Según sus compañeros de concentración, llora toda la noche junto a un árbol. No le dan explicaciones y lo cierto es que no las necesita. Tiene 17 años y poca experiencia. Menoti lo considera demasiado verde para un torneo de ese nivel. El país en el que Diego crece está gobernado por una dictadura militar que asumió el poder en marzo de 1976.
El mundial del 78 se juega en ese contexto, con estadios llenos y miles de detenidos desaparecidos que están secuestrados en centros clandestinos. A pocos kilómetros de los mismos campos. Maradona vive esas dos realidades desde cierta distancia para bien y para mal. Al año siguiente gana el Mundial Juvenil de 1979 en Japón con la selección argentina sub-20, donde es elegido como el mejor jugador de todo el torneo.
La selección que regresa es recibida por el dictador Jorge Videla y los demás militares en la Casa Rosada en un acto pensado para opacar la llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que venía a investigar las violaciones a los derechos humanos cometidas durante esos últimos años. Maradona sube al palco, tiene 18 años y es casi seguro que no entiende todavía lo que significa estar parado ahí.
Él solo piensa en el fútbol y en su familia de Villa Fiorito. Entre 1979 y 1981, en Argentino Junior, Maradona se convierte en el único jugador de la historia del fútbol argentino en ser máximo goleador del torneo durante cinco temporadas consecutivas. En 1981 ficha con Boca Juniors, el club de sus amores de la infancia.
Ese mismo año gana el Campeonato Metropolitano, el único título que obtienen el fútbol de su país. En 1982 es vendido al FC Barcelona por una cifra que en ese momento es la más alta pagada por un jugador en la historia del fútbol. Maradona tiene 21 años y el mundo lo está esperando, pero ese mundo no está libre de peligros y de tentaciones.
El Barcelona es uno de los clubes más grandes del mundo y la ciudad que lo rodea en 1982. Es una metrópoli en plena transformación después de décadas de dictadura franquista. Maradona llega con 21 años, su talento intacto y una novia en Buenos Aires. En España hay dinero, hay vida nocturna y hay una distancia considerable de todo lo que había conocido hasta ese entonces.
La historia de inocencia, pobreza y talento estaba a punto de cambiar de género, eso sí, lejos de las cámaras. En Barcelona aparece la cocaína. El propio Maradona lo reconoce después en su autobiografía Yo soy el Diego. El primer contacto con las drogas ocurre en España. Las salidas por la madrugada se vuelven constantes hasta el punto de que el presidente del club, José Luis Núñez, lo critica públicamente por no cuidar su vida privada.
Pero no es solo eso, las lesiones se acumulan. En diciembre de 1982 le detectan una hepatitis y pierde 4 meses de juego. En septiembre de 1983, el defensor del Athletic Club de Bilbao, Antonio Goechea, le fractura el tobillo en una entrada que no recibe tarjeta. Maradona pierde otros 4 meses. Cuando regresa, el equipo ya no puede aspirar al campeonato.
Sería una triste despedida de España, pero todavía falta lo peor. La última imagen de Maradona en el fútbol español es una batalla campal en la final de la Copa del Rey de 1984 en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid. El Barcelona pierde 1 a0 contra el Athletic de Bilbao. Tras el pitido final Maradona agrede un jugador rival y es el momento en que todo se sale de control.
Los dos equipos se traban a golpes en el campo delante del rey Juan Carlos Io de España y de las cámaras de todo el país. La Federación Española sanciona a Maradona con tr meses sin jugar. El Barcelona lo vende al Nápoli de Italia y Maradona debe cruzar el Mediterráneo a los 23 años cargando sus habilidades y sus vicios en la misma valija.
[ovación] [aplausos] [ovación] Lo que deja en Barcelona tiene un saldo que va más allá del fútbol. 58 partidos y 38 goles en dos temporadas, tres títulos nacionales, Copa del Rey, Copa de la Liga y Supercopa de España. Y el primer boceto de una personalidad que no sabe, no puede o no quiere separarse de los excesos.
El periodista Jimmy Burns, que escribe años después una biografía titulada La mano de Dios, califica la vida privada de Maradona en España como el primer laboratorio de una autodestrucción que más tarde se vuelve global. Diego también lo admite con esa honestidad que suele aparecer cuando el daño ya está hecho. En Barcelona empezó la caída.
