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KEVIN MIER: El DURO CALVARIO que SOPORTO para GANAR la DECIMA

Cuando el fichaje se anunció, las reacciones fueron las que siempre acompañan a una decisión que nadie anticipaba. Dudas, preguntas, el escepticismo razonable que genera cualquier movimiento que rompe una tendencia de casi tres décadas. ¿Por qué un colombiano? ¿Por qué alguien tan joven para una posición tan determinante? La respuesta llegó en los primeros entrenamientos y después en los primeros partidos, porque lo que Cruz Azul incorporó no fue solo un portero con buenas estadísticas de Colombia.

Incorporó a un portero con una manera de entender la posición que en la Liga MX no era común ver en ese momento. Kevin Mier salía del área. Kevin Mier jugaba con los pies de una manera que le permite al equipo construir  desde atrás como si tuviera un defensa adicional.

Kevin Mier lee el juego antes de que llegue el peligro y toma decisiones que otros porteros toman después de que el delantero ya eligió el ángulo. Pero esa manera de jugar, traer consigo, estar en el borde de la cornisa en todo momento y es lo que le sucedería más adelante. Es estilo moderno, que en el fútbol europeo se había convertido en el estándar del portero contemporáneo, pero que en la Liga MX todavía generaba debate sobre si era un recurso o un riesgo, se instaló en el arco de Cruz Azul desde los primeros meses de Kevin Meer con una naturalidad que sus

compañeros y su cuerpo técnico reconocieron de inmediato. En sus primeras actuaciones en el arco cementero, produjo el efecto que cualquier portero de jerarquía real produce cuando llega a un club que llevaba tiempo buscando estabilidad en esa posición. Los defensas juegan diferente cuando confían en quien está detrás.

El bloque defensivo se acomoda de otra manera. Y Cruz Azul, que en los torneos anteriores había tenido una inestabilidad en el arco que generaba ansiedad en los partidos importantes, encontró en Kevin Mierra algo que ninguna cantidad de dinero puede comprar si el jugador no lo trae desde adentro. Seguridad, liderazgo, presencia, por lo menos en esos primeros partidos.

48 partidos con la camiseta cementera, 23 porterías en cero, 42 goles recibidos. Estadísticas que lo pusieron en la conversación de los mejores porteros de toda la liga y no solo en la conversación local, porque los rumores de interés del Bayern Munich, que en el fútbol mexicano siempre hay que tomar con la distancia que merece cualquier rumor, llegaron.

Y llegaron porque algo que Kevin Mierre estaba haciendo en México estaba siendo observado desde Europa con más atención de la que generalmente se presta a los porteros de la Liga MX. Pero mientras en México Kevin Mier crecía como figura y como referencia defensiva del equipo cementero, en Colombia la relación con la selección nacional no estaba siendo sencilla.

No había convocatorias regulares, había silencio de la federación que para un portero de su nivel y su rendimiento no tenía explicación deportiva evidente. Y entonces empezaron a circular las versiones. Periodistas colombianos hablaron de presiones de empresarios, de un supuesto conflicto relacionado con la representación del jugador, de que a Kevin Mier le habrían pedido cambiar de representante y que él se había negado, de que esa negativa tenía consecuencias en su situación con la selección.

Versiones que Kevin nunca confirmó con detalles, pero que tampoco fueron desmentidas con contundencia por las partes involucradas. Lo que sí es claro es que el portero, que en México era considerado uno de los mejores de la liga, no recibía las convocatorias que su rendimiento hubiera justificado desde cualquier análisis estrictamente deportivo.

Y eso para un jugador que a los 24 años debería estar en el mejor momento de su relación con la selección de su país era un costo que se pagaba en silencio, pero que se sentía. El riesgo como firma. Hay porteros que construyen su carrera sobre la seguridad, que leen bien el juego, que se colocan correctamente, que reducen los ángulos antes de que el delantero dispare, que hacen lo correcto la mayor parte del tiempo y por eso cometen pocos errores.

Son porteros valiosos. Son porteros que los técnicos aprecian porque no los hacen sufrir. Kevin Mier no es ese tipo de portero. Kevin Miero de portero que en cada partido te da dos o tres momentos en que la tribuna contiene la respiración porque acaba de salir del área cuando quizás no debería. O acaba de controlar el balón con el pecho a 10 m del arco con un delantero rival mirándolo de frente o acaba de intentar gambetear a alguien que no debería gambetear porque si la pelota se le va el gol es prácticamente inevitable. Es

el tipo de portero que genera periodistas que escriben titulares con frases como Cada partido de Kevin Mierrocardiograma que genera debate en los programas deportivos sobre si su estilo es una virtud o un vicio disfrazado de virtud que genera comentarios en las redes sociales que Vandel es el mejor portero de la liga al es un problema para Cruz Azul dependiendo del partido que se acaba de ver.

Ese contraste no es exageración mediática, es real. Y lo Kevin Mier, con toda su calidad, con todo su criterio para leer el juego, también tiene partidos en que la apuesta arriesgada termina mal, muy mal. Y el fútbol no perdona los errores del portero de la misma manera en que perdona los errores de un mediocampista o de un lateral.

Los errores del portero terminan en el marcador y los marcadores se quedan en la memoria de la afición mucho más tiempo del que a cualquier portero le gustaría. Los errores y momentos que lo marcaron. La semifinal del Clausura 2025 contra el América es el error que más circuló en redes, el que más veces se compartió, más veces se analizó, más veces se usó como argumento en los debates sobre si Kevin Mier portero que Cruz Azul necesitaba para ganar algo importante.

La jugada fue la que siempre define a los porteros de su estilo cuando las cosas salen mal. Intenta controlar con la mano un balón que parecía no tener ningún tipo de complicación cerca de la línea final. lo pierde, la presión del rival alcanza, el contacto termina siendo penal y el América, que en esa semifinal necesitaba exactamente ese tipo de error, lo aprovechó.

Cruz Azul quedó eliminado, no fue el único. En el partido contra Atlas de la Apertura 2025, Kevin Mier protagonizó dos errores en el mismo juego que terminaron en goles rivales. El primero, una pérdida de balón ante el mudo Aguirre que la tribuna del Estadio Jalisco celebró antes de que el portero pudiera reaccionar. El segundo, un rebote flojo tras un disparo que el jugador de Atlas recogió con una facilidad que dolió más que la propia anotación.

El partido terminó 3 a tr y el nombre de Kevin Mier fue trending tapic por razones que a ningún portero le gustaría generar. Pero el golpe más duro no fue dentro de una cancha, fue en noviembre del 2025. El partido contra Pumas en el Estadio Azteca, la entrada de Adalberto Carrasquilla, una fractura de tibia en la pierna derecha que en el momento en que ocurrió hizo que el estadio guardara silencio de la manera que guarda silencio cuando el fútbol deja de ser juego y se convierte en algo más serio. Kevin Mier salió en camilla.

Cirugía, meses de recuperación. La continuidad interrumpida en el peor momento, cuando el club  todavía tenía objetivos importantes y cuando el portero apenas empezaba a recuperar la confianza que los errores anteriores habían erosionado. La lesión no fue solo un golpe físico, fue un golpe a todo el proceso.

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