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MIRTHA LEGRAND: La ENFERMEDAD que OCULTÓ y Nadie Pudo Confirmar

Algo cambió en Mirta Lrán entre el año 2006 y el año 2008. Algo que ella jamás explicó públicamente, algo que la prensa intentó investigar y nunca pudo confirmar. Y todo, según se especula, habría empezado con una llamada. Una llamada que dicen llegó una tarde de abril cuando ella se preparaba para grabar una nueva temporada.

Pero para entender la magnitud de lo que vamos a contar, primero tenés que saber quién era Mirta Legrán en esos años. No la mujer de 98 años que ves hoy en pantalla, sino la diva de 80 años recién cumplidos, que estaba a punto de enfrentar el desafío más íntimo de toda su vida. Año 2007, Mirta Lande era, sin discusión posible, la mujer más poderosa de la televisión argentina.

Su programa Almorzando con Mirta Legrand llevaba más de cuatro décadas al aire y se había convertido en un fenómeno cultural sin precedentes en América Latina. Por su mesa habían pasado presidentes, futbolistas legendarios, cantantes internacionales, escritores premiados y figuras del espectáculo de todo el continente.

Diego Armando Maradona, Carlos Saúl Menem, Sandro de América, Susana Jiménez y hasta personajes internacionales como Plácido Domingo o Antonio Banderas habían compartido con ella esos almuerzos televisados. que paralizaban al país cada domingo al mediodía. Mirta era más que una conductora, era una institución, una marca registrada del mediodía argentino, la mujer que sabía más secretos del poder que cualquier periodista político del país.

A sus 80 años seguía siendo elegante, eh mordaz, indiscreta cuando quería hacerlo y profundamente reservada cuando se trataba de su vida privada. vivía en su famoso departamento de la avenida del libertador, ese mismo departamento que había sido testigo de tantas historias, de tantas visitas ilustres, de tantos secretos del jetset argentino, un departamento que, según describían quienes habían entrado, tenía algo de museo viviente con fotografías de sus películas, con cuadros heredados de su esposo Daniel Tinaire, con muebles que

parecían an sacados de otra época. Pero detrás de esa imagen impecable, según trascendió en los últimos años, Mirta Legrand habría empezado a sentir ciertos síntomas que la preocupaban. Síntomas que ella, mujer de otra generación, mujer educada en el silencio sobre los temas del cuerpo, habría preferido ignorar durante meses.

cansancio, mareos ocasionales, una sensación de fatiga inexplicable después de las grabaciones, cosas que según las teorías que circularon ella atribuía simplemente a la edad, al peso del trabajo, a las largas horas frente a las cámaras, hasta que, según se especula, alguien de su entorno cercano habría insistido en que se hiciera estudios.

Algunas versiones dicen que fue Goldi, su hermana melliza, quien notó algo extraño en ella. Otras versiones señalan a Daniel Tito Tinaire, su hijo, como quien la habría convencido. Y hay quienes aseguran que fue su propio médico de confianza, quien le exigió un chequeo completo después de notarla más débil de lo habitual.

Lo cierto es que en algún momento de marzo de 2007, según pudo reconstruirse a partir de testimonios anónimos, Mirtal Gran se sometió a una serie de estudios médicos en una clínica privada del barrio de Palermo. Estudios de rutina, le habrían dicho, nada de qué preocuparse a su edad, pero los resultados tardaron más de lo esperado.

Y cuando finalmente llegaron, según se especula, habrían cambiado para siempre la manera en que Mirta Legrán vivió el resto de su vida. Era una tarde de abril de 2007. El otoño porteño estaba en su esplendor, con esas hojas amarillas cayendo sobre las veredas de recoleta, con esa luz dorada que entra por las ventanas a las 5 de la tarde, con ese aire fresco que anuncia que el invierno está cerca.

Mirza estaba sola en su departamento. Goldi había salido. Marcela estaba en su casa. Tito estaba trabajando. Nacho era todavía un muchacho y entonces sonó el teléfono. Lo que pasó en esa llamada, según las versiones que circularon años después en off entre periodistas del espectáculo, habría sido el momento más íntimo y más solitario de toda la vida pública de Mirtal Grand.

Algunos relatos hablan de un médico que le habría dado el diagnóstico por teléfono. Otros dicen que fue una secretaria del consultorio quien le pidió que pasara con urgencia al día siguiente. Y hay quienes aseguran que la llamada fue de un viejo amigo del ambiente médico que se enteró antes que ella misma de lo que decían los análisis.

Sea como fuere, esa tarde algo cambió. quienes la conocían bien, y aquí me refiero a personas que trabajaron con ella durante años en producción, en maquillaje, en vestuario, notaron algo distinto en Mirza en los días siguientes. Una cierta dureza en la mirada, un silencio extraño en los pasillos del estudio, una manera diferente de saludar a la gente.

Pero ella nunca dijo nada. Salió al aire, sonrió frente a las cámaras, hizo bromas con sus invitados, brindó con champag, dijo aquel inolvidable, “¿Cómo está usted?” Con la misma cadencia de siempre. Y nadie, absolutamente nadie del público, sospechó jamás lo que ella supuestamente acababa de descubrir sobre su propio cuerpo.

Ahora bien, hagamos una pausa acá, porque para entender por qué Mirta Lrand habría tomado la decisión de callar, tenés que entender algo profundo sobre las mujeres de su generación. Mirta nació en 1927. en una Argentina que ya no existe, una Argentina donde las mujeres no hablaban de su salud en público, una Argentina donde los problemas del cuerpo eran tabú, una Argentina donde mostrar debilidad equivalía a perderlo todo.

para una mujer como Mirza, que había construido su carrera sobre la base de la imagen, sobre la base de la elegancia, sobre la base de la perfección estética, aceptar públicamente cualquier tipo de enfermedad habría sido como firmar su propia sentencia profesional, porque hay algo que el público no entiende del mundo del espectáculo.

Y es que en ese mundo la enfermedad equivale al fin de la carrera. El productor que se entera de que su estrella está enferma empieza a buscar reemplazos. El sponsor que se entera retira su publicidad. El canal que se entera empieza a recortar contratos. Mirta sabía esto mejor que nadie. Lo había visto pasar con colegas suyos, lo había visto pasar con amigos del ambiente, lo había visto pasar con figuras que un día estaban arriba y al día siguiente desaparecían sin explicación.

Por eso, según las teorías que se manejan, habría tomado la decisión más difícil de su vida. Una decisión que la iba a obligar a vivir una doble vida durante los siguientes años. la decisión de no contarle a nadie, ni a su hermana Melisa Goldi, con quien compartía absolutamente todo desde la infancia, ni a su hija Marcela, que vivía a pocas cuadras y la visitaba todos los días.

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