¿Qué le esperaría Nápolis? La presentación de Maradona en el estadio San Paolo de Nápoles el 5 de julio de 1984 reúne 75,000 personas. El Napoli es un club que el año anterior ha evitado el descenso por apenas un punto y Maradona llega por 12,000ones de euros, el traspaso más caro de la historia en ese momento.
Para tener una idea, el Napoli paga 7 millones y medio de dólares de la época, pero según el algoritmo de precios del mercado de fútbol, que analiza cuánto ha crecido el presupuesto de los clubes y el precio de los fichajes comparado con el pasado, el Napoli gastó una parte enorme de su presupuesto total en un solo jugador. Si el club hiciera hoy un esfuerzo proporcional al que hizo el Napoli en el 84, tendría que invertir entre 369 y 390 millones.
Nápoles es una ciudad del sur de Italia, históricamente pobre y despreciada por el norte rico. Los hinchas de club no contratan a un jugador, sino que adoptan a un ídolo que entiende de dónde viene y que puede empatizar con la matriz del club y de ellos mismos. Lo que Maradona construye allí durante 7 años no tiene comparación en la historia del fútbol.
lleva al Napoli a ganar dos títulos de la Serie A italiana en 1987 y 1990 más la Copa UEFA de 1989. La Serie A es el campeonato de fútbol de Italia, considerado en esa época como el mejor del mundo por la concentración de talento que reúne. Ningún club del sur de Italia había ganado ese torneo antes y cuando el Napoli lo logra en 1987, la ciudad entra en un delirio que no tiene comparación en ningún evento anterior de su historia reciente.
Las calles se llenan de gente durante días. El estado, que llevaba décadas funcionando como el patio trasero del norte industrializado, experimenta algo que la política nunca había podido darle, la sensación de ganar. Pero en esa misma ciudad está la camorra, la organización criminal más antigua de Italia, un sistema de familias mafiosas arraigadas en Nápoles y en la región de Campaña desde el siglo XVII.
Controla mercados, negocios, extorsiones y en los años 80 también una parte importante del mundo del fútbol. Maradona no tarda en relacionarse con Carmine y Juliano, cabeza de una de las familias más poderosas. Al principio, la relación es de admiración mutua. El capo quiere la figura deportiva más relevante de Italia cerca y Maradona necesita sentir que hay alguien que lo protege en una ciudad que no termina de conocer.
El documental de 2019, dirigido por el cineasta Asid Capadia lo resume con una frase más directa: “Una vez que confías en la camorra, pasás a ser de su propiedad. No se trata solo de relaciones, sino de un modo de vida. La convivencia con ese mundo ligado al crimen acentúa la adicción a la cocaína del jugador que había comenzado en Barcelona.
Las fiestas se extienden hasta el amanecer. La rutina semanal que el mismo Maradona describe es no solo destructiva, sino un delirio desde el punto de vista del deporte de la élite actual. Maradona jugaba el domingo, salía de fiesta hasta el miércoles, descansaba el jueves y volvía al gimnasio el viernes. Hay temporadas en las que los rivales acusan al Nápoli de haber vendido el torneo por presión de las apuestas clandestinas.
Maradona figura entre los jugadores señalados por esos rumores, algo que nunca se comprueba, pero el ambiente es ese. En ese mismo periodo ocurre el primer escándalo privado que cruza las fronteras del deporte. En 1985, Maradona conoce a Cristiana Sinagra, una joven italiana de 20 años. Él tiene 24 y ya está en pareja con Claudia Villafe, su novia de la infancia en Buenos Aires.
Pero la relación paralela con Sinagra termina en un embarazo y Maradona abandona a Cristiana cuando ella tiene 5 meses de gestación, parte hacia México para jugar el mundial de 1986 y no regresa. El 20 de septiembre de 1986, 3 meses después de que Argentina se alzara con la Copa del Mundo, nace Diego Armando Sinagra.
