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Se DESVELA Lo Que Edith González Firmó en el Hospital. Su Familia Lo Negó durante 4 Años.

El segundo era el de [música] insistir en ser algo más complicado que una cara bonita con buena adicción con todos los [música] riesgos que eso conllevaba. Edith eligió el segundo camino desde muy temprano y lo pagó en etapas, pero la presencia sola no basta. [música] Lo que hizo grande a Edith González fue lo que vino después, la capacidad de desaparecer dentro de un personaje, de tomar [música] un texto que en el papel era mediano y convertirlo en algo que la gente recordaba durante años.

Los productores que trabajaron con ella en las primeras telenovelas de los 80 hablan de una actriz que llegaba [música] a los ensayos con el personaje ya construido, que hacía preguntas que otros actores nunca hacían, que cuestionaba las motivaciones de sus personajes en [música] momentos donde lo más fácil habría sido simplemente decir el texto [música] y cobrar.

Eso le ganó admiración y también [música] le ganó enemigos. La industria de la telenovela mexicana de los [música] 80 en los 90 tenía poca tolerancia con los actores que pensaban demasiado. Los productores querían caras bonitas que hicieran lo que se les decía [música] y Edith González era más que una cara bonita que hacía lo que se le decía, lo cual creaba fricciones [música] que a veces afectaban su carrera de maneras concretas.

Hubo proyectos para los que fue considerada y que terminaron [música] yendo a otras actrices. Hubo periodos de sequía profesional que alguien con menos determinación habría interpretado como una señal para cambiar de camino. Y hubo relaciones personales [música] que se mezclaron con lo profesional de maneras que dejaron cicatrices.

Pero Edith siguió, siempre siguió. [música] El momento de quiebre en su carrera llegó en 1994 con apuesta por un amor, [música] aunque los que la siguieron de cerca dirían que la semilla de lo que vendría [música] estaba ya en trabajos anteriores. Lo que 1994 le dio fue visibilidad masiva en el momento justo, cuando la televisión mexicana [música] empezaba a exportar sus telenovelas a toda América Latina con una fuerza que nadie había anticipado del [música] todo.

Edit González llegó a millones de hogares de Argentina, [música] Venezuela, Colombia, España, en una época en que los actores [música] mexicanos de telenovela eran los equivalentes de las estrellas de cime para mucha gente que nunca había pisado un cime. Lo que vino después fue lo que los que están dentro [música] de la industria llaman, sin mucho romanticismo, el ciclo [música] de la estrella.

Los proyectos se acumulan, los contratos se firman con más prisa que criterio, los [música] horarios se vuelven incompatibles con tener una vida fuera de un set de televisión y la persona que está en el centro [música] de todo ese movimiento empieza a perder la noción de dónde termina el personaje y dónde [música] empieza ella.

Edith lo vivió y lo sobrevivió con más integridad que la mayoría. Su vida personal en [música] esos años fue complicada de una manera que los medios cubrieron con el nivel de profundidad que suelen tener [música] los medios cuando hablan de celebridades. Mucho ruido, poca sustancia. Las relaciones [música] que tuvo, las que duraron y las que terminaron mal, eran combustible para las revistas de [música] espectáculos, pero eran desde adentro algo completamente distinto.

La historia de una [música] mujer que quería las mismas cosas que quieren todas las personas, estabilidad, amor, una familia [música] y que las buscaba en circunstancias que hacían todo eso muy difícil. El problema específico de ser Edith González [música] en la cúspide de su fama en los años 90 era que cualquier [música] relación personal quedaba inmediatamente contaminada por la presencia pública.

Las personas con las que salía se convertían automáticamente [música] en personajes de una historia que los medios estaban contando sobre ella. Una historia que no siempre tenía mucho que ver con la realidad, pero que era muy difícil de corregir sin darle [música] más visibilidad todavía al tema. Así que Edith aprendió a mantener ciertas cosas en privado con [música] una disciplina que las personas de su entorno describen como casi militar.

Lo que sí llegó a los medios, [música] lo que ella misma eligió hacer público con el tiempo, fue la historia de Constanza. [música] Pero incluso esa historia la contó en sus propios términos, en el momento que ella consideró adecuado con el nivel [música] de detalle que ella decidió compartir. Eso es un patrón en Edit González, el control sobre la narrativa de su propia [música] vida, el derecho a decidir qué se cuenta, cuándo se cuenta y cómo se cuenta.

[música] Un derecho que ejerció de manera consistente durante 40 años y que ejerció también de la manera [música] más concreta posible en los últimos meses de su vida. El personaje más cercano a quien era Edit González [música] realmente puede que sea el de su relación con su hija Constanza. [música] Constanza llegó al mundo en 2003 cuando Edith [música] tenía 38 años.

La historia de cómo llegó Constanza [música] tiene capas que Edit fue revelando con el tiempo, despacio, eligiendo siempre con mucho cuidado [música] cuánto contar y en qué momento. La adopción de Constanza fue un proceso que Edit vivió sola en [música] el sentido más literal de la palabra, sin una pareja estable, navegando un sistema burocrático que en México puede ser agotador incluso para personas con recursos y haciéndolo además [música] mientras mantenía una carrera activa que no daba mucho espacio para los tiempos muertos que cualquier proceso [música]

legal requiere. que lo haya conseguido. Dice algo sobre quién era Edit González cuando la cámara no estaba [música] encendida. Constanza se convirtió en el eje de su vida. Las personas que la conocieron en esa época después de la adopción hablan de un cambio en ella [música] que era visible. Seguía siendo la misma actriz profesional y exigente.

Seguía siendo la misma mujer con un temperamento que podía llenar una habitación. Pero había algo [música] que se había asentado, como si finalmente hubiera encontrado el lugar donde [música] poner la energía que antes se dispersaba en todas direcciones. [música] Y entonces llegó el diagnóstico.

El cáncer de ovario de Edith [música] González se hizo público en 2016, aunque los síntomas llevaban meses haciéndose notar de maneras que en retrospectiva, parecen obvias, [música] pero que en el momento fue muy fácil atribuir a otras cosas. El cansancio, los dolores, las molestias que cualquier [música] persona activa tiende a postergar, porque siempre hay algo más urgente que atender.

Cuando [música] el diagnóstico llegó, Edit tomó una decisión que define muy bien cómo era ella. Lo contó, no lo [música] guardó, no construyó una narrativa de recuperación hermética que la protegiera de las preguntas. Lo contó con una honestidad que sorprendió incluso [música] a las personas que creían conocerla bien.

En la entrevista que dio a Jordi Rosado en 2016, [música] que fue vista por millones de personas y que sigue circulando en internet, Edit habló del diagnóstico con [música] una mezcla de miedo genuino y de algo que solo puedo describir como claridad. había encontrado las palabras para hablar de la enfermedad de una manera que hacía que la [música] gente del otro lado de la pantalla sintiera que le estaba hablando directamente a cada uno de ellos.

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