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¡HARFUCH CAZA a los CABRERA! Cayó “EL 40” JEFE, en TOPONAZO con la GUARDIA NACIONAL en DURANGO!

cuatro hermanos: Felipe, Luis Alberto, Alejandro y José Luis. Gente de la tierra, gente que conocía cada vereda, cada brecha, cada arroyo de esa sierra. Desde niños, desde los años 90 se convirtieron en el brazo armado de confianza de Ismael el mayo, zambada en esa región. No como subordinados menores que recibían órdenes de lejos, como socios estratégicos con territorio propio.

Controlaban la producción de marihuana y a dormidera a escala industrial con hectáreas y hectáreas de cultivos en las zonas más inaccesibles de la sierra de Durango y tenían rutas establecidas para mover toneladas de narcóticos hacia Estados Unidos. Toneladas no kilos, toneladas con destino específico, Chicago, Illinois.

El dinero de esas rutas construyó una organización que durante décadas pareció irrompible. Felipe, el mayor apodado, el inge, el señor de la sierra o el rey de la heroína, fue durante años el hombre más temido en esa serranía. Cayó en 2011, detenido en Culiacán por elementos del ejército y la entonces PGR, fue extraditado a Estados Unidos.

Después vinieron más golpes uno tras otro. Luis Alberto apodado el arqui murió en un enfrentamiento con militares en la sierra de Durango en 2012. Alejandro fue detenido en 2013. Tres de los cuatro hermanos fundadores, neutralizados en menos de 3 años. cualquier otra organización criminal hubiera colapsado. Los Cabrera no colapsaron porque su fortaleza nunca estuvo en los apellidos de los líderes.

Estuvo en la tierra que pisaban, en los acuerdos que habían tejido con generaciones de políticos locales y en la siguiente generación de operadores que ya estaba lista para tomar el relevo. Quiero que pienses en lo que eso significa. Significa que esta organización tiene una capacidad de regeneración que va más allá de las personas.

Significa que los golpes al liderazgo la debilitan. pero no la destruyen. Significa que cuando el estado captura aún el 40, hay otro nombre en la cadena de mando que al día siguiente empieza a moverse. Desde que el mayo fue capturado en julio de 2024 y extraditado a Estados Unidos, los Cabrera quedaron en una posición delicada.

La guerra interna entre los chapitos y la malliza, que estalló después de esa extradición, los puso en medio del fuego cruzado entre las dos facciones del cártel de Sinaloa, pero siguieron operando, siguieron controlando los 39 municipios que la inteligencia militar les adjudica en Durango y Chihuahua. Siguieron reclutando, siguieron sembrando y siguieron poniendo sobre el terreno operadores como Leonel García, el 40, un hombre que según reportes de inteligencia fungía como jefe de sicarios y figura clave en la estructura operativa de la organización en Durango

y en el corredor de Aldama a Ojinaga, en Chihuahua. No era el jefe máximo de la organización, era algo potencialmente más peligroso en el día a día. el hombre que ejecutaba las órdenes, el que movía a los gatilleros, el que mantenía el control del territorio con violencia cuando hacía falta y hacía falta seguido.

El operativo del 9 de junio no surgió de la nada. Quédate hasta el final porque lo que se filtró sobre las semanas previas cambia completamente la lectura de este golpe y te explica por qué fue tan contundente. Las semanas anteriores al operativo habían sido de alta actividad federal en Durango. No era visible para el ciudadano común, pero los movimientos de inteligencia ya estaban en marcha.

Las corporaciones federales habían estado procesando información, cruzando datos, identificando propiedades. Y el lunes 8 de junio, un día antes de la captura del 40, esa etapa de inteligencia pasó a la etapa de acción. Elementos del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional comenzaron con aseguramientos de ranchos y fincas en las afueras de la capital de Durango.

Fue el primer movimiento del cerco. No era una operación improvisada ni una reacción a un evento inesperado. Era el cierre calculado de un cerco que se había ido apretando con información acumulada durante semanas. De acuerdo con reportes del operativo, las labores de reconocimiento habían identificado el rancho La Morena en el kilómetro 17 de la carretera Durango a Parral como punto de actividad de la estructura de Los Cabrera.

Una propiedad rural con todo lo que la inteligencia buscaba. Ubicación aislada lejos de la vista de la ciudad, con acceso controlado desde la carretera, con capacidad para albergar armamento pesado y personal armado. El tipo de propiedad que no aparece en ningún registro a nombre del verdadero dueño, pero que todo mundo en la zona sabe a quién pertenece.

Lo que los federales no sabían con certeza era que el 40 estaría ahí esa madrugada específica. Eso lo confirmaron cuando llegaron y la respuesta que recibieron al llegar lo confirmó de forma brutal. Las primeras horas del martes 9 de junio comenzaron con un silencio tenso en el poblado de Casa Blanca. Son aproximadamente las 4 de la mañana cuando los elementos de la Guardia Nacional avanzan hacia el rancho La Morena.

El aire todavía está frío en esa carretera serrana a esa hora. El frío seco que baja de la Sierra de Durango antes del amanecer y que se mete en los huesos. Los motores apagados desde antes, los federales bajando en silencio, avanzando en formación por la brecha que lleva al rancho. El terreno oscuro con las estrellas todavía arriba, 30 m del acceso, 20 m y entonces abre el fuego.

De acuerdo con reportes del operativo, los civiles armados que resguardaban la propiedad emboscaron a los elementos de la Guardia Nacional desde el primer contacto. No esperaron a que llegaran a la puerta. No esperaron una orden de alto. Atacaron desde el momento en que detectaron el movimiento de los federales en la oscuridad. Eso dice algo fundamental sobre el nivel de alerta que tenía esa estructura esa madrugada.

Y también dice algo muy claro sobre quién estaban protegiendo adentro. Cuando los sicarios de una organización eligen morir peleando en lugar de correr, es porque lo que están cuidando vale más que su propia vida o porque saben que correr no es una opción que su jefe les autoriza. El intercambio de disparos fue intenso. El sonido seco de los cuernos de Chivo resonó en la oscuridad de esa madrugada con el eco rebotando entre las lomas que rodean el kilómetro 17, despertando a los vecinos del fraccionamiento Boca del Cielo, que dormían a menos de 1 km de

ahí. Los federales respondieron, mantuvieron el perímetro y pidieron refuerzos. Pasadas las primeras ráfagas, llegaron los refuerzos. Y cuando digo refuerzos, quiero que visualices lo que eso significa en términos concretos, no en términos abstractos. El ejército mexicano desplegó unidades terrestres que cerraron todos los accesos a la zona, cortando cualquier vía de escape posible.

La Guardia Nacional amplió el perímetro de contención hacia las propiedades aledañas y en el cielo, antes de que el sol asomara sobre las lomas de Durango, apareció algo que los habitantes de Casa Blanca y del fraccionamiento Boca del Cielo no van a olvidar en mucho tiempo. Un helicóptero Black Hawk de la Secretaría de Marina comenzó a sobrevolar el área artillado con el rotor golpeando el aire frío de la madrugada con ese sonido inconfundible que se escucha a kilómetros de distancia y que en esas comunidades serranas todo mundo sabe lo que significa. Eso no es un helicóptero

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