Maradona se resiste a la paternidad durante años y se niega en tres oportunidades a realizarse la prueba de ADN. En 1992, una jueza italiana confirma la filiación por sentencia y le ordena pagar una cuota mensual. Padre e hijo se ven por primera vez recién en 2003 en un campo de golf de la ciudad italiana de Fuxi después de que el joven engañara la seguridad del lugar.
Maradona acepta la paternidad en palabras públicas solo en 2016, 30 años después del nacimiento de su hijo. En su familia oficial, aquella que muestra con orgullo, ocurre al mismo tiempo otro evento importante. En abril de 1987 nace su primera hija, Dalma, fruto de su relación con Claudia Villafani. Maradona vive en Nápoles con esa doble vida entre la gloria pública y el caos privado.
hasta que el 17 de marzo de 1991 el mundo sabe lo que muchos en el entorno ya conocían. Da positivo en un control antidopaje después de un partido entre el Napoli y el Bari. La sustancia encontrada es cocaína. La Federación Italiana de Fútbol le impone una sanción de 15 meses sin competir y la justicia italiana lo condena a 14 meses de prisión en suspenso por tenencia de estupefacientes.
Tiene 30 años, dos títulos de liga y un problema que ya no puede esconder. Después del positivo en Italia, Maradona regresa a Argentina. El 26 de abril de 1991, la policía allá su departamento en el barrio de Caballito, en Buenos Aires y encuentra drogas. Maradona es detenido, pero sale al día siguiente después de pagar una fianza.
La jueza, a cargo del caso le ordena someterse a un tratamiento de rehabilitación mientras cumple la sanción de 15 meses impuesta por la FIFA, ficha por el Sevilla de España, donde lo espera su viejo entrenador, Carlos Vilardo. El Sevilla es un club histórico en el sur de España y Vilardo es el técnico que llevó a Maradona la gloria en el mundial de 1986.
La combinación es ideal para que su carrera se estabilice, pero en Sevilla las ausencias a los entrenamientos se repiten y la relación con Vilardo se rompe en público en 1993 durante un partido contra el Real Burgos cuando el DT lo saca del campo de juego. Pero la cosa no quedaría ahí. Más tarde, en casa del director técnico, la discusión escala hasta una pelea a golpes de puño.
Ese mismo año, Maradona vuelve al fútbol argentino con el New Soul Boys de Rosario en la provincia de Santa Fe. Dura pocos meses porque el 2 de febrero de 1994, cansado de los periodistas que lo persiguen en su casa de campo en el municipio de Moreno, en las afueras de Buenos Aires, sale al jardín con un rifle de aire comprimido y dispara contra los fotógrafos apostados afuera.
Varios resultan heridos y Maradona es condenado a 2 años de prisión en suspenso y debe pagar una indemnización a los afectados. Este episodio no sorprende a nadie que lo conozca. Es exactamente el tipo de reacción impulsiva que define su relación con los medios desde su ascenso a la élite futbolística.
Pero pronto llegaría el gran revés y el escándalo que sacudió al mundo. Nadie puede negarlo. En 1994, el nombre de Diego Maradona ha opacado al de Pelé y no puede discutirse su lugar. entre los más grandes deportistas de la historia. Pero así todo es una figura tan valiante. Algunos ya lo definen como un ídolo con pies de barro.
En junio de ese año llega un evento clave que marca el descenso, el Mundial de Estados Unidos. Maradona marca un gol de antología contra Grecia en el que la cámara lo captura gritando con los ojos desorbitados, corriendo hacia el lente en una celebración que parece más un grito de guerra que una fiesta. Es una de las imágenes más icónicas de su carrera, pero ya entonces fue para muchos. exagerada y preocupante.
Tres días después, el control antidopaje, luego del partido contra Nigeria da positivo. Se le detectan cinco variantes de Fedrina, una sustancia estimulante cuyo uso estaba prohibido por la FIFA en esa época. Maradona sostiene que su preparador físico le dio un suplemento de venta libre para tratar una alergia, sin leer bien la etiqueta, que el fármaco venían dos versiones casi idénticas y que él tomó la equivocada.
La FIFA lo suspende otros 15 meses y debe abandonar el mundial en una secuencia histórica por lo sugestiva y vochornosa. En una conferencia de prensa muy recordada llorando, Maradona dice una frase que queda para siempre: “Me cortaron las piernas”. Pero esta trama tiene una vuelta irónica que tarda años en salir a la luz.
