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El Papa León XIV PARALIZA todo cuando el Padre Espinosa le revela a la Niña Migrante que ESCONDÍAN

Hay un momento en esta historia todavía lejano cuando estas líneas comienzan en que un micrófono abierto frente a cientos de testigos lo cambiará todo. Un sacerdote mexicano, cansado y con los zapatos llenos de polvo de Madrid, dirá una sola frase que nadie en esa sala tendrá el valor de rebatir. Pero antes de ese momento hubo una niña de 6 años escondida en un pasillo, un hombre de traje azul que sonreía mientras la borraba del mapa y una pregunta que cambiaría el viaje entero.

Antes de continuar con la historia, por favor, haz clic en el botón de me gusta, suscríbete al canal y comenta. ¿Estás de acuerdo con Padre Espinoza? Tu ayuda es muy importante. Ese tema está siendo revisado en términos de logística, dijo Damián Robledo y sonríó. Esa sonrisa fue lo que más le molestó a Padre Espinoza.

No, el no. El no lo había escuchado mil veces en 59 años de sacerdocio. Lo que le revolvió el estómago fue la sonrisa tranquila, cordial, ensayada frente al espejo. La sonrisa de un hombre que ha aprendido que puedes negarle todo a alguien mientras le caes bien. Estaban en una sala de la terminal de Barajas a las 8 de la mañana con vasos de café de máquina enfriándose sobre la mesa.

Pero para entender por qué un sacerdote mexicano de sotana arrugada estaba a punto de discutir con el jefe de imagen de la visita papal, hay que retroceder dos horas. El avión había tocado pista a las 7:40. Espinoa bajó por la escalerilla con su maleta de rueditas. Una de ellas chirriaba como alma en pena y el sol de junio le pegó en la cara con una intensidad casi ofensiva.

No venía como invitado de honor, venía como lo que era, un cura mexicano con años de trabajo entre comunidades migrantes, incluido en el grupo pastoral ampliado del viaje apostólico del Papa León XIV. Los que atendían, según él mismo decía, a los que no caben en la foto. En la terminal lo esperaba Lucía Vargas, voluntaria de Cáritas Madrid, 27 años y cara de cuatro noches sin dormir.

Padre Espinoza preguntó revisando su tableta, el mismo que viste y calza. Aunque las calzas vienen del avión, así que pido disculpas anticipadas a su nariz. Ella soltó media risa. la primera de varios días. Lo llevó por un pasillo lateral lejos de las cámaras y ahí fue donde Espinoza la vio. Una niña pequeña de unos 6 años sentada en el suelo contra la pared abrazando una mochila rosa más grande que ella.

Junto a la niña, una mujer joven con la mirada de quien ha aprendido a no esperar nada de nadie. Se llama Aminata, dijo Lucía en voz baja. La mamá es Fátima. Cruzaron en Cayuco hasta Gran Canaria hace 8 meses. La conferencia Episcopal las trajo a Madrid con otras 14 personas para que estuvieran en uno de los actos sociales del Papa.

¿Y por qué están en un pasillo y no en una sala? Luciano respondió, no hizo falta. Espinoza se acuclilló frente a la niña con un crujido de rodillas que delataba sus 59 años y le sonrió. Bonita mochila dijo en español lento. ¿Qué llevas ahí? un tesoro. Ainata lo miró con unos ojos enormes y después de pensarlo mucho, abrió un poco el cierre y le mostró un cuaderno de dibujo gastado.

Espinosa asintió con seriedad de experto. Eso, mija, vale más que todo lo que hay en este aeropuerto. Fue entonces cuando lo llevaron al briefing de Robledo. Y fue entonces cuando 40 minutos después de escuchar hablar de zonas de acceso, manejo de medios y la imagen que el operativo quiere proyectar al mundo, Espinoza levantó la mano como un alumno de primaria y preguntó dónde iban a ubicar al grupo de migrantes canarios durante el acto de esa tarde.

Y Robledo sonrió y dijo lo de la logística. Mire, licenciado, dijo Espinoza usando la palabra licenciado con una suavidad que era casi más filosa que un insulto. Le voy a ser franco porque a mi edad ya no me da tiempo de andar con rodeos. Hace dos horas vi a una niña de 6 años sentada en el suelo de un pasillo abrazando una mochila.

Se llama Aminata. ¿Esa niña es un problema de logística o es una invitada del Santo Padre? Padre, le aprecio mucho, de verdad, dijo Robledo, y la sonrisa no se movió ni un milímetro. Y nadie aquí quiere esconder a nadie, pero usted tiene que entender que un evento de esta magnitud se transmite a 190 países. Hay sensibilidades, hay equilibrios.

No podemos convertir una visita pastoral en un acto político sobre migración. No, claro que no, dijo Espinoza. Mejor la convertimos en un acto político sobre lo bonita y ordenada que es España. Eso sí no es política. Lucía bajó la mirada hacia su tableta para esconder algo que no era profesional. Está malinterpretando mis palabras, dijo Robledo.

Y por primera vez la sonrisa se tensó en las comisuras. Puede ser. Soy de provincia. A veces se me cruzan los cables. A ver si así lo entiendo mejor. Díganme una cosa, ¿el papa viene a ver España o viene a ver la España que ustedes le quieren enseñar? El silencio que siguió duró lo suficiente como para escuchar el zumbido del aire acondicionado y un teléfono que vibraba sin parar sobre la mesa.

Robledo cerró su carpeta despacio. Cuando volvió a hablar, su voz seguía siendo amable y eso era precisamente lo inquietante. Padre, voy a serle muy claro y se lo digo con todo mi respeto. Usted está aquí como personal pastoral de apoyo. Es un honor que la Conferencia Episcopal lo haya invitado.

Sería una lástima que ese honor se complicara por un malentendido sobre cuáles son sus funciones. Hizo una pausa milimétrica. ¿Me explico? Ahí estaba, la amenaza perfumada, planchada, servida en bandeja con una sonrisa. Espinoza lo miró un largo momento. Luego, contra todo pronóstico, también sonríó. Perfectamente, licenciado. Usted cuida la imagen, yo cuido las almas.

Trabajamos en cosas distintas, no se preocupe. Tomó su vaso de café ya frío y le dio un trago como si fuera lo más rico del mundo. Aunque le confieso una cosa, yo nunca he visto a Dios pedirle a nadie su credencial antes de dejarlo entrar. Robledo se levantó, se ajustó el saco azul marino que calculó Espinoza de un vistazo costaba más que su boleto de avión y salió sin despedirse.

Cualquier contacto con medios dijo desde la puerta debía pasar por su oficina. Cuando la puerta se cerró, Lucía finalmente levantó la vista. Lleva 4 días aquí”, dijo, y ya van tres veces que nos dice que algo está siendo revisado en términos de logística. “Esa frase la inventó el en una junta de trabajo”, murmuró Espinoza y se levantó con otro crujido de rodillas.

Por la ventana de la sala se veía un fragmento del cielo madrileño, limpio, de un azul demasiado perfecto, con una sola nube blanca cruzando despacio hacia el este. Espinosa pensó, casi sin quererlo en una línea del salmo 82 que llevaba días dándole vueltas. Defended al débil y al huérfano. Haced justicia al pobre y al necesitado.

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