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¡IMPRESIONANTE! Así VIVE ELSA CÁRDENAS en su DEPA a los 93 AÑOS – Su Romance con Elvis

 El inglés te entraba por los oídos desde la cuna, casi por osmosis. Y claro, las películas de Hollywood eran el pan de cada día, las consumían tanto como nuestro propio cine de oro. Además, crecías sabiendo que cruzando esa línea imaginaria a unos cuantos pasos tenías un universo completamente distinto al alcance de la mano.

 Llegamos a los años 40. Elsa ya era una jovencita que sentía el llamado del arte, aunque todavía andaba descifrando cómo darle forma a ese sueño. Y claro, su ciudad seguía siendo esa esponja cultural. El idioma de San Diego se metía hasta la cocina por la señal de radio. Lo leías en las revistas y sobre todo lo escuchabas en las calles.

 Esos turistas que pasaban la garita venían buscando justo lo que en California estaba prohibidísimo o simplemente no existía. Así fue como Elsa dominó el idioma sin sudar una gota. Lo hizo suyo de la misma forma en que un niño aprende a hablar, simplemente escuchando a su entorno. Cero clases aburridas de gramática. Para ella, el inglés no era una materia escolar, era la banda sonora con la que había crecido.

 Esa naturalidad se convirtió en su arma secreta. Ninguna escuela, por más cara que fuera, te podía enseñar un acento tan auténtico y real. Ahora hablemos de su familia. Los Cárdenas no tenían absolutamente nada que ver con el cine, nada. Así que ella tuvo que picar piedra y abrirse camino por la vía más ruda, a puro pulso y talento, sin palancas, sin un apellido famoso que le abriera las puertas.

 Y eso tiene un mérito brutal, especialmente si recordamos que en esos tiempos la industria en México era un monopolio feroz. Esos grandes estudios te dictaban todo lo que firmabas, en qué película salías, cómo debías peinarte y caray, hasta con quién podías salir en público. Todo estaba fríamente calculado por ellos.

 Colarte en ese círculo cerrado siendo una completa desconocida, era casi una misión imposible. Necesitabas un físico impactante, muchísima capacidad actoral y unas ganas de triunfar que pocos realmente tenían. Y a Elsa le sobraban esas cualidades. Pero volvamos un poco a la raíz, a esa ciudad fronteriza de 1935. Esa era la Tijuana que le sacó jugo a la famosa ley seca de los locos años 20.

 De hecho, la ciudad se fue para arriba gracias a que los gringos venían a consumir todo lo que allá era ilegal: tragos, apuestas, cabaret. Era el patio de recreo para la gente de Los Ángeles y San Diego, que traía los bolsillos llenos de dólares y unas ganas tremendas de fiesta continua. Vivir de lo que el otro lado prohibía moldeó a la ciudad.

Se volvió un lugar de tratos rápidos, de negocios constantes, una dinámica comercial que ninguna otra aduana del país podía igualar. En medio de ese ambiente se forjó nuestra protagonista. Aprendió casi por instinto que las fronteras y las reglas están ahí para entenderlas, pero no siempre para agachar la cabeza y obedecerlas.

Eventualmente empacó sus maletas rumbo al centro del país. La Ciudad de México que le dio la bienvenida no era cualquier lugar. Hablamos de la mismísima cuna de la época de oro. Era la década de los 50 y aunque seguía brillando, ya se sentían los últimos suspiros de esa era legendaria. Justo antes de que la tele lo cambiara todo, las crisis económicas y el cine de afuera ya le estaban pegando duro a ese dominio absoluto que tuvieron los estudios Churubusco por más de 20 años.

Caer ahí en ese preciso instante era jugársela en un volado. Sí, seguían grabando muchísimas películas y le surgían nuevos talentos, pero la presión era asfixiante. El mundo estaba evolucionando a un ritmo que el cine mexicano simplemente no lograba aguantar. Ahora fíjate en este detalle clave sobre su idioma.

 Lo que Elsa hablaba no era ese inglés tieso de academia que aprende solo para sacar un papelito y ya. Era puro barrio fronterizo, callejero, vibrante, lleno de esas mañas y ritmos que nada más agarras cuando te pones a platicar con la gente de sus broncas del día a día. Y adivina qué, esa era la mina de oro para los gringos.

 Los directores amaban ese estilo porque podían soltarse dirigiendo en el set, fluyendo con la improvisación que te exige estar frente a las cámaras. Nada de andar batallando con traductores o esperando a que el actor terminara de procesar la frase en su cabeza. Elsa lo sentía y lo vivía al instante. Ser de Tijuana le dio el mejor as bajo la manga posible.

 Esa naturalidad bilingüe valía oro puro en el momento en que Hollywood le echó el ojo. Piénsalo. Las grandes divas de su época sufrían. Necesitaban meses de clases intensivas o un intérprete pegado a ellas todo el día para poder sobrevivir en una filmación gringa. Elsa, no. Ella se paraba ahí con una confianza absoluta, cambiando de idioma como si nada, porque así era su vida normal.

 Y los directores lo captaban a la primera toma. Se daban cuenta de inmediato de que con ella no había barreras. Se entendían a la perfección. Tenían frente a ellos a una profesional que pescaba las indicaciones al vuelo, que podía debatir un guion y llevarse de maravilla con sus compañeros anglosajones.

 Todo fluía, se ahorraban horas de trabajo y las películas salían de 10. Llegados a este punto, te preguntarás, ¿qué tantos ceros en la cuenta bancaria le dejó toda esta ventaja? Agárrate fuerte porque los números son de locura. Hablemos de su explosión mediática, de los 10 mandamientos y de su entrada triunfal a los ángeles. 1956, el año que lo cambió absolutamente todo.

Fue entonces cuando Elsa logró meterse al elenco de los 10 mandamientos. Una locura de producción bajo el mando de Cecil B. Dem, que honestamente sigue siendo una de las joyas más taquilleras de la historia. En esos años, Demil era el rey Midas. Nadie tenía más poder o dinero que él en los estudios.

 El hombre gastaba millones en sus épicas, pero recuperaba el triple. Además, si este señor te escogía para su elenco, ya estabas del otro lado. Era una garantía total de prestigio ante la crítica y la gente. El simple hecho de que se fijara en una tijuanense para estar ahí, wow. Eso pesaba muchísimo más que ganarse cualquier premio o tener las mejores reseñas en los periódicos de México.

Pisar esos foros de grabación era un viaje irreal. Nadie había visto un despliegue técnico de esa magnitud en toda la historia de aquellos tiempos. Imagínate esto. Paramunt le dio luz verde a Demil para levantar un pedazo gigante del antiguo Egipto ahí mismo en California. Una monstruosidad de set que dejó un precedente brutal en la industria del entretenimiento.

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