La agencia mundial Antidopaje, conocida como Guada por sus siglas en inglés, comienza a operar en 1999 y estudia el caso Maradona como el primero de su tipo. Su conclusión es que la cantidad de sustancia encontrada en su organismo no hubiera calificado como dopaje con los criterios que se aplican décadas después.
Pero aquel positivo destruye su último mundial, algo que no hubiera ocurrido 10 años más tarde. ¿Hasta dónde habría llegado a la selección argentina de contar con Maradona? Es un misterio, pero la salud del astro está por entrar en su época más oscura. En enero del año 2000, Diego está de vacaciones en Punta del Este, la ciudad balnearia más exclusiva de Uruguay, cuando sufre una crisis hipertensiva y una arritmia ventricular grave.
Lo internan de urgencia en el sanatorio Cantegril. No es una descompensación menor. Como dicen algunos informes de la época, el médico que lo atiende esa noche declara años después que si no lo hubieran internado habría muerto en cuestión de horas. En los análisis de sangre y orina aparecen restos de cocaína y en cuanto se recupera, el 18 de enero de ese año, vuela a Cuba para iniciar un tratamiento de rehabilitación y termina por quedarse en la isla durante 5 años.
Cuba en el 2000 es la isla de Fidel Castro, el líder de la revolución cubana que lleva más de cuatro décadas en el poder. Para que Maradona pueda vivir allí y recibir tratamiento, el gobierno cubano autoriza su estadía con un trámite que requiere aprobación al más alto nivel. La relación entre los dos hombres se convierte en una amistad pública que Maradona cultiva sin reservas.
Tiene tatuado el rostro del Chegevana en el hombro derecho y el de Fidel en la pantorrilla izquierda. A lo largo de los años convierte la defensa de esos líderes en una posición que no puede separarse del Maradona Ídolo. Retirado del campo de juego, encuentra otro terreno donde lucirse, las entrevistas y opinando sobre casi todos los temas posibles. En Cuba también nacen hijos.
Durante sus 5 años en la isla Maradona tiene relaciones con al menos dos mujeres. En 2019, ya cerca del final de su vida, reconoce a tres de sus hijos, Joana, Luis y Javier, conocido como Javielito. Dos de ellos son de Adonay Frutos. También habría un cuarto hijo cubano llamado Harold, pero estas afiliaciones nunca fueron reconocidas por vía formal.
Aunque en 2019 el abogado Matías Morla lo presenta como un hecho confirmado, lo cierto es que nunca se realizó un análisis de ADN. Y en ese mismo periodo, mientras Maradona se rehabilita bajo supervisión médica en la isla, otra historia que comienza en Cuba termina años después en los tribunales argentinos.
En 2021, una mujer cubana llamada Mavis Álvarez declara ante la justicia en Buenos Aires. Ella tenía 16 años cuando conoció a Maradona en Cuba y viajó a Argentina con autorización del propio Fidel Castro. Ante los fiscales, MAVIS acusa a Maradona de haberla inducido al consumo de drogas y relata episodios de violencia durante el tiempo que pasaron juntos.
La causa investiga posibles hechos de trata, pero Maradona muere antes de que el proceso llegue a ninguna conclusión formal. Para muchos hay dos Maradonas o más, pero el oficial siempre tuvo sus afectos en Argentina. Claudia Villafña es la mujer con la que Maradona comparte más de 20 años de vida y aquella la que señala como el amor de su vida.
Se conocen siendo adolescentes en el barrio de Villa del Parque en Buenos Aires, donde ella vive cerca de la familia de Diego. Se casan el 7 de noviembre de 1989 en una fiesta de proporciones épicas que se realiza en el estadio Luna Park, el recinto de boxeo y espectáculos más famoso de la ciudad. Ya son padres de Dalma, que tiene 2 años y de Shanina, de unos pocos meses.
Es el mismo año en que Maradona renueva contrato con el Napoli y en el que el mundo lo señala como el mejor futbolista del planeta. El matrimonio se rompen los hechos en 1998 cuando Maradona abandona el hogar y Claudia inicia el divorcio formal en 2003. Lo que sigue es una guerra judicial que se extiende durante más de una década y que alcanza niveles de espectáculo público raramente vistos en Argentina.
