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Carmen Salinas: Confesó la Asquerosidad que le Hacía a los Niños que “Adoptaba”

14 niños que se borraron de las redes sociales después de cruzarse con Carmen entre 2015 y 2018. Una grabación brutal de 23 minutos donde se oye a la actriz pronunciar una madrugada de 1999, la fecha exacta en la que iba a morir, y una llave de metal viejo que desapareció del cajón de su buró la misma madrugada en que su corazón dejó de latir.

Cuando entiendas cómo se cruzan esas tres cosas, no vas a poder volver a ver a Carmelita Salinas como antes y vas a entender mejor que nunca por qué Andrés García durante 21 años se negó a aceptar trabajos donde apareciera ella. Pero esta historia no arranca en el podcast Penitencia ni en una celda fría de Puente Grande.

Arranca en octubre de 1945 en el cuarto de limpieza de un asilo de huérfanos en Torreón. Coahuila. En una noche de invierno donde una niña de 6 años descubrió encadenada por la cintura un tubo de agua fría que Dios esa noche no estaba escuchando. La niña se llamaba Carmen Salinas Lozano. Nació el 5 de octubre de 1939 en una casa pegada a la avenida Leona Vicario, número 27 Norte.

Era la séptima de ocho hermanos. La madre, según contó la propia Carmen en más de una entrevista, no tenía dinero para alimentarlos a todos. Lloraba en silencio cuando se acababa la última tortilla. Y un día, sin poder más, tomó una decisión que cambió la vida de esa niña para siempre. La envió a un asilo de huérfanos en el centro de la ciudad.

El edificio era frío. Las paredes olían a humedad y a cloro barato. Las camas eran de metal oxidado y chillaban con cada movimiento. Las monjas que dirigían el lugar no eran todas iguales, según los recuerdos que Carmen compartió años después. Algunas eran cariñosas, otras no. Una en particular, según el testimonio de la propia actriz, tenía un castigo que repetía con las niñas más pequeñas.

Si una de ellas se mojaba la cama por el frío, la llevaba del dormitorio común al cuarto de limpieza, la dejaba ahí sola, a oscuras, con un cuarto donde se escuchaban ratas durante toda la noche. Carmen tenía 6 años la primera vez que pasó por eso. Se mojó la cama porque era invierno y no había suficientes cobijas.

La monja la sacó del catre sin decir una palabra. La llevó al cuarto, la dejó dentro. sentada en el suelo de piedra contra un tubo de agua fría y le dijo, según contó Carmen décadas después en una entrevista para Televisa, que Dios la estaba castigando por ser sucia, que rezara, que pidiera perdón. Carmen rezó esa noche.

Le rezó a una virgen que su mamá le había enseñado a querer, pidiendo que la sacaran de ahí. Nadie la sacó. Y según versiones que ella misma soltó en sus últimos años, esa noche entendió algo que iba a definir el resto de su vida, que el dios al que su mamá le había enseñado a rezarle esa noche no la escuchó. La pequeña Carmen pasó tres noches más en ese cuarto antes de que su madre, avisada por una vecina, fuera a sacarla, pero el daño ya estaba hecho.

La niña que entró al asilo no fue la misma niña que salió. Algo se rompió por dentro, algo que, según periodistas que cubrieron su carrera durante décadas, ella nunca pudo reparar del todo. Imagina por un momento que esa niña sentada en el suelo de piedra, esa niña de 6 años escuchando ratas en la oscuridad, fuera tu hija, tu hermana menor, tu propia mamá cuando era pequeña.

Imagínalo durante 5 segundos antes de seguir viendo, porque esa misma niña, según el sicario que la nombró 60 años después, le haría a otros niños algo que ningún padre podría imaginar sin ponerse a temblar. El día que la madre de Carmen volvió por ella, según contó la propia actriz en una entrevista que dio al programa Mujer, Casos de la vida real, en 1998, no hubo abrazo.

Carmen no corrió hacia ella. La madre la encontró sentada en una banca del patio con la mirada clavada en el suelo. Ya no era la misma. La madre le preguntó si quería irse. Carmen le respondió en voz baja una sola palabra. Depende. La madre le preguntó, “¿Depende de qué?” Carmen le contestó, “Depende de si mi cuarto va a tener ratas.

” La madre se quebró ahí mismo, según el relato que la actriz repitió tres veces en distintos años. De vuelta en Torreón, Carmen no quiso volver a dormir sola hasta los 9 años. Pedía dormir con su hermana mayor, Estela. Si Estela no estaba, dormía en el suelo del cuarto de los padres, mojaba la cama hasta los 11. Y según una de sus hermanas, en una entrevista publicada por El Siglo de Torreón en 2022, Carmen a los 12 años empezó a hablar dormida.

Mencionaba nombres, nombres de gente que la familia no conocía y a veces en sus pesadillas decía una palabra, una palabra de cuatro letras. Alma. Esa palabra alma sería el mismo nombre que el sicario Beto pronunciaría 60 años después en el podcast Penitencia. Y según un primo lejano de Carmen que dio una entrevista anónima a un medio digital en marzo de 2026, Carmen le habría dicho una vez en los años 70 que Alma era el nombre de una niña que había estado en el asilo con ella, una compañera 3 años mayor, una niña que la protegía del frío, una niña

que un día desapareció del asilo sin que nadie volviera a mencionarla y que según Carmen, se le aparecía en sueños cuando estaba muy triste. Lo que sí hizo Carmen, ya siendo una mujer famosa y rica, fue volver a ese asilo cada cierto tiempo. Llevaba cajas de huevo, costales de frijol, sacos de azúcar, leche en polvo.

Dejaba dinero, abrazaba a las niñas, les decía que iba a estar bien, que ella había salido de ahí y se había convertido en alguien. Eso fue lo que el público vio, lo que se publicó en revistas, lo que se contó en homenajes. Pero según el testimonio de Beto, el sicario que apareció en el podcast Penitencia en febrero de 2026, las visitas de Carmen al asilo de huérfanos no se limitaban a llevar comida y los niños a los que ella se acercaba en algunos casos jamás volvieron a aparecer en las fotos del año siguiente.

Pero antes de llegar a eso, hay que entender lo que pasó en los años intermedios. Porque entre la niña encadenada de 1945 y la mujer señalada por un sicario en 2026, hubo ocho décadas. Y en esas ocho décadas Carmen perdió mucho más de lo que ganó, empezando por seis hijos. Carmen se casó el 12 de noviembre de 1956.

Tenía 16 años recién cumplidos. Él tenía 25. Se llamaba Pedro Placencia Ramírez y era un pianista de la Ciudad de México que tocaba en la XW, una de las emisoras más importantes del país. Se conocieron en una fiesta. Él la vio cantar. Le dijo que tenía algo. 4 meses después estaban casados. La luna de miel fue corta.

Carmen quedó embarazada casi de inmediato y a las 16 semanas perdió a su primer bebé. La doctora le dijo que su cuerpo todavía no estaba listo, que era muy joven, que descansara, que esperara 2 años. Carmen volvió a quedar embarazada tr meses después. perdió ese también. Y al siguiente y al siguiente. En total, según ella misma contó en una entrevista al programa de primera mano en 2018, perdió cinco hijos antes de poder tener uno vivo.

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