Posted in

Máxima Zorreguieta: El Escándalo que Prohibió a Su Padre Entrar a la Boda Real

Es su segundo matrimonio. Tiene tres hijas mayores de su primera esposa, la escritora Marta López Hill. Pero según los testimonios cercanos, esta nueva familia que está construyendo con María del Carmen es la familia que verdaderamente quiere. A las 5:10 de la tarde nace una niña. Le ponen el nombre de Máxima Sorregeta Serruti, pero durante toda su infancia su familia y sus amigos la llaman simplemente Máxima.

La pequeña Máxima nace en una familia argentina particular. Su padre Jorge pertenece a una familia tradicional argentina, descendiente de inmigrantes vascos y propietarios de tierras en la provincia de Buenos Aires. Su madre, María del Carmen, llamada Coca por la familia, viene de una familia más modesta, pero oculta de la ciudad de Buenos Aires.

Y durante los siguientes 5 años, entre 1971 y 1976, los Sorregieta van a tener tres hijos más, Martín, Juan e Inés. Una familia numerosa de seis hijos en total, contando las tres hijas mayores del primer matrimonio de Jorge. Hay un detalle de los primeros años de máxima que pocas biografías cuentan. Los sorregeta, a pesar de pertenecer a una familia tradicional argentina con cierto prestigio social, no eran realmente ricos.

Vivían en un departamento del barrio porteño de Recoleta, modesto comparado con las residencias de las verdaderas familias aristocráticas argentinas. Jorge Sorregeta tenía un trabajo administrativo en la Sociedad Rural Argentina, una organización tradicional de propietarios de tierras. Pero su salario no era extraordinario. Según contarían décadas después, varias compañeras del Colegio de Máxima, en una entrevista a la revista Argentina Caras, publicada en 2018, la pequeña Máxima iba al colegio inglés Maryland llevando vianda cada día, no porque le gustara la

comida casera, sino porque sus padres no podían pagar el comedor escolar para sus cuatro hijos simultáneamente. y Máxima, según las compañeras, almorzaba sola muchos días con vergüenza, escondiéndose en una mesa de la cafetería para que las niñas más ricas del colegio no vieran su vianda económica preparada por su madre.

Hay una anécdota particular del paso de máxima por el colegio Maryland que pocas biografías cuentan completamente. Cuando Máxima tenía 9 años, en 1980, una compañera de clase suya organizó una fiesta de cumpleaños en su casa de Bario Parque. Era una de las niñas más ricas del colegio.

Su padre era un importante empresario argentino. La fiesta era considerada el evento social más importante del año en el círculo de Máxima. Pero según contaría décadas después esa misma compañera, en una entrevista publicada en 2016 en la revista Argentina Gente, la pequeña Máxima Sorregeta no asistió a la fiesta. Y la razón, según la compañera, no era falta de invitación, era que la madre de Máxima, María del Carmen Serruti, no había podido pagar el regalo apropiado para la ocasión.

La fiesta exigía regalos sofisticados, importados de las tiendas exclusivas del barrio y los sorregeta no podían permitirse comprar uno. Esa noche, según la compañera, la pequeña Máxima se quedó sola en su departamento de recoleta llorando. Su madre, según contaría décadas después, había prometido a su hija que algún día tendrían dinero suficiente para que ella no tuviera que sentir esa vergüenza social nunca más.

una promesa que María del Carmen, sin saberlo, ya estaba cumpliendo, porque 20 años después su hija no solo iba a tener dinero, iba a ser reina de un país europeo. Esa vergüenza social discreta de la infancia, según los biógrafos, iba a marcar profundamente la psicología de Máxima Sorregeta, una niña que aprendió desde muy pequeña, que su familia, a pesar de tener un apellido respetable, no pertenecía realmente a la élite económica argentina.

y una niña que, según contaría décadas después decidió desde los 10 años que iba a construir personalmente con su propio trabajo una vida diferente de la de sus padres. Pero en marzo de 1976, cuando la pequeña Máxima tenía solamente 4 años, ocurrió algo que iba a cambiar para siempre la historia argentina. Y sin que nadie lo supiera en ese momento, también iba a cambiar para siempre la vida de la pequeña máxima.

¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen. 24 de marzo de 1976, Buenos Aires. A las 3:10 de la madrugada, una junta militar argentina compuesta por el general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Macera y el brigadier Orlando Agosti, derroca a la presidenta argentina María Estela Martínez de Perón.

Tanques militares ocupan la plaza de mayo. La casa rosada es tomada por la fuerza y en pocas horas Argentina entera entra en la era más oscura de toda su historia moderna. Empieza el régimen militar autodenominado proceso de reorganización nacional, un régimen que durante los siguientes 7 años, entre 1976 y 1983, iba a torturar, desaparecer, asesinar a más de 30,000 argentinos según los organismos internacionales de derechos humanos.

Robar bebés a sus madres detenidas. hacer vuelos de la muerte, donde los detenidos eran tirados drogados desde aviones militares al Río de la Plata. Y dos meses después del golpe de estado militar, en mayo de 1976, el padre de Máxima, Jorge Sorgeta, aceptó un cargo oficial en ese gobierno. Fue nombrado primero subsecretario de agricultura y 3 años después, en 1979, fue ascendido a secretario de agricultura y ganadería, un cargo equivalente a ministro civil en el organigrama del gobierno militar.

Jorge Sorregeta, padre de máxima de 5 años en ese momento, era oficialmente parte del gobierno de Videla y durante los siguientes 5 años, hasta 1981 asistió a las reuniones gabinetales semanales, donde según los documentos desclasificados, décadas después se discutían las políticas económicas del régimen mientras los aparatos de seguridad estaban torturando y desapareciendo argentinos en centros clandestinos como la escuela de mecánica de la Armada de Buenos Aires.

¿Sabía Jorge Sorgueta lo que estaba pasando? Según las propias declaraciones que daría años después, él habría afirmado que no sabía nada, que su cargo era estrictamente económico, dedicado a la agricultura y la ganadería, y que él no estaba enterado de las operaciones secretas de represión política. Sin embargo, según los historiadores serios que han estudiado la dictadura argentina, esa afirmación es absolutamente insostenible.

Un secretario de Estado del Gobierno de Videla, asistiendo cada semana a reuniones gabinetales, no podía no saber lo que el propio gobierno del que formaba parte estaba haciendo. Pero la pequeña Máxima durante esos años era una niña de 5 a 10 años. No entendía nada. Veía a su padre salir cada mañana al trabajo con traje y corbata.

Veía a su padre volver cada tarde a la casa con regalos. Veía a su padre celebrar las Navidades con la familia. Y para ella, su padre era simplemente papá, el hombre cariñoso que la cuidaba, el hombre que le contaba cuentos antes de dormir, el hombre que la llevaba al parque los fines de semana, cuando muchos años después, en 1999, Máxima conocería por primera vez a un príncipe holandés llamado Guillermo Alejandro.

Ella todavía no sabía realmente la dimensión exacta de lo que su padre había hecho durante los años 70. Ella conocía la versión que su padre le había contado durante toda su infancia, una versión donde Jorge Sorregeta era un técnico económico que había aceptado un cargo civil, una versión donde su padre había trabajado para el bien de Argentina durante un periodo difícil.

Read More