Maradona acusa a Villafan de haber robado camisetas históricas de su colección, objetos de valor y dinero de sus cuentas durante años. En 2015 inicia una demanda formal por fraude, estafa y malversación de patrimonio. Villfañe lo niega. La causa genera cruces de declaraciones en medios y redes sociales que muchos siguen como si fuera una telenovela.
La tensión entre los dos nunca desaparece del todo, ni siquiera cuando sus hijas Dalma yina quedan en el medio. Y aquella que por años había sido la familia más famosa del país se fractura. Las deudas de paternidad de Maradona son otro capítulo que corre en paralelo. Además de Diego Junior con Sinagra y de Dalma yina con Villafañe.
En 1996 nace Hana fruto de su relación con Valeria Zabalaín. Maradona también se niega a realizarse la prueba de ADN en ese caso y no una vez sino en cinco oportunidades. La jueza Graciela Varela determina la paternidad por sentencia y le ordena pagar una cuota mensual. Maradona llega a un acuerdo económico en 2004. Hann es presentada públicamente por su padre recién en 2014 cuando ella tiene 18 años.
Ese reencuentro frente a cámaras con Maradona abrazando a su hija produce fotos que recorren el mundo. El año anterior en 2013 nace Diego Fernando, su hijo con Verónica Ojeda, con quien comenzó una relación en 2005. Son cinco hijos reconocidos en total y un número indeterminado de posibles paternidades que los tribunales siguen estudiando incluso después de su muerte.
La precaución judicial resulta acertada. En los meses siguientes al fallecimiento aparecen nuevas demandas de filiación de personas que afirman ser hijos del exfutbolista. Los jueces argentinos extraen muestras de ADN durante la autopsia y las conservan para esos casos futuros. Algunos dan negativo, otros siguen pendientes.
La dimensión de la vida privada de Maradona es proporcional a la de su fama pública para bien y para mal. Pero lo que Maradona deja atrás no es solo polémica, también hay cuentas pendientes. Arrastra una deuda con el fisco italiano de más de 34 millones de euros por evasión de impuestos durante sus últimos años en Npoli.
La historia detrás de esa deuda es más compleja de lo que parece. El periodista Jean Miná explica que los directivos del Napoli les pedían a los jugadores que firmaran dos contratos, uno como futbolista y otro por derechos de imagen y que la situación era habitual en el fútbol italiano de la época. Pero Maradona no pidió el amparo legal que sí solicitaron otros jugadores y con el paso de los años los intereses multiplicaron la deuda hasta volverla impagable.
En 2006, cuando pisa suelo italiano para trabajar en el mundial de Alemania como comentarista televisivo, la policía le decomiza dos relojes valuados en 10,000 € como parte de pago. Es el tipo de escena que define esta etapa de su vida. El hombre que llenó estadios en todo el planeta está siendo acorralado por una agente para cobrarle una deuda de relojería.
Pero existe otro Maradona que muy poca gente se detiene a mirar con la misma atención. Entre 1983 y el final de su carrera, Diego participa en 27 partidos benéficos. Viaja al sur de Italia para jugar en el barro de un campo de acerra y recaudar dinero para la operación de un bebé de menos de un año con problemas en la cara. paga de su propio bolsillo el seguro del partido, casi millón, desafiando al club que se lo prohíbe y dona el dinero al padre del niño.
21 años después, ese bebé ya adulto lo abraza en televisión y le dice, “Es el Dios verdadero que me salvó la vida.” Maradona se quiebra. También viaja al interior de la provincia de Santa Fe para jugar un partido por un arquero amateur de Totoras, un pueblo de pocos miles de habitantes que tuvo un accidente de moto y no puede costear su recuperación.
le dice, “Mis piernas son tus piernas.” Se presenta en la cancha de un club de 1600 habitantes en La Garma, en la provincia de Buenos Aires, para que el equipo local pueda construir sus vestuarios. Ese estadio es el primero en Argentina en llevar el nombre de Diego Maradona, mucho antes del estadio Nápolis. Intentar simplificar la figura de El Diego en un solo retrato es perder la complejidad de lo que significó este ídolo de multitudes.
