sí, que todavía puede presentarse como víctima de un abuso, aún cuando muchos responden con una pregunta incómoda. ¿Con qué autoridad moral? Fíjate en esto.

La acusación central de Alito Esgrab sostiene que Morena estaría yendo casa  por casa para presionar a personas que tienen lonas o propaganda del PRI, supuestamente  amenazándolas con quitarles beneficios social. Si eso fuera cierto, sería gravísimo que ningún partido, sea el PRI, Morena, PAN, MC o cualquier otro, debería condicionar apoyos públicos a cambio de lealtad política.

Eso sería usar la necesidad de la gente como moneda electoral. Eso sería convertir derechos en castigos. Eso sería romper una línea básica de la democracia. Pero aquí viene lo fuerte. La reacción no fue simplemente hay que investigar.  La reacción de muchos críticos fue, Alito está denunciando esto en serio o está  intentando voltear la historia antes de que se le venga encima.

que en Coahuila, según los señalamientos que aparecen en el guion base, la conversación no gira solamente en torno a una denuncia puntual, gira en torno a una memoria política acumulada,  despensas, tarjetas, descuentos, empleos públicos, presión territorial, operadores, liderazgos locales, medios alineados y una sensación de que el poder no se compite en igualdad de condición.

Entonces, la pregunta no es menor. ¿Alito está defendiendo la libertad política de los ciudadanos o está tratando  de colocarse como víctima justo cuando el PRI enfrenta críticas por prácticas históricas que le han sido atribuidas durante años? Esa es la tensión que sostiene toda esta historia. Y para entenderla hay que bajar al terreno, hay que mirar el momento, hay que mirar a los actores, hay que mirar que se juega realmente.

En un lado está el PRI con Alito Moreno como rostro nacional, con liderazgos locales que intentan preservar su mayoría, su influencia y su capacidad de decisión dentro del Estado. En otro lado está Morena, que se presenta como fuerza que quiere romper esa  continuidad histórica. y quitarle al PRI espacios de poder en el Congreso local.

En el medio está la ciudadanía, especialmente los sectores que dependen de programas, apoyos o empleos públicos y que muchas veces quedan atrapados entre discursos políticos que hablan de libertad mientras en la práctica juegan con el miedo. Y eso es lo más delicado,  que cuando se habla de compra del voto, coacción electoral o uso de programas sociales, no se está hablando de un simple pleito de campaña, se está hablando de  gente real, personas que tienen miedo de perder una despensa, personas  que temen

que las corran de un trabajo. Adultos mayores que reciben apoyos. Familias que no pueden darse el lujo de desafiar a quien perciben como autoridad. Y cuando la política entra ahí, cuando la política toca el  plato de comida, el ingreso familiar o el acceso a un beneficio, deja de  ser debate, se vuelve presión.

Ahora bien, ¿por qué esto importa hoy y no hace un año que las elecciones locales  cambian el equilibrio de poder? Porque el Congreso local no es una oficina decorativa. El Congreso aprueba presupuestos, revisa cuentas, acompaña o frena al gobernador, permite nombramientos, autoriza deuda, modifica leyes y puede convertirse en un muro o en una puerta abierta para el ejecutivo  estatal.

Si un partido controla el Congreso, controla mucho más que curules, controla la capacidad  de blindar decisiones, controla tiempos, controla investigaciones, controla silencios. Por eso, cuando se dice que el PRI podría perder  mayoría, no se está diciendo una frase menor. Se está hablando de una posible ruptura en una arquitectura de poder.

Y cuando una arquitectura de poder se tambalea, empiezan las señales. Primero aparecen los discursos de miedo, luego las acusaciones cruzadas, después los vídeos virales, después las denuncias de operación territorial, después los medios toman postura, después las redes se incendian y al final lo que parecía una elección local se convierte en una batalla nacional por el relato.

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