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Rodolfo Fierro: El Sicario de Pancho Villa que Ejecutó a 300 Prisioneros en un Solo Día

Rodolfo Fierro: El Sicario de Pancho Villa que Ejecutó a 300 Prisioneros en un Solo Día

Había 300 prisioneros federales encerrados en el corral de la hacienda de Camargo en el estado de Chihuahua en el oono de 1913. Eran soldados del ejército de Victoriano Huerta, capturados en combate por las fuerzas de la división del norte de Pancho Villa. El problema logístico era real. No había suficiente comida para mantenerlos, no había guarnición suficiente para custodiarlos con seguridad y trasladarlos requería recursos que la división del norte no temía en ese momento.

Pancho Villa llamó a Rodolfo Fierro. Fierro era el hombre al que Villa llamaba cuando había un problema que no podía resolverse con negociación ni con tiempo. Era su ejecutor, su sicario, el hombre que hacía lo que otros no podían hacer o no querían hacer o no tenían el estómago para hacer. Lo que ocurrió en el corral de Camargo ese día es uno de los episodios más documentados y más perturbadores de toda la revolución mexicana.

 Rodolfo Fierro ejecutó personalmente a los 300 prisioneros, uno por uno, con su pistola, disparando hasta que el arma se calentaba demasiado para seguir usándola, esperando a que se enfriara y continuando. Le llevó varias horas. Al final de ese día, Rodolfo Fierro era el hombre más temido del ejército más temido del norte de México.

 Y esa reputación, construida sobre 300 cuerpos en un corral de hacienda, lo definiría para el resto de su vida y para el lugar que ocupa en la historia. Esta es la historia de Rodolfo Fierro. No es una historia fácil, pero es una historia que dice algo real sobre lo que fue la revolución mexicana, sobre el tipo de hombres que produjo, sobre la violencia que generó.

 y sobre la manera en que los ejércitos en guerra se relacionan con la vida humana cuando la guerra dura suficiente tiempo. Rodolfo Fierro había nacido alrededor de 1880 en el estado de Sinaloa, aunque las fuentes no son unánimes sobre la fecha ni sobre los detalles exactos de su infancia.

 Lo que sí ha estado comentado es que antes de la revolución trabajó como ferroviario en el norte de México, primero como peón en la construcción de vías y luego como maquinista. Era un trabajo que en esa época y en esa región requería fuerza física, resistencia al calor y al frío del desierto chihuahüense y la capacidad de funcionar en condiciones de aislamiento durante semanas o meses.

 Los ferrocarriles del norte de México en esa época eran la columna vertebral de la economía extractiva porfirista. Llevaban los minerales de las minas a los puertos, conectaban las haciendas con los mercados y transportaban a los jornaleros que la industria necesitaba. Trabajar en esos ferrocarriles significaba conocer el norte de México con una intimidad geográfica y logística que pocas otras ocupaciones proporcionaban.

Fierro era alto, de complexión fuerte, con una presencia física que sus contemporáneos describían como imponente. No era un hombre que pasara desapercibido en una habitación ni en un campo de batalla. y tenía, según todos los que lo conocieron y sobrevivieron para contarlo, una cualidad que resulta difícil de describir con precisión, pero que sus testimonios capturan de manera consistente.

 Una indiferencia ante la muerte, que no era el valor del soldado que supera el miedo, sino algo más fundamental, la ausencia del miedo mismo. Los hombres valientes temen y actúan a pesar del miedo. Fierro, según quienes lo observaron en combate, no parecía temer. entraba al peligro con la misma expresión con que habría entrado a una cantina.

 Disparaba con la precisión del hombre que no tiene el pulso acelerado por la adrenalina. Y cuando terminaba un combate, cuando otros celebraban o descansaban o procesaban lo que había ocurrido, Fierro simplemente esperaba la siguiente orden. Se unió a la revolución en 1910 al movimiento que Madero había iniciado contra Porfirio Díaz, aunque los registros de su actividad en esos primeros años son fragmentarios.

Lo que está claro es que para 1913, cuando la revolución contra Huerta comenzó y Pancho Villa emergió como el comandante más importante del norte, Fierro ya era parte del círculo cercano de Villa y ya tenía la reputación que lo acompañaría el resto de su vida. Los años como ferroviario habían dejado en fierro algo más que músculo y resistencia física.

Le habían dado una comprensión práctica de la logística, de cómo se mueven las cosas y los hombres por el territorio, que resultó valioso en el ejército que construyó Villa alrededor de los trenes. Fierro conocía los trenes desde adentro. sabía cómo funcionaban las locomotoras, cómo se cargaban los vagones, qué podía fallar y cuándo.

Eso lo hacía útil más allá de su capacidad para la violencia, aunque era esa capacidad la que definía su lugar en el ejército. Hay un detalle en la biografía de fierro que resulta significativo. Era sinaloense en un ejército predominantemente chihuahuense. solo ponía en una posición de cierto aislamiento cultural respecto a los hombres con quienes combatía.

 Hombres que en su mayoría habían nacido en las sierras y desiertos de Chihuahua y que llevaban generaciones de historia familiar en esa tierra. Fierro no tenía esas raíces en el norte. Lo que tenía era la lealtad personal a Villa, que en el mundo de la división del norte era el equivalente funcional de cualquier otra forma de pertenencia.

Mientras Villa confiara en él, Fierro tenía un lugar y Villa confiaba en él porque Fierro nunca lo defraudaba en lo que más importaba. La relación entre Pancho Villa y Rodolfo Fierro es uno de los vínculos más oscuros y más reveladores de toda la revolución mexicana. No era simplemente la relación del comandante y el subordinado, ni la del hombre carismático y el ejecutor leal.

era algo más complejo y más inquietante. La relación del hombre que necesita que ciertas cosas ocurran con el hombre que puede hacerlas ocurrir sin que ninguno de los dos tenga que articular exactamente qué es lo que está ocurriendo. Villa no era un hombre sin violencia propia. Su historia personal antes de la revolución incluía episodios de violencia que los distintos biografos han reconstruido con mayor o menor fiabilidad.

 y su conducta durante la revolución incluye órdenes de ejecución que firmó personalmente y sin intermediarios. Pero Villa tenía también una dimensión política y estratégica que requería que ciertas cosas no fueran directamente atribuibles a él, que hubiera una distancia entre su imagen pública y los actos que esa imagen no podía sostener sin costo. Fierro era esa distancia.

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