En 2005, tras bajar más de 50 kg, gracias a una cirugía bariátrica realizada en Cartagena de Indias, en Colombia, Maradona regresa a la televisión argentina. Conduce la noche del 10, un programa de entrevistas en Canal 13 en Buenos Aires y el primer invitado es Pelé. La relación entre los dos hombres, considerados los mejores del siglo XX, es una guerra pública de declaraciones que tiene décadas de historia y que Maradona sostiene con la misma intensidad con la que defendía su selección en la cancha. Las frases que
se cruzan son célebres en todo el mundo del fútbol. Cuando Pelé lo criticó públicamente por sus problemas con las drogas, Maradona no esperó y le respondió con una frase que resume el tono de esa relación para siempre. Él debutó con un pibe, el negro. ¿Sabían ustedes? ¿En serio? Sí, debutó con un pibe para los argentinos.
Sí, y para los brasileos también. Debutó con un pibe pelea. Tan bonito que le pegó a la Herb. El programa también produce la entrevista más comentada de esa temporada. Maradona habla con Fidel Castro por teléfono desde el estudio. La conversación es amigable, casi filial. Castro le dice que siempre lo recuerda y Maradona le pregunta cómo está.
Es la imagen de una relación que él cultiva con orgullo y que enciende el rechazo de sus críticos. Lo que nadie puede negar es que Maradona es completamente coherente en sus simpatías. Las sostiene sin importarle quién las aprueba. En noviembre del 2005 sube al Expreso del Alba, un tren que parte de Buenos Aires hacia Mar del Plata para llevar 160 pasajeros a la cumbre de los pueblos, una contracumbre organizada en oposición a la cuarta cumbre de las Américas, la reunión de presidentes del continente que ese año preside George W. Bush. En
ese tren viaja también Evo Morales, entonces candidato a la presidencia de Bolivia y Maradona aparece en todos los actos con una camiseta que dice fuera Bush. La participación genera el enojo del presidente mexicano Vicente Fox y la cobertura de todos los medios que siguen el evento.
Junto a Hugo Chávez, Lula da Silva y Néstor Kisner, Maradona es un líder más equiparado a cualquier presidente y sentando una posición política casi inédita para un deportista de élite. La Argentina es digna. Echemos. Para encontrar otro astrodortivo con ese nivel de expresión política pública, parece inevitable remontarse al boxeador Mohamed Ali.
En octubre de 2008, la Asociación del Fútbol Argentino designa Maradona como entrenador de la selección nacional. La AFA, como se la conoce, es el organismo que gobierna el fútbol argentino y el cargo de técnico de la selección es el más exigente y el más visible del país. Maradona acepta sin tener una formación técnica sistemática con Vilardo como coordinador a su lado.
Las eliminatorias sudamericanas para el mundial de Sudáfrica 2010 son una montaña rusa. Una derrota por 6 a 1 en La Paz, Bolivia que escandaliza al país, seguida de una victoria sobre Uruguay que sella una clasificación épica con los minutos contados. En la conferencia de prensa posterior, Mardona, eufórico insulta públicamente a los periodistas que lo habían cuestionado durante la campaña.
Al que no creía o a los que no creyeron, con perdón de las damas, que la chupen, que la sigan chupando. Yo soy o blanco o negro. Gris no voy a hacer en mi vida. La FIFA lo sanciona con dos meses de suspensión y una multa de 25,000 francos suizos. En el Mundial de Sudáfrica, Argentina llega cuartos de final con un equipo en el que brillan Gabriel Heinse, Gonzalo Higuaín y Carlos Tévez.
En cuarto se enfrenta Alemania y pierde por 4 a0. La AFA decide no renovarle el contrato y Maradona deja la selección. En los años siguientes dirigen los Emiratos Árabes Unidos en Bielorrusia como presidente del club y en México donde conduce a los Dorados de Sinaloa hasta dos finales de torneo en ascenso. En septiembre de 2019 regresa Argentina para hacerse cargo del Gimnasia y Agrima de la Plata, un club histórico de la capital de la provincia de Buenos Aires que ocupa el último puesto de la Superliga Argentina y que corre riesgo de descender. Pero Maradona
ya no es el mismo. En los últimos años de su vida circulan imágenes que lo muestran con dificultades para caminar, con problemas de equilibrio y el habla afectada. En el Mundial de Rusia de 2018, durante el partido de Argentina contra Nigeria, las cámaras lo capturan en la platea gritando descontrolado, haciendo gestos obsenos hacia las tribunas y, finalmente, siendo retirado del palco.
