El escenario político en Colombia atraviesa uno de sus momentos más críticos en las últimas décadas. En el centro de la tormenta se encuentra un intenso debate jurídico y social, alimentado por las recientes intervenciones del abogado constitucionalista Mauricio Gaona, quien ha encendido las alarmas sobre el estado de la democracia en el país. Sus advertencias, fundamentadas en un análisis técnico del ordenamiento legal vigente, sugieren que lo que está en juego no es simplemente una elección presidencial, sino la preservación misma del sistema de gobierno y el respeto a la Constitución de 1991.
Para el abogado Gaona, el panorama es claro: nos encontramos en un punto de inflexión donde se están intercambiando disfraces institucionales para alcanzar fines de concentración de poder. Lo que comenzó hace meses bajo la premisa de una Asamblea Nacional Constituyente ha mutado, según el análisis del experto, hacia el concepto de “acuerdo nacional”. Este cambio de terminología es, a su juicio, una táctica distractora que no implica un giro en las intenciones del Ejecutivo, sino una adaptación estratégica ante la resistencia pública y los resultados electorales adversos.
Gaona compara este proceder con tácticas observadas en otros países de la región, donde el lenguaje de la
concertación es utilizado como una máscara antes de socavar la legitimidad de otros poderes públicos. El constitucionalista subraya que, cuando los acuerdos nacionales fracasan por falta de voluntad real o intereses contrapuestos, el riesgo de avanzar hacia una “dictadura constitucional” aumenta considerablemente.
El hierro jurídico irreparable
Uno de los puntos centrales del análisis de Gaona es la reciente controversia surgida tras la actuación de la representante Gloria Arizabaleta, quien planteó la posibilidad de suspender al presidente Gustavo Petro. Para el constitucionalista, este episodio constituye un “hierro jurídico irreparable” que demuestra un desconocimiento profundo, o una interpretación sesgada, de la Carta Magna.
Gaona explica que la Constitución colombiana es clara en cuanto a los fueros presidenciales y los procedimientos necesarios para una medida de tal magnitud. Según el experto, intentar suspender a un alto dignatario mediante mecanismos que no están previstos en la Constitución, ni cuentan con la competencia necesaria, es violar principios fundamentales como la supremacía constitucional, el debido proceso y la legitimidad de la función pública. El abogado insiste en que, más allá de la filiación política, lo que se vulnera es la institucionalidad. Se trata de un precedente grave que, de normalizarse, dejaría las puertas abiertas para que cualquier autoridad interprete la ley a su antojo, ignorando la estructura jerárquica y protectora que ofrece el derecho constitucional.
El uso del “Acuerdo Nacional” como estrategia

El constitucionalista no duda en afirmar que el anuncio de la suspensión de la recolección de firmas para una Asamblea Nacional Constituyente, efectuado por el sector del Pacto Histórico, debe ser visto con profundo escepticismo. Para Gaona, no existe una renuncia real a esta pretensión. Al comparar la situación con los precedentes regionales, el abogado señala que el cese temporal es simplemente una pausa táctica.
El objetivo parece ser esperar a que pase la coyuntura electoral para retomar el proyecto con mayor fuerza. Esta percepción, alimentada por años de discursos públicos que han defendido la necesidad de cambiar el marco constitucional, genera una desconfianza justificada entre diversos sectores de la sociedad civil. La historia reciente de países vecinos —donde procesos similares culminaron en el cierre de congresos o la anulación de mayorías opositoras mediante sentencias judiciales— sirve como espejo para las advertencias de Gaona.
La censura y el terreno de lo público
Otro de los temas que han generado indignación y que Gaona aborda con detalle es la decisión judicial que ordena retirar publicidad política y símbolos patrios, como el uso de la bandera o ciertas expresiones, a campañas de oposición. El experto cuestiona duramente que un juez de la República pretenda limitar la libertad de expresión política de esta manera.
A juicio de Gaona, prohibir el uso de eslóganes o símbolos en el marco de una campaña política, alegando razones que rozan lo subjetivo y lo interpretativo, constituye una afrenta a los tratados internacionales de Derechos Humanos suscritos por Colombia. El constitucionalista sostiene que la libertad de opinión es la base de una sociedad democrática. Cuando se pretende amordazar la expresión pública bajo el argumento de proteger símbolos nacionales —que históricamente pertenecen a todos los ciudadanos y no a un grupo político específico— se está invirtiendo el orden de las libertades. El abogado enfatiza que, si bien existen normas para el uso de símbolos, estas no pueden ser utilizadas como herramientas para silenciar a la oposición o limitar el ejercicio democrático de los ciudadanos.
Un llamado a la reflexión institucional
La situación actual, marcada por la polarización y la fragilidad de las instituciones, requiere, según Gaona, un apego irrestricto al Estado de Derecho. El constitucionalista advierte que el país está operando bajo una suerte de “dislexia constitucional”, donde la interpretación de las normas se ajusta según la conveniencia política del momento.
Para los defensores de la democracia, el mensaje de Mauricio Gaona es un llamado a la vigilancia ciudadana. En un entorno donde las decisiones judiciales parecen estar teñidas de intencionalidad política y donde las promesas de diálogo son vistas como tácticas de dilación, la defensa de las instituciones no debe ser una tarea exclusiva de los abogados, sino un imperativo de cada ciudadano.
El futuro de la nación, tal como señala Gaona, depende de la capacidad de mantener el marco constitucional intacto ante los embates de quienes, amparados por el poder, buscan reformar el sistema para perpetuar una visión particular del Estado. La historia ha demostrado que, cuando la Constitución se convierte en un objeto maleable al servicio de un gobernante, la libertad ciudadana es la primera víctima. Por tanto, el análisis de expertos como Gaona no es solo un ejercicio académico, sino una luz de advertencia necesaria para una sociedad que busca preservar su democracia frente a cualquier amenaza autoritaria.
La constante tensión entre el poder Ejecutivo y las instancias de control, sumada a la desconfianza generalizada en el sistema judicial, plantea un horizonte desafiante para los próximos años. Sin embargo, la insistencia en la supremacía de la ley y el respeto por los fueros institucionales parece ser la única ruta segura para evitar que Colombia caiga en una crisis de gobernabilidad sin retorno. En este sentido, la voz de quienes, como Gaona, ponen en evidencia las grietas del sistema y las violaciones a la legalidad se vuelve fundamental para un electorado que, en última instancia, deberá decidir qué tipo de país desea construir para las generaciones futuras.
Este análisis nos obliga a mirar más allá de las campañas electorales y enfocarnos en lo que realmente define el carácter de una nación: la solidez de sus leyes y la independencia de sus instituciones. La advertencia está hecha, y las consecuencias de ignorarla podrían ser, como advierte el constitucionalista, irreparables para el orden republicano que ha caracterizado a Colombia durante más de un siglo.