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Carmen Polo: Vivió Como Reina de España Sin Serlo… y Todos Se lo Permitieron

” Esa frase pronunciada por Carmen Polo junto a una chimenea encendida la mañana en que su esposo llevaba apenas horas muerto, captura, mejor que cualquier documento histórico, la verdadera naturaleza de la mujer que durante 40 años gobernó en la sombra el destino de España. No era una frase de dolor, no era una frase de duelo, era una frase de poder de una mujer que en el momento en que todo su mundo se derrumbaba, lo primero que pensó fue en quién la iba a sustituir y en si esa persona estaba o no a la altura de lo que ella había

construido. Esta es la historia de Carmen Polo Martínez Valdés, marquesa de Meirás, condesa de Cornide, señora de El Pardo. mujer que nunca tuvo un cargo oficial en la historia de España, pero que según los historiadores serios que han estudiado el franquismo durante décadas, tomó más decisiones políticas que la mayoría de los ministros que pasaron por el gobierno de su esposo.

 la mujer que eligió ministros, que acumuló propiedades y joyas de un valor incalculable durante los años más duros de la posguerra española, que construyó una red de influencias que llegaba a todos los rincones del régimen y que cuando Francisco Franco falleció el 20 de noviembre de 1975, se negó durante semanas a abandonar el palacio de El Pardo, la residencia oficial del jefe del Estado español, porque consideraba, según los testimonios cercanos, que ese palacio le pertenecía a ella tanto como a España.

24 de junio de 1900, Oviedo, Asturias. En una casa burguesa del centro de la ciudad de Oviedo, en el norte de España, nace una niña que recibe el nombre de María del Carmen Polo y Martínez Valdés. Su padre, Felipe Polo Flores, es un funcionario de la administración del Estado, hombre de costumbres austeras y de convicciones católicas muy profundas.

Su madre, Ramona Martínez Valdés, pertenece a una familia de la pequeña burguesía asturiana, culta y devota. Carmen es la segunda de tres hijos y desde los primeros años de su vida destaca por dos rasgos de carácter que definirán toda su existencia. una inteligencia práctica extraordinaria y una voluntad de hierro que sus profesoras del Colegio de las Damas Apostólicas de Oviedo describirán en sus informes anuales, según relataría décadas después una de sus compañeras de clase en sus propias memorias como una

firmeza de carácter impropia de su edad. Hay un detalle de la infancia de Carmen Polo, que pocas biografías cuentan con la precisión necesaria. A los 12 años, en el colegio de las damas apostólicas, la niña Carmen Polo organizó entre sus compañeras de clase lo que ella llamó una sociedad de estudio.

 La sociedad consistía en que cada semana una alumna diferente preparaba una lección sobre un tema libre y la explicaba ante el resto del grupo. La propia Carmen Polo, según relataría décadas después su compañera de clase en sus memorias publicadas en 1980, eligió como tema de su primera lección la historia de Isabel la Católica. Y según la compañera, lo que sorprendió a todas las niñas del grupo no fue que Carmen Polo conociera tan bien la historia de la reina, sino la forma en que la explicó.

No habló de Isabel la Católica como de una figura histórica lejana. habló de ella como de una mujer que había tomado decisiones concretas, que había manejado a los hombres que la rodeaban con una inteligencia superior a la de ellos, que había construido un reino con la misma frialdad con que un arquitecto construye un edificio.

La compañera recordaría décadas después que al terminar aquella explicación, la maestra de las damas apostólicas se había quedado en silencio durante varios segundos antes de decir, “Carmen, cuando seas mayor, o serás una mujer muy poderosa o serás monja.” Y Carmen Polo, con 12 años respondió sin dudar, “Seré las dos cosas, madre.

” Y la clase entera rió sin saber que aquella niña asturiana de 12 años acababa de describir con exactitud el personaje que iba a construir durante los siguientes 70 años de su vida. La familia Polo se trasladó a Oviedo a vivir de forma más estable cuando Carmen tenía 14 años y fue en los salones de la Sociedad Burguesa Asturiana de aquellos años, donde Carmen Polo, con 15 años conoció por primera vez al hombre que iba a cambiar el destino de su vida.

 Era un joven oficial del ejército español destinado en Asturias, delgado, de estatura media, con ojos muy vivos y una seriedad que contrastaba con la jovialidad habitual de los otros oficiales jóvenes que frecuentaban los mismos círculos sociales. Se llamaba Francisco Franco Baamonde y tenía 22 años.

 Hay un detalle particular del primer encuentro entre Carmen Polo y Francisco Franco, que pocas biografías narran con la profundidad que merece. Según el testimonio filtrado por una prima lejana de Carmen Polo en una entrevista publicada en una revista española en 1985, la primera vez que Francisco Franco intentó bailar con Carmen Polo en un salón de la burguesía obetense, ella lo rechazó.

 no lo rechazó con descortesía, sino con la amabilidad distante de una joven bien educada que no encuentra al pretendiente suficientemente interesante. Franco, según la prima, no se desanimó, al contrario, a partir de ese rechazo inicial, comenzó una campaña de cortejo que duraría varios años y que, según los historiadores del franquismo, fue la primera demostración documentada de la perseverancia obsesiva que definiría después la carrera militar y política de Francisco Franco.

 la convicción absoluta de que cualquier objetivo, si se persigue con suficiente constancia, termina cediendo. El padre de Carmen Polo, Felipe Polo, se opuso al noviazgo de su hija con el joven oficial durante varios años. Sus razones eran prácticas y comprensibles para la mentalidad burguesa de la época.

 Franco era un militar de familia modesta, sin fortuna personal, con un padre que había abandonado a la familia para vivir con otra mujer, con un porvenir económico incierto que dependía de los caprichos de una carrera militar en tiempos revueltos. No era, según el criterio del señor Polo, el partido adecuado para una hija de la burguesía asturiana.

 Pero Carmen Polo, según los testimonios de la época, no discutía con su padre sobre el asunto, simplemente continuaba viendo a Franco con la discreción suficiente para no provocar una confrontación abierta, esperando con una paciencia que sus biógrafos describen como característica absoluta de su carácter el momento en que las circunstancias le dieran la razón.

 Y las circunstancias le dieron la razón de una forma que nadie en la burguesía obetense de 1923 habría podido prever. Francisco Franco ascendió en la carrera militar con una velocidad que no tenía precedentes en el ejército español de la época. Sus campañas en el protectorado de Marruecos durante los años 20 lo convirtieron en el oficial más joven de Europa en alcancer el rango de general de brigada.

 A los 33 años, Francisco Franco era ya una figura nacional, el héroe militar más admirado de España. Y Felipe Polo, el burgués asturiano, que había rechazado al joven oficial por Modesto, tuvo que reconocer que su hija había elegido mejor de lo que él había calculado. 22 de octubre de 1923. Oviedo, Asturias. En la iglesia de San Juan el Real de Oviedo, Carmen Polo Martínez Valdés, con 23 años contrajo matrimonio con el general Francisco Franco Bamonde con 31 años.

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