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Del aplauso a los juzgados: La millonaria disputa que destruyó al grupo Bronco y transformó el compadrazgo en una guerra de 300 millones de pesos

n la ciudad de Brownsville, Texas, el telón de fondo de una de las agrupaciones más emblemáticas y queridas de la música regional mexicana comenzó a desmoronarse de manera definitiva. Mientras miles de seguidores coreaban los éxitos de Bronco en una atmósfera de aparente festividad y cohesión familiar, en la intimidad de los camerinos se consumaba una fractura humana y financiera que arrastraba cuatro décadas de tensiones soterradas. No mediaron agresiones físicas ni descalificaciones estridentes ante el público; el detonante fue el colapso físico de Ramiro Delgado, el icónico acordeonista de la banda, quien experimentó una severa crisis de salud asociada a picos crónicos de presión arterial. En lugar de encontrar el respaldo fraternal de su compadre de vida y vocalista, Guadalupe Esparza, Delgado se topó con la fría indiferencia de una corporación que priorizó la continuidad del espectáculo por encima de la integridad de sus fundadores, evidenciando que los lazos de compadrazgo habían sido suplantados por las dinámicas implacables de un imperio millonario.

Los orígenes de esta hermandad musical se remontan a finales de la década de los setenta en el municipio de Apodaca, Nuevo León. En 1979, específicamente en la localidad de Agua Fría, cuatro jóvenes procedentes de estratos sociales vulnerables unieron esfuerzos para estructurar una propuesta sonora distinta en el panorama de la música norteña. José Guadalupe Esparza, ori

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