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(CHIHUAHUA, 2024): Caso Nazario, un repartidor entregó su último pedido y desapareció

(CHIHUAHUA, 2024): Caso Nazario, un repartidor entregó su último pedido y desapareció

Nazario salió de su casa en Chihuahua a las 6 de la mañana, besó a su esposa dormida y fue a trabajar como cualquier otro día. Esa tarde el sistema registró que completó su ruta. 19 entregas, todas confirmadas, todo en orden. Pero Nazario nunca volvió a casa. Y lo que nadie sabía todavía es que alguien lo estaba siguiendo desde su penúltima entrega.

El 26 de abril de 2024, Nazario Fuentes salió de su casa en Chihuahua a las 6:15 de la mañana, como lo hacía cada día desde hacía casi dos años. besó a su esposa en la frente sin despertarla del todo. Revisó su teléfono, tomó las llaves de la camioneta, cerró la puerta con cuidado para no hacer ruido.

No hubo pelea, no hubo amenaza previa, no hubo señales de alarma, solo un hombre que salió a trabajar y que nunca regresó. Su esposa, Miriam, lo esperó con cena caliente hasta las 10 de la noche. A las 11 marcó su celular por primera vez. Entró directo al buzón. Volvió a marcar. Buzón. Volvió a marcar a la medianoche, a la 1 de la madrugada, a las 3.

Buzón, siempre buzón. Para cuando amaneció el 27 de abril, Miriam ya sabía que algo estaba muy mal. Pero lo que nadie podía imaginar todavía era la magnitud de lo que había pasado, ni la ruta que había tomado ese día y lo que el algoritmo de un marketplace iba a revelar horas después, convirtiendo la desaparición de Nazario en uno de los casos más perturbadores que las autoridades de Chihuahua habían enfrentado en años recientes, porque el sistema registró que su ruta fue completada, todos los pedidos entregados, confirmados,

sin anomalías. Pero Nazario volvió a casa. Antes de continuar, si estás escuchando esto desde algún rincón de México o desde cualquier parte del mundo, suscríbete al canal, deja tu like y cuéntanos en los comentarios desde dónde nos escuchas. Eso nos ayuda muchísimo a seguir trayendo historias como esta. Ahora sí vamos a fondo.

Para entender lo que pasó ese día, hay que entender quién era Nazario Fuentes. Tenía 34 años. Era originario de Cuautemoc, un municipio a unos 120 km al suroeste de la capital chihuahuense, una zona conocida por sus comunidades menonitas, sus manzanares interminables y su tranquilidad relativa comparada con la ciudad.

Nazario había crecido ahí en una familia de agricultores de clase trabajadora, el segundo de cuatro hijos. Su padre cultivaba maíz y trabajaba de jornalero en temporadas difíciles. Su madre cosía ropa por encargo. Nazario no había tenido una infancia fácil, pero tampoco traumática. Era el tipo de niñez que se describe como sencilla, sin lujos, con lo necesario.

Aprendió desde chico que el trabajo no se discute, se hace. A los 19 años se mudó a Chihuahua capital buscando mejores oportunidades. Trabajó en construcción, en una tienda de autopartes, en un depósito de gas. Era hábil con las manos y más hábil todavía con la gente. Los que lo conocían decían que tenía facilidad para caerle bien a cualquiera.

Una sonrisa natural, nada forzado. A los 26 conoció a Miriam Castillo en una fiesta de 15 años en la colonia La Cañada. Ella estudiaba enfermería. Él ya manejaba un taxi de aplicación. Se casaron dos años después en una ceremonia pequeña en la parroquia de San Francisco de Asís en el centro histórico de Chihuahua. Para 2022, Nazario había dejado el taxi y se había registrado como repartidor en una plataforma de entrega de paquetes, uno de esos marketplaces grandes que operan en todo el país y que en Chihuahua tienen un centro de

distribución en la zona industrial del sur poniente. El trabajo le convenía. Podía organizar sus horarios con cierta flexibilidad, era bien pagado comparado con otras opciones y él conocía la ciudad como la palma de su mano. Tenían una hija de 2 años, Sofía. Vivían en una casa rentada en la colonia industrial Nogales, al sur de la ciudad.

Una zona tranquila, de clase media baja, calles angostas, bardas de block, perros que ladran detrás de las rejas, normal, común, la vida cotidiana de miles de familias chihuahüenses. Esa vida cotidiana se fracturó el 26 de abril. El turno de Nazario ese día comenzó como todos los demás. llegó al centro de distribución conocido entre los repartidores simplemente como el CD.

A las 7:20 de la mañana firmó entrada, cargó su lote de paquetes en la camioneta, una Nissan Suru modelo 2010 color blanco, placas de Chihuahua. Era un vehículo viejo, pero en buen estado mecánico. Nazario lo cuidaba, le hacía servicio cada 3 meses sin falta. El lote del 26 de abril comprendía 19 paquetes, direcciones distribuidas en distintas zonas del norte y nororiente de la ciudad, colonias como Altavista, Villa del Real, Periférico de la Juventud, Partes del Boulevar Ortiz Mena.

Una ruta larga pero manejable. Nazario había hecho rutas similares decenas de veces. Salió del CD a las 8:15. Las primeras horas transcurrieron con normalidad absoluta. El sistema de la plataforma registra en tiempo real cada confirmación de entrega. A las 8:17, primera entrega confirmada en la colonia Alta Vista.

A las 8:44 segunda confirmada a las 9:03 tercera. El patrón era consistente. El ritmo de un repartidor experimentado que conoce la ciudad y no pierde tiempo. A las 11:30 de la mañana, Nazario tenía ya 12 de los 19 paquetes entregados. mandó un mensaje a Miriam a esa hora, un mensaje de WhatsApp corto. “Voy bien, a mediodía paso a comer si puedo.

” Miriam respondió con un emoji de corazón y le preguntó si quería que le calentara sopa. Él no respondió eso. No era raro, estaba manejando. Lo que sí es raro, lo que los investigadores notaron meses después cuando revisaron el historial completo es que ese fue el último mensaje que Nazario envió voluntariamente, el último contacto humano documentado.

A partir de ahí solo quedan las confirmaciones del sistema y esas confirmaciones son lo que hace este caso tan desconcertante. Las entregas 13, 14, 15 y 16 fueron confirmadas entre las 11:48 y la 1:22 de la tarde. Tonas del periférico de la juventud. Un corredor amplio y comercial en el costado norponiente de la ciudad.

Nada inusual en los registros. Coordenadas GPS dentro del rango esperado. Tiempos razonables. La entrega número 17 se registró a las 277 en una calle de la colonia Villa del Real, la 18, a las 3:44 en una dirección del boulevar Ortiz Mena. La 19 y última, a las 4:51 de la tarde, en una colonia al nororiente de la ciudad, cuyo nombre los familiares de Nazario conocerían muy bien en los meses siguientes.

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