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La jaula de oro de Pedro Fernández: 50 años de éxito, control absoluto y una familia rota tras el traje de charro

El niño prodigio que alimentó a una dinastía

En 1975, en el humilde y polvoriento pueblo de Villa Corona, Jalisco, una familia entera luchaba diariamente para conseguir lo básico para comer. José Luis Cuevas, conocido por todos como don Pepe, no tenía un trabajo fijo. A veces ayudaba en talleres mecánicos y otras tantas no aportaba nada a un hogar compuesto por su esposa y seis hijos pequeños. La realidad de la familia Cuevas Cobos era la de una pobreza ranchera severa, donde la cena dependía enteramente de la suerte. Sin embargo, todo cambió cuando don Pepe descubrió que su hijo mayor, José Martín, poseía una voz descomunal. Con apenas cinco años, el pequeño interpretaba canciones de adultos con un sentimiento que hacía llorar a los vecinos. Don Pepe no vio en el talento de su hijo un sueño que impulsar, sino una salida económica desesperada para sobrevivir. El niño no eligió ser cantante; fue empujado a los escenarios por la necesidad familiar.

El ascenso fue meteórico. Tras presentarse en un palenque de Tlaquepaque ante el mismísimo Vicente Fernández, el “Charro de Huentitán” quedó impactado por su voz limpia y lo recomendó de inmediato con la disquera CBS. Así nació el fenómeno musical y cinematográfico de “Pedrito Fernández”, un nombre artístico construido en honor a Pedro Infante y Vicente Fernández. En 1978, el lanzamiento de “La de la mochila azul” vendió más de un millón de copias en México y cientos de miles en España, convirtiendo al pequeño de ocho años en el artista más cotizado del momento. Para el público, Pedrito

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