Al día siguiente pide perdón en sus redes y explica que le dolía la nuca y que tuvo una descompensación, algo que nadie llega a creer del todo. La herencia también genera conflictos en su vida. En algún momento a través de Instagram amenaza con desheredar a su hija Yanina después de que ella lo comparara en esa misma red con un león enjaulado y drogado.
En esa publicación dice que va a donar todo lo que tiene. Es el tipo de declaración que Maradona puede ser un impulso de la noche anterior o una decisión firme. Nunca se sabe. En 2019, su abogado Matías Morla revela en televisión que Maradona estaría dispuesto a reconocer a sus tres hijos cubanos y que podría haber un cuarto, algo que fue desmentido más adelante.
Pero la herencia sigue sin estar ordenada cuando su corazón se detiene. Y es así como nuestra historia vuelve al principio. Tras la muerte de Diego Maradona, las miradas se vuelven al pasado, pero sin dejar pasar un solo detalle del presente que se perfila tan complejo y lleno de versiones encontradas como toda su carrera y su vida.

El presidente Alberto Fernández decreta 3 días de duelo nacional y el gobierno argentino ofrece la Casa Rosada para que se realice un velatorio público. El cajón de Maradona cerrado y cubierto con la bandera argentina es trasladado allí en la madrugada del 26 de noviembre en medio de la pandemia. Más de 1 millón de personas hacen fila en Plaza de Mayo para ingresar y despedirse.
A las 14 horas, un grupo de fanáticos derriba las vallas e ingresa al patio interno. La familia decide terminar el velatorio antes de lo previsto y se registran incidentes con la policía en las calles. Todo se transmite por televisión. El cortejo fúnebre sale hacia el cementerio privado Jardín de Paz en Bellavista, al noroeste del Gran Buenos Aires.
Maradona es enterrado junto a sus padres Chitoro y Tota. En Nápoles, miles de personas se reúnen frente al estadio San Paolo y al mural del barrio de cuartier español y para dejarle flores y encender velas. Una semana después de la muerte, el Ayuntamiento Napolitano decide por unanimidad cambiar el nombre del estadio.
Desde entonces se llama estadio Diego Armando Maradona. En el estadio Etiat de Manchester se proyectan los colores argentinos en la fachada. Mientras que en el Estadio Azteca de Ciudad de México, donde Maradona anotó los dos goles más famosos de su vida en el mundial de 1986, hay flores y mensajes. El Papa Francisco le envía un rosario a la familia.
En octubre de 2025, 5 años después de la muerte, sus cinco hijos reconocidos fieron a un acuerdo con una empresa sueco israelí llamada Electa Global para gestionar la marca y la imagen de Maradona en el mundo. La compañía se encarga del diseño, la fabricación y la distribución de productos de alto valor con esa marca bajo la supervisión familiar.
Es el primer acuerdo unificado entre todos los herederos en todo ese tiempo y pone fin a años de disputas cruzadas sobre quién tiene derecho a qué. La herencia de un hombre que murió sin tenerla en orden tarda 5 años en encontrar una estructura. Lo que Maradona deja no es solo eso, deja el gol que en 2002 la FIFA elige como el mejor de los mundiales del siglo XX, el que anota contra Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México de 1986, en el que sortea seis rivales en 60 m antes de definir ante el arquero.
Deja también el gol anterior en ese mismo partido, el de la mano, que hace pasar como gol de cabeza y que describe después sonriendo como la mano de Dios. dos goles en el mismo partido. Uno que resume toda la belleza del fútbol y otro que resume todo lo que el fútbol puede tener de trampa. Y eso era Maradona en Estado puro.
