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Las canciones de Chalino Sánchez ocultaban un ALGO tan OSCURO que nadie SABÍA

 No [música] había disquera, no había distribución, no había nada del sistema formal, había boca a boca. Había alguien que le daba el cassette a otro que se lo daba a otro en un rancho de Arizona, que se lo mandaba a un primo en Culiacán. Y las canciones [música] fueron llegando a más oídos de los que nadie esperaba.

 ¿Por qué funcionó de [música] esa manera? Porque la gente que vivía esas vidas escuchaba esas canciones [música] y sentía que alguien finalmente estaba hablando en su idioma. Los migrantes sinaloenses [música] en California vivían entre dos mundos que no los querían del todo. México los había empujado a irse por falta de opciones.

 Estados Unidos no los reconocía como suyos legalmente. Y en ese espacio intermedio, ese no lugar donde se pasa la vida de millones de personas, las canciones de Chalino eran de ellos. Hablaban de su tierra, de su gente, de los códigos que conocían desde que eran niños y que en California seguían rigiendo aunque el paisaje fuera diferente.

 Pero hay una capa más en lo que Chalino hacía, [música] que se habló muy poco en los años de su fama y que se habla todavía ahora. una capa que está ahí visible en las letras de sus canciones y que, para quien la entiende, cambia completamente la manera de escucharlo. Sus canciones tenían un contenido que cuando lo lees con atención revela algo sobre la vida que llevaba y sobre el mundo que habitaba, que va mucho más allá de la imagen del cantante de narcocorridos.

 Chalino Sánchez no solo cantaba sobre otros, se cantaba a sí mismo. Y lo que ponía en esas letras sobre su propia existencia [música] era una mezcla de orgullo, de fatalismo y de algo que se parece mucho a la consciencia de que todo eso tenía fecha de caducidad. Hay corridos de chalino donde habla de hombres que viven bien sabiendo que van a morir jóvenes, donde la valentía y la muerte están tan cerca a la una de la otra que ya no se distinguen bien, donde el personaje del corrido no tiene miedo de lo que viene porque ya tomó [música] las decisiones

que tomó y esas decisiones llevan a lugares conocidos. Eso en la [música] tradición del corrido norteño no era nuevo, pero en Charlino tenía un peso específico porque quien lo cantaba no estaba interpretando [música] un personaje. Era alguien que conocía ese mundo desde adentro, que había tomado decisiones como las que describía, que cargaba con los muertos [música] que sus canciones mencionaban.

Hubo personas cercanas a él que dijeron después de su muerte que Chalino sabía lo que le esperaba, que había comentarios en conversaciones privadas sobre que era cuestión de tiempo, que el mundo en que se movía tenía reglas muy [música] claras y que él las conocía mejor que nadie, que a veces bromeaba al respecto de esa manera que usan los hombres para hablar de cosas que de otra forma no se pueden decir.

 Para entender eso, hay que entender qué pasaba exactamente en el mercado musical donde Chalino se fue haciendo conocido. Los corridos sobre narcotraficantes existían en México [música] desde los años 70. Grupos como los Tigres del Norte los habían llevado a la radio y a las disqueras grandes, pero había [música] una diferencia enorme entre los corridos que sonaban en la radio comercial y los que circulaban en [música] cassettes dentro de la comunidad.

Chalino Sánchez - Wikipedia

 Los de radio estaban filtrados, moderados, diseñados para sonar en cualquier lugar, sin comprometer a nadie. Los que Chalino hacía tenían otro nivel de detalle. Mencionaban a personas reales del mundo del [música] tráfico de drogas por sus nombres o sus apodos. Describían eventos que habían ocurrido de verdad. Servían como registro documental de algo que existía, pero que no aparecía en los periódicos, porque los periódicos que lo cubrían pagaban un precio muy [música] alto por hacerlo.

 Eso tenía un valor enorme para la gente que encargaba esas canciones [música] y tenía un riesgo enorme para quien las cantaba. Porque cuando cantas [música] el nombre de alguien poderoso en un corrido, estableces una relación. Esa persona puede considerarse honrada por la canción o puede considerar que eres alguien que sabe demasiado y que habla demasiado y que hay que silenciar.

 La línea entre esas dos interpretaciones la decide el poderoso, no el cantante. Chalino navegó esa tensión durante años. Hay testimonios de personas que lo acompañaron en esa época que hablan de cómo llegaban los encargos para sus corridos, como a veces el pago venía acompañado de expectativas implícitas que iban más allá de la canción misma.

Como ciertas personas que querían corridos hechos por él, no eran el tipo de [música] personas a las que puedes decirle que no, sin que eso tenga consecuencias. Como Chalino entendía [música] esas dinámicas perfectamente y las manejaba con una inteligencia práctica que venía de haber crecido en ese ambiente.

 Y él los hacía, los cantaba, los grababa en cassetes que circulaban por Los Ángeles, por Culiacán, por Tijuana, por todas las redes de la comunidad sinaloense en los dos lados de la frontera. El momento en que Chalino Sánchez cruzó de ser un fenómeno underground a ser una figura pública de primera magnitud, fue el 20 de enero de 1992.

Estaba tocando en el salón Bugambilias de Couchela, California. Un hombre se subió al escenario con una pistola y le disparó. Chalino tenía la suya, devolvió el disparo. Hubo heridos en el salón, gente corriendo, el pánico que genera [música] un tiroteo en un lugar cerrado lleno de gente.

 El hombre que disparó cayó y Chalino siguió de pie. Eso en cualquier otro contexto hubiera terminado la carrera de un artista o lo hubiera llevado [música] preso durante años en el mundo donde Chalino operaba, en la comunidad [música] que lo escuchaba. lo convirtió en leyenda de una noche para la otra. La historia se corrió [música] de inmediato.

 El cantante que le devuelve el disparo en el escenario y sigue parado. Las grabaciones de esa noche circularon. La gente que ya lo escuchaba lo vio de otra manera y la [música] gente que no lo conocía empezó a buscarlo activamente. Los cassetts se agotaban antes de que llegaran a los puestos. Las peticiones [música] para tocadas llegaban de todos lados.

 Y Chalino Sánchez, [música] el hombre del rancho en Sinaloa, que había cruzado la frontera huyendo de lo que hizo a los 16 años, se convirtió en el artista más demandado del circuito de la música regional mexicana en California. Pero con la fama llegaron también otras cosas que son más difíciles de nombrar.

 El mundo del que cantaba se acercó más. Las personas sobre las que escribía corridos [música] estaban cada vez más presentes en su vida cotidiana. Las invitaciones atocadas en México, en lugares controlados por grupos que él conocía bien, empezaron a llegar con más frecuencia y con más peso. Y Chalino aceptaba porque era el trabajo, porque el dinero era real, porque en ese mundo rechazar ciertas invitaciones tiene sus propios costos, que pueden ser más caros que aceptarlas.

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