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TRISTE HISTORIA DEL HOGAR DE MARÍA CALLAS: El Amor que Destruyó la Voz más Grande del Mundo

De Hidalgo reconoce en ella algo que no había visto antes. No solo una voz extraordinaria, una capacidad para absorber la técnica del bel canto con una velocidad que dejaba a los otros alumnos años atrás. Pero entonces llega la guerra. 1941. Los alemanes ocupan Grecia. Atenas se convierte en una ciudad donde la gente muere de hambre en las calles.

Los inviernos de la ocupación son brutales. La comida escasea hasta un punto que hoy es difícil de imaginar. Y Litsa toma la decisión más oscura de todas. María lo contó después a amigos cercanos. Su madre la presionó a salir con soldados italianos y alemanes de la ocupación para traer comida, para traer dinero.

La niña que había aprendido que la única moneda de cambio que tenía era agradar a su madre, aprende en la ocupación lo que eso significa en su forma más brutal. Kalas describió esos años como una humillación permanente, como algo que nunca pudo olvidar completamente, como la primera traición de una larga lista. Pero siguió cantando porque era lo único que era completamente suyo.

En esos años de ocupación canta Tosca, Fidelio, caballer y arrusticana en el teatro nacional griego, con la ciudad hambrienta afuera, con mi opía severa que la dejaba prácticamente ciega en escena, con una voz que ya en ese momento hacía que los directores se miraran entre sí, sin saber exactamente qué estaban escuchando. En 1945 deja a Grecia.

Ha cantado 56 funciones en siete óperas. Tiene 21 años y lleva encima todo el peso de una infancia que nunca fue suya. Lo que no sabe todavía es que los hombres que van a rodear su vida adulta van a perfeccionar lo que su madre empezó. La tradición de usar su talento sin preguntarle si está de acuerdo. Pero antes de eso viene algo que el mundo nunca había visto. Viene la voz.

Hay una herida en la vida de María Calas, que viene antes de Meneguini, antes de Onasis, antes de todos los hombres que la usaron y la dejaron. Viene de su madre. Evangelia Dimitriadou, conocida como Litza, es una mujer que llegó a los Estados Unidos desde Grecia con ambiciones artísticas propias que la vida no cumplió.

Se casó con George Caloger o Paulos. Tuvo hijos y encontró en la voz extraordinaria de su hija menor la oportunidad de vivir lo que ella nunca pudo ser. Desde los 5 años María canta en público, no porque quiera, porque Litza la pone frente a la gente y espera. Y la niña aprende rápido que cuando canta su madre sonríe y que cuando su madre sonríe el ambiente en casa es soportable.

Esa es la primera transacción. La voz de María a cambio de la aprobación de Litsa. En Atenas, durante la ocupación alemana, esa transacción se vuelve más oscura. Kalas lo contó después a amigos cercanos, entre ellos la soprano Julieta Simionato. Su madre la presionó a recibir en casa a soldados italianos y alemanes, a pasar tiempo con ellos, a impresionarlos, para traer comida, para traer dinero, para que la familia sobreviviera.

La niña que había aprendido que su única moneda de cambio era agradar a su madre, aprende durante la ocupación lo que eso significa en su versión más brutal. Kalas nunca usó la palabra violación para describir esos años. usó otras palabras, humillación, pérdida, algo que no se perdona, pero siguió cantando, siguió obedeciendo porque no había aprendido todavía que tenía derecho a negarse.

En 1950, ya con su carrera en ascenso y su matrimonio con Meneguini establecido, María toma una decisión que dice mucho sobre la parte de ella, que todavía quería creer que las cosas podían ser diferentes. invita a su madre a acompañarla en su primer viaje a México. Es un intento de reconciliación, quizás el último. El viaje resulta desastroso.

Las viejas fricciones reaparecen con una violencia que los años no han suavizado. El control, los reproches, el dinero, la certeza de Litza de que el éxito de María le pertenece en alguna medida a ella. Cuando regresan de México, no vuelven a verse jamás. Litsa empieza a enviar cartas. Cartas airadas y acusatorias contra el padre de María, contra Meneguini, contra la vida que María ha elegido, contra la ingratitud de una hija que tiene todo lo que su madre nunca tuvo y no comparte nada con quien se lo dio. María deja de

responder. Corta toda comunicación, no de manera dramática, de la manera silenciosa en que se cierra una puerta que no va a volver a abrirse. Y entonces, en 1960, Litza hace algo que ninguna cantidad de silencio puede ignorar. Publica un libro. My daughter María Calas. Mis hija María Calas.

Editorial Fleet Publishing Corp, Nueva York. Litza se instala en un hotel de a la semana en un barrio tranquilo de Nueva York y da entrevistas. Se presenta como la madre sacrificada que descubrió el talento de su hija y la llevó al éxito. Relata la infancia, la dureza económica, el papel central que ella tuvo en todo lo que María llegó a hacer y luego acusa a María de ingratitud de haberla abandonado después de la fama.

Van de dejarla en la miseria mientras ella vive en mansiones y canta en los mejores teatros del mundo. Cuando el libro llega a manos de María Calas, ella lo lee entero y pasa días encerrada en su habitación sin hablar con nadie. Luego escribe a su padrino, el Dr. Leonidas Lansonis en Nueva York, que siempre había actuado como su hombre de confianza cuando Litsa se volvía imposible.

le pide que se ocupe del asunto, que gestione a la madre, a los abogados, a la prensa, que no deje que esto se convierta en una guerra pública donde la hija cruel pelea contra la madre sacrificada. Y en esa misma carta, escrita en el impacto del libro y en medio de sus problemas con Onasis, escribe una frase que los biógrafos van a citar durante décadas.

Dice que no quiere cantar más, que quiere vivir como una mujer normal, con hijos, una casa, un perro. P, la mujer que el mundo llama la divina. En el momento más bajo de su vida privada escribe que su sueño es exactamente lo que cualquier persona que no es la divina puede tener sin esfuerzo. No demanda a su madre. La estrategia es diferente y más brutal a su manera. Silencio oficial.

Negar haber leído el libro y corte total definitivo. María Calas nunca vuelve a hablar con su madre. Litsa muere en 1982. 5 años después de su hija, sin reconciliación, habiendo sobrevivido a la mujer cuya voz convirtió en su razón de existir y de la que nunca dejó de reclamar algo que María nunca estuvo dispuesta a darle.

En una entrevista de esos años, Calas dice algo que resume décadas de una relación imposible. Dice que no siente ni culpa ni gratitud hacia su familia, que le gusta mostrar bondad, pero que no debe esperarse agradecimiento porque no lo habrá. es la declaración de alguien que aprendió muy pronto la diferencia entre el amor que se da libremente y el amor que se cobra y que eligió no seguir pagando.

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