En Argentina existe la Iglesia maradoniana, una parodia de religión con seguidores reales que cuentan el tiempo desde 1960 como el año 1. Cuando Maradona estuvo internado en 2004 aparecieron carteles en la puerta de la clínica que decían, “Jesús resucitó una vez, vos miles.” Es la mitología que se construye alrededor de un hombre que nació en un barrio sin agua corriente y que terminó siendo velado en el palacio de gobierno.
Pero la justicia también tiene su capítulo pendiente. Ocho médicos y enfermeros que participaron de su atención durante los últimos días son investigados por la Fiscalía Argentina por homicidio culposo y abandono de persona. El proceso se extiende durante años. El equipo médico sostiene que hizo lo que podía con los medios disponibles, pero los fiscales afirman que esos medios eran insuficientes para un paciente con el historial de Maradona y que la negligencia fue real.
La causa sigue abierta. Siete médicos, psiquiatras, psicólogos y enfermeros que participaron en la atención de Maradona en los últimos días enfrentan cargos por homicidio simple con dolo eventual. La gravedad de esto no pasa desapercibida para nadie. Esta figura implica que los acusados estaban en pleno conocimiento de que su conducta podía causar la muerte del paciente y aún así continuaron.
La pena máxima para estos casos es de 25 años de prisión, pero como mínimo enfrentarían una pena de 8 años en caso de ser declarados culpables. Como todo lo relacionado con Maradona, el camino es complejo y el juicio no es la excepción. El primer proceso oral comienza en marzo de 2025 y dura 2 meses y medio en una maratón de cuatro testimonios y 20 audiencias hasta que se descubre que una de las tres juezas del tribunal, Julieta Makintack, participa en secreto de un documental sobre el mismo juicio del que está formando parte. Es un escándalo
mayúsculo. Mckinta es apartada del cargo y después destituida en un juicio político. Todo el proceso queda anulado a la espera del segundo juicio que comienza el 14 de abril de 2026. con tres nuevos jueces. Lo que se pone en la mesa durante las audiencias va mucho más allá de la negligencia médica. Yanina Maradona, que asiste junto a sus hermanas Dalma y Hann, declara que el psicólogo Carlos Díaz le prohibió visitar a su padre una semana antes de su muerte.
El día que finalmente Janina y Hann llegan a la casa de tigre para verlo, Maradona ya está muerto. Pero los detalles del escándalo siguen escalando. Yanina también acusa al entorno médico de haberle suministrado alcohol a su padre con el fin de que las visitas familiares resultaran incómodas y la familia se fuera. Verónica Ojeda, expareja de Maradona y madre de su hijo menor, declara que encontró marihuana en la casa donde él estaba internado.
Audios filtrados durante el primer juicio muestran integrantes del equipo hablando de suministrarle más marihuana y menos alcohol como tratamiento para su cuadro de adicciones. El abogado Fernando Burlando, que representa Dalma Yanina, lleva al tribunal una maqueta de la casa de tigre y la describe ante los jueces como una posilga, sin el equipamiento mínimo prometido a la familia, sin desfibrilador, sin oxígeno, sin los elementos de emergencia que hubieran permitido responder a tiempo.
El estado actual de las cosas sigue en el fondo, manteniendo la impronta de un hombre contradictorio, desprolijo e impulsivo. ¿Cómo se juzga un hombre así? No hay una sola respuesta. El sociólogo Eliseo Verón, que estudia Maradona como fenómeno cultural, escribe que la gente lo adora como antes adoró a Evita, como alguien que viene de abajo, que sabe lo que es no tener nada y que hace posible creer que Dios está cerca.
Su excpañero, Jorge Valdano lo dice de otra manera. Cuando Maradona se retiró, Argentina quedó traumatizada. Fue más que un futbolista. fue el lugar donde un país con demasiadas dictaduras y demasiadas frustraciones ponía su orgullo. El problema con esa clase de ídolos es que son personas y las personas tienen vida privada, miedos, adicciones y demonios que a veces logran convencerlas de que tienen que ser alimentados.
La grandeza de Maradona no cancela nada de eso y nada de eso cancela su grandeza. Esa tensión no tiene resolución y tampoco la necesita. Los ídolos, en cambio, siguen siendo tan necesarios como siempre.